Seis aristas de la crisis ceutí que traerán cola
Por María Dolores García García — Portada

Directora adjunta
Seis aristas de la crisis ceutí que traerán cola
Sin permiso
13/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Hay crisis políticas que se las lleva el verano. La de Ceuta, en cambio, presenta aristas que van a traer cola de aquí al final de la legislatura. Pedro Sánchez calibró mal al inicio las consecuencias del asalto y, ya con el pie cambiado, no está logrando opacar este foco. Al contrario, la crisis adquiere nuevas ramificaciones. Vamos a detenernos en algunas:
Giro en inmigración
Cuando se trata de inmigración, hay que tener en cuenta que las percepciones han cambiado. Para los 80.000 ceutíes, es muy difícil convivir con la irrupción de unas 10.000 personas más a las que hay que cubrir en sus necesidades básicas. Para el resto de españoles, no existe la misma receptividad que siguió a la entrada de ucranianos que huían de la guerra, por ejemplo. Ni los votantes del PSOE ven igual las imágenes de Ceuta que las redadas del ICE de Trump. Habría que ver si el propio Sánchez se ofrecería ahora a acoger a los migrantes del Aquarius. Por cierto, entonces hasta la Galicia de Alberto Núñez Feijóo les abrió sus puertas. Son otros tiempos.
Ineficacia
El Gobierno está evidenciando falta de eficacia. En los primeros días, en la Moncloa creyeron que las devoluciones en caliente reducirían al mínimo el impacto. Pero pronto se vio que las cifras policiales y de las oenegés no coincidían. En el Ejecutivo se quejan de la falta de información (tanto del CNI como de las fuerzas de seguridad) y de palos en las ruedas por parte del presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, del PP, pero eso no libra al Ejecutivo de asumir su responsabilidad. A estas alturas, es probable que Sánchez se arrepienta de no haber tomado el control de la ciudad. Quizá deba evaluar si aún está a tiempo si no quiere que se instale una sensación de inoperancia, impotencia y desgaste gubernamental.
La calle y el engaño
La estrategia del PP se resume en una frase: “Sánchez lo sabía y no actuó”. Los populares equiparan este caso al 11-M al calificarlo como “mentira de Estado”. Han asumido esa comparación el socialista Emiliano García-Page, y el portavoz de ERC, Gabriel Rufián. Los populares, además, deslizan que el presidente es rehén de Marruecos porque su teléfono fue espiado en 2022. No se sabe quién atacó el móvil ni qué obtuvo, pero sí que se cometió con el programa Pegasus, empresa de capital israelí y estadounidense. Marruecos es ahora un aliado de esos dos países, así que resulta extraño que Sánchez no quiera enemistarse con Rabat por ese motivo y sí con Netanyahu o Trump. Es más sencillo convenir que si el presidente busca preservar la relación con Marruecos para impedir que lo ocurrido se repita, incluso con mayor intensidad. Pero esa condescendencia hacia el país vecino no es compartida por la mayor parte de la población, que ve imposible que el régimen de Mohamed VI no se percatara del movimiento de 72.000 personas. Lo peor para un gobernante ante una crisis es que la inmensa mayoría de los ciudadanos no se crea sus explicaciones.

La diplomacia
De esta crisis se deriva un conflicto diplomático. Por ahora no con el Gobierno español, aunque una visita del Rey a Ceuta complicaría las relaciones. Pero sí con el PP. Feijóo lo ha apostado todo a una connivencia dolosa entre Marruecos y Sánchez, pero eso puede tener consecuencias si llega a la presidencia. El último comunicado de Rabat evidencia que el régimen ha tomado nota. Además, el PP ha respaldado la iniciativa de Vox en Castilla y León que reclama al Gobierno la ruptura del tratado de amistad con Marruecos y una revisión de las relaciones. Una votación similar en el Congreso serían palabras mayores.
Servicios secretos y transparencia
El enunciado parece un oxímoron. Todo empezó con Margarita Robles. La ministra de Defensa fue la primera en comparecer en el Congreso y dejó claro que el CNI avisó. El ministro del Interior le contradijo y el resto del Gobierno apoyó a Fernando Grande- Marlaska. La Moncloa decidió publicar los documentos sobre el asalto en los que se aprecia que el CNI avisó a la Guardia Civil de Ceuta y por wasap al jefe de gabinete del delegado del Gobierno. Un aviso sobre un asalto masivo, sin concretar el volumen salvo una referencia a los 180.000 seguidores de los grupos que promovían la entrada en las redes. Tras la desclasificación y, al ver que las acusaciones al Gobierno arreciaban, Robles accedió a publicar una nota en la que admitía que lo ocurrido “fue un fenómeno de una magnitud que no era previsible”. Por lo general, los gobiernos controlan a las Fuerzas de Seguridad y a los servicios secretos, pero aquí hay una brecha, incluso una pugna constante. El choque con el CNI no es menor. Los servicios de espionaje ya fueron cuestionados por no haber encontrado las urnas en Catalunya y no están dispuestos a asumir un nuevo fiasco. Conclusión: un Gobierno alejado de sus servicios secretos.
Y, al final, los jueces
El choque entre la cúpula judicial y el Ejecutivo está al rojo vivo y ahora se añade Ceuta. La jueza de la Audiencia Nacional María Tardón ha abierto una investigación a partir de la denuncia de un partido de extrema derecha, Iustitia Europa, para averiguar si se produjo un “ataque híbrido” de Marruecos. No existe un tipo penal que responda al concepto de “ataque híbrido”, así que habrá que concretar quién lo ordenó y ejecutó, algo difícil. Pero la causa puede ampliarse a la responsabilidad del Gobierno si se evidencia que disponía de información para prevenir la avalancha. La jueza tendrá que llamar a declarar al CNI y veremos hasta dónde escala una responsabilidad del Ejecutivo por una supuesta negligencia nada menos que en la defensa de su soberanía e integridad territorial. La guinda a la legislatura.

Lola García
Directora adjunta
Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter ‘Política’, que se publica cada jueves, y de los libros ‘El naufragio’ y ‘El muro’, sobre el conflicto catalán
Mostrar comentarios
Fonte: Portada