Plantó una sola viña en su pueblo natal y hoy tiene la bodega más pequeña del mundo

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Por Elena HorrilloPortada

Plantó una sola viña en su pueblo natal por hobby y hoy tiene la bodega más pequeña del mundo: “Mi vino era muy malo; hoy no somos campeones en cantidad, pero sí en calidad”

CLUB DE VINOS

El fundador de Les Acàcies analiza los cambios que afronta el sector del mundo del vino, los nuevos consumidores y el futuro de la viticultura

Vendimia en Celler Les Acàcies.

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Cedida

Elena Horrillo

15/09/2026 06:46 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

La historia de Mario Monrós, fundador de Celler Les Acàcies, no es la habitual en el mundo del vino. No viene de una larga estirpe de tradición vinícola, aunque sí creció rodeado de viñas en su Avinyó natal, y quizás por eso menciona más la viabilidad económica de su proyecto que la recuperación de variedades autóctonas o el respeto por los modos tradicionales de hacer vino. Reconoce que llegó a este sector como afición, pero reivindica su buen hacer en la que, admite, quizás ya no sea la bodega más pequeña del mundo, como reza su lema, pero desde luego es una en que la calidad manda por encima de la cantidad.

Su perfil de consultor le permite una privilegiada mirada sobre la situación del sector ante los problemas por la caída de la demanda, los cambios en el consumo y la dificultad para atraer al público joven. También aportar su particular visión sobre una manera de hacer vinos, con identidad, capaces de contar de dónde vienen sin perder de vista la libertad para experimentar y acercarse a los deseos del público. Algo que puede parecer a primera vista contradictorio, pero que Monrós lleva años poniendo en marcha.

¿Cómo llega al mundo del vino y por qué le interesa?

La historia es muy sencilla y quizá un poco atípica. Yo entro porque estoy vinculado con el pueblo de Avinyó, nací allí, toda mi familia es de allí. Avinyó había sido un pueblo de bodegas; yo de pequeñito iba por los campos y me acuerdo que había muchísimas viñas. Al cabo de unos años me planteé devolver un poco la viña al municipio. Yo tenía una finca y ya era aficionado al vino, así que dije: “Voy a plantar una viña para hacer vino yo mismo, como una afición”.

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¿Y qué sucedió?

Pues en un pequeño suelo planté unas cepas y empecé a hacer vino. Me lo hacía todo yo, compré maquinaria, la ubiqué donde antes había una cuadra de caballos pequeñita, y empecé a hacer. Como el vino era muy malo, me piqué y quise progresar; entonces ya me hice ayudar por un enólogo. La producción iba creciendo un poco más, y llegó un momento en que pensé: “Vamos a ver, yo soy empresario, busco siempre un sentido, un criterio empresarial”. Entonces pensé que fuera un proyecto mucho más serio, me empeñé y salió así.

En ese momento se estaba transformando el mundo del vino…

Yo no quería vinos muy alcohólicos, vinos muy clásicos, con mucha madera. Y dije: “Me lo planteo como un reto; voy a hacer vinos basados en variedades autóctonas que confieren carácter a la zona. Voy a ser un exponente más de este tipo de vino, quiero hacer uno de los mejores vinos”. Dijimos: “Como empezamos de cero, vamos a proponernos territorio y vinos que sean actuales y a partir de ahí, empieza toda la aventura con gente joven muy motivada y muy especializada”. En 10 años hemos pasado de una hectárea y media a darle dimensión para que tuviera un escalado y tuviéramos una cierta potencia.

No he querido hacer un proyecto grande, muy dimensionado, porque ya vemos lo que está pasando en el mundo del vino: el consumo cae

Mario Monrós

Les Acàcies

Presumís de ser la bodega más pequeña del mundo.

No he querido hacer un proyecto grande, muy dimensionado, porque ya vemos lo que está pasando en el mundo del vino: el consumo cae, las grandes estructuras se están tambaleando, yo tengo otros negocios y sé lo que es todo esto. Ya no es tan pequeñita; aunque mantenemos el eslogan de la bodega más pequeña del mundo, es un truco de marketing, pero también reto a que me enseñen una más pequeña. Sacamos partido de cada metro cuadrado que tenemos de una manera bastante, yo diría, original y divertida. También es un poco el espíritu que queremos darle; no ser campeones en cantidad, sino en calidad.

¿Qué parte de su personalidad está en sus vinos?

