Rubio viaja al eje andino conservador para arrinconar la influencia de China
Por David Dusster Sánchez — Portada
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El nuevo orden mundial
El secretario de Estado visita a los nuevos aliados en Colombia, Ecuador y Perú para mejorar la cooperación contra el narcotráfico y arrancar acuerdos comerciales estratégicos

De la Espriella abraza en Rubia en la ceremonia de firma de acuerdos el martes en Barranquilla
Fernando Vergara / Ap-LaPresse

Barcelona
10/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Mientras Donald Trump está intentando insuflar aire al partido republicano en Dallas, su secretario de Estado, Marco Rubio, está realizando una gira de tres días por Colombia, Ecuador y Perú, tres socios del nuevo eje andino ultraconservador de Sudamérica, al que también habría que añadir a Chile, Argentina, y, en menor medida, a Bolivia.
El objetivo explicitado del viaje de Rubio es reforzar los vínculos políticos y en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, pero en el fondo subyace la obsesión de Estados Unidos por empezar a contrarrestar la presencia económica de China en Sudamérica. Ya lo dejó claro Trump en el discurso inaugural de su segundo mandato y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, fue taxativo al decir que “la influencia china no puede controlar nuestro patio trasero”.
Pero ese reto no está resultando fácil para la administración Trump. Washington ha logrado establecer su hegemonía política en la región en menos de dos años tras asegurarse el control del canal de Panamá, tras haber detenido a Nicolás Maduro y puesto bajo su custodia a Venezuela, y tras siete victorias electorales conservadoras en el hemisferio. Pero incluso sus líderes más fieles, como el argentino Milei o el salvadoreño Bukele -la nueva biblioteca de San Salvador y el flamante estadio nacional llevan el sello chino- no son capaces de renunciar al socio comercial que EE.UU. desea aislar.
Por eso Rubio llegó a Colombia este martes, para empezar a desplegar la versión económica de la doctrina Donroe. El recién elegido presidente, Abelardo de la Espriella, recibió con honores a Rubio en Barranquilla, la ciudad caribeña que ahora utiliza como sede alterna de gobierno. De la Espriella y Rubio firmaron los llamados Acuerdos de Barranquilla, en los que Estados Unidos se compromete a ayudar en la reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto del 10 de agosto, en el que murieron 331 personas, y en cooperar para combatir el “narcoterrorismo”, lo que supone, de hecho, que Colombia reanudará las operaciones de fumigación de cultivos de coca, entre otras medidas.

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El ultraderechista De la Espriella habló ante Rubio de una “nueva época dorada” de relaciones entre Estados Unidos y Colombia y de su voluntad de convertirse en el principal aliado de Trump en la región. Sus buenos deseos, de momento, no le han servido para ablandar a la Casa Blanca y revisar los aranceles del 12,5% que le ha impuesto Washington.
A cambio de este apoyo, EE.UU. se garantiza poder intervenir en el desarrollo de la energía nuclear de uso civil y de participar en el procesamiento de minerales críticos y tierras raras, cuyo acceso quiere limitar a China. Eso se conseguirá gracias a la firma de dos memorandos entre Washington y Bogotá, que coincide con el hallazgo de un yacimiento de tungsteno en la región de Caldas.
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Tras visitar Colombia, Rubio se dirigió este miércoles a Ecuador, un socio político consolidado, pero pese a esa relación especial, el presidente Daniel Noboa estuvo la semana pasada en China en busca de inversiones y, tras entrevistarse con el mandatario Xi Jinping, logro arrancar inversiones en energía solar y sistemas de inteligencia artificial para luchar contra el fenómeno de El Niño.
El aterrizaje del secretario de Estado en Quito fue precedido de una operación militar que destruyó un barco ecuatoriano en el Pacífico, el sexto en menos de dos semanas. El Comando Sur de EE.UU. detuvo a la tripulación del pesquero Don Rufo y hundió la embarcación por ser, presuntamente, una estación de suministro de combustible de Los Choneros, el clan ecuatoriano de narcotráfico con vínculos con el Cártel de Sinaloa mexicano y al que Trump ha declarado organización terrorista recientemnte.
Los tripulantes han negado las acusaciones. En la última semana las autoridades judiciales ecuatorianas han dejado en libertad a 60 personas de otras embarcaciones que corrieron la misma suerte que el Don Rufo y de las que no se han podido probar los cargos de asociación ilícita.

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Marco Rubio ha formalizado en Quito el apoyo de militar de Estados Unidos, que ha enviado dos aeronaves MV-22B Osprey, el ‘convertiplano’, una mezcla de helicóptero con avión de turbohélices para penetrar en lugares de difícil accesos y que Washington utilizó para el secuestro de Maduro en Caracas el pasado enero.
Antes de dar la bienvenida a Rubio este jueves en Lima, Keiko Fujimori ya oficializó la entrada de Perú en el Escudo de las Américas y la Coalición contra los Cárteles de las Américas, el ente creado para luchar contra el “narcoterrorismo” en todo el continente. Fujimori espera ayuda urgente para mejorar la seguridad interna en Perú. De momento, la presidenta conservadora ha solicitado al parlamento peruano poderes especiales para realizar reformas en seguridad y cárceles, además de decretar el estado de emergencia en Lima y la provincia del Callao durante 60 días para hacer frente a la criminalidad.
Perú es el país con mayor influencia de China en la región, sobre todo en sectores estratégicos como los puertos comerciales y la minería. Fujimori tiene pendiente el desafío de luchar contra la creciente minería ilegal y solicitará la ayuda de Estados Unidos para conseguirlo.
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Antes de empezar la gira, Marco Rubio se había despachado a gusto con una columna publicada en diversos diarios de Colombia, Ecuador y Perú, en la que acusada a China: “los proyectos respaldados por el Partido Comunista Chino pasan por alto los marcos legales de Perú y amenazan la transparencia y la seguridad de los datos”, escribió entre otras críticas. La embajada de China en Perú firmó una protesta pública en la que recordó que el hemisferio occidental no es el patio trasero de nadie. Pero Rubio ya ha dejado claras las intenciones de Estados Unidos. Con la influencia política no basta. Hay que arrinconar los negocios de China en América Latina.

David Dusster
Periodista, reportero y viajero. Redactor jefe de Narrativas Visuales de ‘La Vanguardia’. Profesor asociado del máster de periodismo BCN-NY de la UB. Premio Unicef (2001), Premi del Consell de Benestar Social (2002) y Premio Tiflos (2010)
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