Rusowsky, Maria Arnal y Guitarricadelafuente cierran el Festival B exhibiendo vitalidad

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Por Redacción La VanguardiaPortada

Contenido solo para suscriptores Rusowsky, Maria Arnal y Guitarricadelafuente cierran el Festival B exhibiendo la vitalidad y diversidad del nuevo pop

El cierre del encuentro musical en el Fòrum confirma el auge de una escena sin un sonido común

Guitarricadelafuente en el Festival B

Guitarricadelafuente en el Festival B

Clara Orozco

Redacción La Vanguardia

Jaime Casas

Barcelona

20/09/2026 12:36 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Cuando en los mentideros de la música alternativa de los noventa, antes de que el indie terminara convertido por la industria en una etiqueta cada vez más amplia, se repetía con cierta soberbia aquello de que “si tienes que preguntar dónde está el underground, nunca lo encontrarás” -parafraseando una máxima habitualmente atribuida a Louis Armstrong para explicar qué era el jazz-, se defendía menos un género que una forma de pertenencia: estar dentro antes de que alguien tuviera que explicarte cómo entrar. El Festival B lleva años reivindicándose como el lugar donde tomar el pulso a la cara alternativa de la escena musical y este fin de semana volvió a convertir el Parc del Fòrum en escaparate de propuestas que están alterando el pop contemporáneo.

Más de 35.000 personas pasaron por el festival durante sus tres jornadas, aunque el sábado estuvo lejos de transmitir sensación de aglomeración. Varios conciertos registraron una entrada discreta y esa holgura hizo más cómoda la experiencia. También permitió observar mejor la particularidad de una generación difícil de etiquetar: músicos que comparten productores y amigos, se pasan canciones y, cuanto más se influyen, menos parecen obligados a parecerse.

Rusowsky frente al público del Festival B
Rusowsky frente al público del Festival B Mariam Jiménez

Rusowsky fue quien reunió más público y expectación y, si la comparación entre propuestas tan distintas tiene algún sentido, firmó uno de los conciertos de la jornada. Sin duda fue el que mejor sonó. El viento marino que hacía agradable el tránsito por el Fòrum jugó en contra del escenario de las gradas, donde por momentos se llevaba las voces y desdibujaba la mezcla; Rusowsky contó con un sonido que permitió apreciar el detalle. Como en un juego de identidades, apareció multiplicado, con banda al completo -todos disfrazados de Rusowsky- y un coro femenino cuyas integrantes iban ataviadas también como trasuntos del propio artista. El resultado dio cuerpo a canciones que viven precisamente de juntar cosas que, sobre el papel, no deberían encajar.

ALTAGAMA apareció dos veces, primero acústica y después en su forma urbana, con esa voz queda que Rusowsky hace correr sobre ritmos atropellados. Brujita confirmó una de las aficiones del público del B: tararear incluso aquello que parecía destinado al dormitorio. En 99% pareció emular por momentos a Kendrick Lamar y añadió piruetas y saltos que terminaron de encender a la audiencia. 4 DAISY se acercó al universo caribeño del grupo Aventura, con sus cuitas románticas, menos melosas que otros pasajes en los que asomaba sin complejos cierta memoria sentimental del Corazón partío de Alejandro Sanz. El tramo final fue una verbena latina apabullante con malibU Dolores, hecha al alimón con Ralphie Choo. VALENTINO recuperó después la colaboración con mori y el espíritu comunitario del colectivo de referencia de esta escena: Rusia-IDK.

Una imagen de la actuación de Maria Arnal en el Festival B
Una imagen de la actuación de Maria Arnal en el Festival B Mariam Jiménez

Con menos concurrencia de la esperada, Maria Arnal elevó la calidad artística de la jornada y del festival. Vestida con un atuendo de geometrías de aire Bauhaus y acompañada por la programación de Pau Riutort, de Extraperlo, desplegó un directo más elaborado que buena parte del cartel. Hubo cánones vocales y polifonías, mientras los movimientos coreográficos daban continuidad escénica a las canciones. En Espejo introdujo, con desigual fortuna, I’ll Be Your Mirror, de The Velvet Underground, “una de mis canciones favoritas, de Lou Reed”, explicó. AMA volvió a situar en el centro a Alicia, su prima fallecida, cuya ausencia articula emocionalmente el disco. En el pasaje bautizado como TED TALK se sentó al órgano para presentar un tema inédito. Arnal consiguió que un trabajo atravesado por el duelo y la experimentación desembocara en música popular: cuando llegó Tic Tac, hasta la conciencia del tiempo y de la pérdida podía bailarse.

Guitarricadelafuente tuvo el problema contrario: el público estaba de su parte; el sonido, no siempre. Full Time Papi empezó con un mar de teléfonos en alto, esas pequeñas pantallas que a veces parecen decidir por el público qué instante merece ser recordado antes incluso de que suceda. Álvaro Lafuente es un animal escénico. Se contorsiona, avanza hacia las primeras filas y vuelve a replegarse sobre la canción, siempre entendido y celebrado por quienes tiene delante. El concierto ganó cuando el montaje dejó respirar las guitarras. Caballito alcanzó uno de sus momentos más intensos y Agua y mezcal confirmó que los pasajes de acento flamenco, más desnudos, podían resultar también los más directos. Port PelegríGuantanamera y el cierre con Tramuntana BABIECA! mostraron hasta dónde ha ensanchado su idea del folclore. Ahí cabe una playa de Barcelona o la vieja discoteca zaragozana donde se conocieron sus padres; también la vida nocturna que atraviesa el excelente Spanish Leather, su último trabajo.

El resto del cartel fue dejando pistas de esa misma libertad que propone la escena a la que da espacio el Festival B. Ángeles Toledano no esquivó la pureza flamenca, aunque sí cierta solemnidad asociada a lo jondo. La Plazuela puso la dosis festiva, como unos Triana de abolengo gitano pasados por un bajo funk y, al final, rozando la verbena makinera. El esperado pablopablo, colaborador de Guitarricadelafuente, sufrió también el sonido irregular del escenario de las gradas, por donde pasaron unos siempre reivindicables Cupido.

Rebe añadió su particular misterio, con una estética que parecía escapada de las páginas de la Super Pop de finales de los ochenta. A horas intempestivas, Sanguijuelas del Guadiana hicieron del gracejo una virtud de muchos quilates, con un rock de pueblo que conoce la rumba y tampoco le hace ascos al autotune.

Y precisamente en esa sucesión de propuestas tan próximas entre sí y tan difíciles de confundir estaba una de las claves del Festival B. Desde fuera empieza a parecer una escena; desde dentro, sus protagonistas siguen empeñados en sonar cada uno a su manera. Comparten referencias, trabajan juntos y acaban dejándose huella, pero esa cercanía no produce uniformidad. Ocurre más bien lo contrario: cuanto más se influyen, más reconocible parece volverse cada uno.

Hace años el underground presumía de que había que saber dónde buscarlo. El Festival B mostró otra forma de pertenencia. Una generación que comparte escena, pero no sonido; que se escucha mucho entre sí y utiliza esa influencia para parecerse cada vez menos.

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