Robar arte es de idiotas
Por Maria Teresa Sesé Monclus — Portada
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En una autobiografía en la que explicaba cómo logró infiltrarse en los círculos más sórdidos del hampa para rescatar tesoros robados en todo el mundo, el agente del FBI Robert K. Wittman, fundador del departamento de delitos contra el arte, relató la experiencia que había acumulado a lo largo de veinte años persiguiendo ladrones. Una misión trepidante, y peligrosa: las operaciones implicaban maletines repletos de dinero y reuniones de madrugada en habitaciones de hotel con delincuentes que no habrían dudado ni un segundo en pegarle un tiro de haber descubierto que en realidad no era el oscuro coleccionista sin escrúpulos o el autentificador a sueldo de un grupo de mafiosos por los que se hacía pasar. Pero llegó vivo a la jubilación y no solo obtuvo los frutos esperados (salvó de las sombras obras de Rembrant, Goya, Rodin… por valor de cientos de millones de euros), sino que atesoró información valiosísima de un oficio clandestino, el de ladrón de arte. Entre aventura y aventura, deslizaba una serie de consejos útiles a los aspirantes a atracadores de museos. El primero y más relevante: que robar obras maestras de fama mundial es una tarea de imbéciles porque, una vez en su poder, es prácticamente imposible venderlas. “Los ladrones son muy buenos robando, pero pésimos hombres de negocios”, sostenía.
Fonte: Portada