Por Maria Teresa Sesé Monclus — Portada

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Nunca un salto al vacío habrá provocado tantos sueños de evasión como el de Yves Klein en 1960. El joven artista tenía 32 años y le quedaban solo dos de vida. Desde lo que parece el segundo piso de un edificio de apartamentos, el gran bromista se lanza vestido con traje y corbata, los brazos extendidos, el torso apuntando el cielo y una expresión de absorta confianza en poder volar. Por supuesto, la imagen era un montaje. Klein saltó efectivamente desde la ventana de un suburbio parisino, pero se habría precipitado contra la acera de no ser porque un poco más abajo le esperaban con una lona sus amigos judocas. El propio Klein era cinturón negro 4º dan de yudo y en sus dos estancias en Madrid, en 1951 y en 1954, se ganó la vida gracias a las artes marciales. La primera dando clases en un club de Recoletos; la segunda, ya convertido en deportista de élite tras obtener el título en una prestigiosa escuela de Tokio, como entrenador de la Federación Española de Judo.

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Fonte: Portada

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