El vino evidentemente es carácter y es pasión. Yo soy una persona que tiene carácter y soy un apasionado de todo aquello en lo que me involucro. El vino también es algo que aglutina, no es para solitarios, y yo soy una persona a la que le gusta comunicarse; me gusta el componente social que tiene el vino, conecto con ambientes muy diversos: el mundo de la ciudad, de la empresa, de mi pueblo natal, etc.

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¿Cómo recuerda ese momento en el que se da cuenta de que puede hacer buenos vinos, que puede ser algo más que un hobby?

Bueno, yo me involucro y para mí las cosas no son pasatiempos. Hay quien hace pan en su casa y hay quien planta un huerto y es feliz con el huerto. Yo he viajado toda mi vida y allá donde vas, si te gusta el vino, siempre te llama la atención y preguntas por el vino del lugar; todo eso ha ido alimentando mi interés por el asunto. Entonces, como el vino es compartir, en encuentros con gente del valle, la misma gente del pueblo, gente de mi entorno, pues empezaban a probar y a degustar, y yo vi que algún vino tenía futuro, que el proyecto tenía futuro, que generaba interés. Y el tema ya de darle dimensión fue más un criterio de mi versión consultor.

Y esa parte de consultor, ¿cómo ve el futuro del mundo del vino?

Las bodegas son estructuras que hacen millones de litros y algunas centenares de miles de litros. Una bodega que haga centenares de miles, casi es una bodega mediana. Lo pasan francamente mal porque hay un exceso de oferta y la demanda está cayendo; pues imagine cómo está el sector. Están en un momento en que no saben muy bien cómo afrontar los problemas si no es repercutiendo en los precios.

El del vino es un futuro pendular: ahora baja y después se estabilizará; y sobrevivirá el que tenga capacidad para resistir y un proyecto entre manos

Mario Monrós

Les Acàcies

¿Tan difícil lo tienen las bodegas?

Para una bodega es muy difícil reducir dimensión. Es muy difícil también reducir costes porque hay unos inmovilizados financieros tremendos y también es muy complicado hoy día invertir. Es un futuro que es como la ley del péndulo; ahora baja y después tenderá a estabilizarse. Y, como todo en la vida, el que tenga capacidad para resistir y sobre todo tenga un proyecto sobrevivirá. Por eso creo que nosotros, que somos pequeños y estamos, como quien dice, empezando, estamos avanzando. Estamos duplicando respecto al año anterior, pero porque estamos iniciando el camino de la distribución. Lo importante es que parece que estamos conectando con el mercado y la crítica también nos es favorable.

¿Cómo se conecta con el mercado hoy en día, cuando el consumo baja y es tan difícil acercarse a los jóvenes?

A la gente joven le cuesta mucho adoptar el vino como bebida en momentos de ocio. Entonces, ¿cómo hacerlo con nuevas propuestas? Vinos no tan alcohólicos, vinos que se puedan tomar como una copa, no solamente en una cena cara, vinos que sean una alternativa a tomarse una cerveza, que llena la barriga, deshace momentáneamente la sed, pero no puedes estar con una copa el doble de tiempo que con una cerveza con tres veces más de contenido. Hay que hacer un marketing inteligente en este sentido, que el vino no es tan malo como lo pintan y ni tan de gente mayor y no tiene por qué ser caro. Esto es lo que quizá deberíamos hacer y yo veo que en el marketing se sigue poniendo el acento muchas veces en los muchos meses en barrica, los muchos grados y quizá no va por ahí.

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¿Cómo deberían las bodegas poner en valor esa tradición con la conexión con los nuevos consumos y con la gente joven?

A veces es un mensaje contradictorio porque si tú haces vinos clásicos con mucho grado y encima centenares de miles de litros, es muy complicado hacer un marketing simplemente para llamar la atención y disfrazar un poco este concepto. Yo creo que hay que ser honesto y la gente es más inteligente de lo que a veces parece. Es un trabajo de transformación que hay que hacer muy honesto y muy serio desde las denominaciones de origen, que también están para esto: unificar mensajes, propuestas y defender intereses comunes. Esto afecta a todo el sector y nadie puede hacer la guerra por su cuenta.

Si pudiera volver atrás y darse a sí mismo un consejo cuando empezó, ¿cuál sería?

Que hay que tomarse su tiempo para todo. En el mundo del vino las cosas van despacio y uno no se puede precipitar.

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