¿Por qué acabaron estos lujosos carros celtas bajo una turbera? Dinamarca conserva un misterio ligado a los textos de Tácito
Por Héctor Farrés — eldiario.es – eldiario.es

Vehículos celtas – Dos vehículos hallados en Jutlandia presentan rasgos celtas, reparaciones danesas y posibles orígenes europeos, mientras las investigaciones discrepan sobre su fabricación y posterior depósito ceremonial
Una reparación hecha con hierro de pantano danés aporta una de las pocas pruebas que vinculan los carros de Dejbjerg con Jutlandia dentro de una historia llena de viajes posibles. Uno de los aros de las ruedas recibió ese metal, según el Museo Nacional de Dinamarca, aunque la institución atribuye la fabricación probable de los vehículos a artesanos celtas de Europa central. La pieza arreglada en Jutlandia no resuelve su procedencia, pero sí demuestra que al menos una intervención ocurrió allí.
Una aldea danesa pudo albergar artesanos celtas
Los dos carros de cuatro ruedas recuperados en la turbera de Præstegårdsmose, en el oeste de Jutlandia, siguen enfrentando interpretaciones sobre su fabricación, uso y depósito. Per Ole Schovsbo, exdirector de museo y especialista en estos vehículos, propone que fueron construidos hacia 50 a. C. y acabaron en el humedal unos 150 años después, cuando ya habían envejecido durante generaciones.
La hipótesis de Schovsbo lleva la fabricación a una aldea de la Edad del Hierro próxima a Hedegård, en el centro de Jutlandia, donde habrían nacido al menos otros cuatro ejemplares. La necrópolis local proporcionó armas celtas, importaciones romanas y útiles para trabajar madera y metal parecidos a los documentados en Hradiště, cerca de Stradonice, en Bohemia. El investigador contempla con cautela que artesanos celtas desplazados se instalaran entre las élites jutlandesas y construyeran allí vehículos de prestigio.
Más de 10.000 fragmentos permitieron recuperar los carros
Otras instituciones dibujan rutas distintas para esos carros, cuya procedencia continúa abierta pese a décadas de estudio y comparaciones técnicas. La Enciclopedia Britannica apunta a un taller celta del sur de Alemania o del noreste de Francia, mientras el Museo Histórico de Vendsyssel sitúa la fabricación en el sureste europeo entre 300 a. C. y 100 d. C. Los paneles de Præstegårdsmose añaden que los materiales y la construcción estaban mejor adaptados a clima seco y vías empedradas que a las pistas danesas.
Miles de fragmentos permitieron reconstruir un vehículo
El nivel técnico ayuda a explicar por qué el origen de los vehículos ha generado tantas propuestas desde que aparecieron sus restos. Un ejemplar completo reunía cerca de cien piezas de madera, más de 300 herrajes de hierro y bronce y una cantidad semejante de clavos ornamentales, según los estudios resumidos por Schovsbo en Kuml en 2007. Para reconstruir el carro expuesto en el Museo Nacional hubo que ordenar más de 10.000 fragmentos procedentes de ambos hallazgos, de modo que la pieza actual reúne componentes de los dos.
El destino de estos vehículos tampoco fue uniforme dentro de Dinamarca, donde se conocen seis ejemplares casi idénticos y un séptimo apareció en Trompgård en 2017. Los de Langå y Kraghede terminaron en tumbas ricas, mientras Fredbjerg y Dankirke fueron despiezados poco después del cambio de era. En Dejbjerg, en cambio, los carros fueron desmontados antes de entrar en la turbera, con los aros de hierro retirados y doblados en un espacio cercado con ramas cerca de un paso por el humedal.
Las diferencias debilitan la asociación con Nerthus
La antigua explicación religiosa miró durante décadas hacia el capítulo 40 de Germania, donde Tácito describe el culto a Nerthus y un carro consagrado que era lavado en un lago apartado. Dos diferencias complican esa asociación, porque el vehículo de la diosa era arrastrado por vacas y el hierro permanecía guardado durante el ritual, mientras los carros de Dejbjerg estaban concebidos para caballos y llevaban abundantes piezas de ese metal. Schovsbo prefiere relacionarlos con otro pasaje de Tácito sobre caballos blancos que tiraban de un carro sagrado ante un sacerdote y un gobernante.
Præstegårdsmose ofrece un contexto ritual mucho más antiguo que los propios vehículos, pues hachas de sílex, dagas y vasijas muestran depósitos de ofrendas durante más de 4.000 años. Schovsbo interpreta los carros como objetos de una élite que había abandonado su antiguo valor político y los entregó en una única ceremonia cuando ya eran viejos.
Hoy la turbera es terreno agrícola y dos postes señalan los puntos de los hallazgos de 1881 y 1883, mientras siguen sin conocerse la identidad de las personas que realizaron el depósito ni la razón exacta de elegir aquel lugar.
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