Resuelto el misterio sobre un esqueleto hallado hace 150 años en la Abadía de Westminster
Por David Ruiz Marull — Portada
Descubierta la identidad de un misterioso esqueleto hallado hace 150 años en un sarcófago romano de la Abadía de Westminster
Arqueología
Los investigadores creen que los restos pertenecen al monje Aelfwig, que llegó a ser abad y murió en el 1020

Interior del sarcófago hallado en Westminster tras retirar los escombros y la suciedad superficial sobre los huesos
Strephon Duckering / Pre-Construct Archaeology Ltd.

Barcelona
21/10/2026 12:33 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
El origen del misterio se remonta a 1869. El mismo año en que se inauguró el Canal de Suez, se publicó la tabla periódica de Mendeléyev o nació Mahatma Gandhi, en los terrenos de la Abadía de Westminster (Inglaterra) se encontró un sarcófago con un misterioso esqueleto en su interior.
El ataúd de piedra caliza era de época romana. Incluso llevaba una inscripción dedicada a Valerius Amandinus, un acaudalado ciudadano de Britania que vivió en Londinium (actual Londres) entre los años 300 y 400 después de Cristo. Sin embargo, en la tapa había esculpida una cruz latina que data del siglo X u XI.
Un monje medieval de alto rango
Ese detalle sugería que los restos humanos hallados en su interior podrían pertenecer a alguien que falleció muchos siglos después. En los últimos 150 años, aun así, la identidad de esa persona ha sido todo un misterio. Ahora por fin parece que los restos han sido identificados.
El profesor Warwick Rodwell, arqueólogo asesor de la Abadía de Westminster, ha realizado un nuevo análisis a los huesos y, según explica en un artículo publicado en la revista Journal of the British Archaeological Association, el esqueleto pertenece a un monje medieval de alto rango llamado Aelfwig.

Este fraile benedictino, que incluso alcanzó el rango de abad en Westminster, falleció alrededor del año 1020. Otra posibilidad que se ha tenido en cuenta es la de Wulnoth, el sucesor de Aelfwig, quien murió en 1049 y, al igual que su predecesor, se cree que fue enterrado en la Abadía.
“Contábamos con dos candidatos viables para identificar quien ocupó el sarcófago”, afirma Rodwell. “Desconocemos la fecha de nacimiento de ambos. Pero cualquiera de los dos encajaría bien, suponiendo que el abad tenía poco más de veinte años cuando fue nombrado para el cargo y cerca de cincuenta cuando falleció”, añade.
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“Que Aelfwig ya fuera monje en Westminster inclinaría la balanza a su favor”, señala el investigador. Otro indicio que sugiere que el esqueleto perteneció a un abad reside en el hecho de que el ocupante fue “honrado” con un “magnífico sarcófago”. Su ataúd de madera fue colocado dentro del sepulcro de piedra, en lo que constituiría un ejemplo temprano de reutilización.
Según el profesor Rodwell, la tapa fue posteriormente tallada de nuevo para incluir una gran cruz. El experto ha contado con la ayuda del equipo del programa Time Team, de Channel 4, que en 2009 examinó la sacristía original del rey Enrique III, situada en el lado norte de la Abadía.

Fue precisamente en esta zona del complejo donde, en 1820, unos obreros desenterraron accidentalmente el sarcófago, rompiendo la tapa en seis fragmentos. Los daños fueron reparados cuando, más tarde, en 1869, el sarcófago romano fue “descubierto” oficialmente.
Los actuales análisis incluyeron el estudio de los restos óseos hallados en el ataúd. El trabajo recayó en el especialista James Young Langthorne, de Pre-Construct Archaeology, quien determinó que el fallecido tenía entre 35 y 49 años y una estatura de aproximadamente 1,75 metros.

Esta conclusión difiere de una evaluación realizada en el siglo XIX, la cual sugería que se trataba de un “hombre joven y robusto”, de unos 1,70 metros de altura y no más de 30 años. La datación por radiocarbono situó las evidencias entre los años 987 y 1052 después de Cristo.
“Esto confirma que la reutilización del sarcófago, junto con la remodelación de su cubierta, tuvo lugar a finales del periodo sajón”, afirma Warwick Rodwell. Durante unos años, además, se creyó que el esqueleto se había perdido, pero esa hipótesis se descartó en 2016, cuando el ataúd de piedra, que actualmente se expone en las Queen’s Diamond Jubilee Galleries, fue enviado a un taller de restauración.

Al levantar la tapa, los investigadores descubrieron que los huesos humanos estaban casi completos. Fue entonces cuando se detectó el contorno de una estructura rectangular, delimitada por un residuo blanquecino dejado por la cal, una sustancia utilizada tradicionalmente en los enterramientos.
“Aunque no quedaron rastros físicos de dicho elemento, solo puede haberse tratado de un ataúd de madera, el cual se descompuso por completo a lo largo de los siete siglos que el sarcófago permaneció enterrado en el patio de la sacristía”, concluye el profesor Rodwell.

David Ruiz Marull
Periodista
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