No fue el primer beso
Por Mari Carmen Del Riego De Lucas — Portada

No fue el primer beso
Con perspectiva
19/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
No fue el primer beso, pero este tenía un mensaje especial. Pedro Sánchez le quería dar las gracias a su mujer por aguantar lo que ha tenido que aguantar por su culpa. Y lo que le queda. Aún deberá ser juzgada por un tribunal con jurado, donde la imparcialidad de sus miembros, aun con la mejor de las voluntades, quedará en entredicho por su adscripción política. Ese beso, el sábado, en el Centro de Arte Tomás y Valiente de Fuenlabrada, una localidad de la periferia de Madrid, fue todo un símbolo de lo que se puede sufrir en política. El día anterior, al referirse a la dimisión de la portavoz del PSOE, Montse Mínguez, Sánchez había dicho que “la política maltrata, a veces, a personas buenas”.

Es verdad, la política es cruel muchas veces. En realidad, lo es siempre, aunque uno solo se da cuenta de ello cuando le afecta a él. Montse Mínguez puede ser una buena persona, pero en política se exige más, coherencia, y no lo es decir en un debate sobre vivienda “vamos a ser claros, caretas fuera. Porque aquí de lo que se trata es de fondos buitre o de familias, de la especulación o de apoyar a la mayoría social”, y que tu pareja se dedique al negocio inmobiliario en una empresa que cuenta con al menos 30 pisos y ha ido a los tribunales para ejecutar desahucios. Es decir, lo que tú misma has definido como fondo buitre. Legal, pero falta coherencia.
En el PSOE hay euforia con la posibilidad de ganar. No solo de formar gobierno
En el caso de la esposa de Sánchez, los tribunales dirán si hubo o no algo ilegal, yo modestamente creo que no, aunque desde el punto de vista ético no parece muy adecuado que la esposa del presidente haga negocios desde la presidencia del Gobierno. Así que un beso y un te quiero merecidos, pero eso ni aporta ni quita a la causa judicial. Lo mejor para Begoña Gómez, desde el punto de vista jurídico, sería que su marido perdiera las elecciones, porque quienes la juzgarán no tendrían la presión política que hay ahora.
Pero también sería injusto. Por eso, y por aguantar –Begoña Gómez no puede dimitir de nada–, Pedro Sánchez le dedicó ese beso, que no es el primero. Hace 11 años, en la campaña electoral del 2015, en la puesta de largo de su candidatura en el Teatro Circo Price de Madrid, el entonces secretario general del PSOE también subió al escenario a su mujer, vestida igualmente de rojo, y la besó. Entonces, más que el beso, se habló de la enorme bandera de España con la que el entonces candidato acompañó su presentación. Era uno de los puntos álgidos del procés , después de la celebración de la primera consulta independentista y antes del referéndum del 1-O.

Se comentó mucho entonces, como ahora, la puesta en escena del aspirante a la presidencia del Gobierno, que no consiguió entonces, en el 2015, su propósito. Hubo comparaciones con Barack y Michelle Obama y se habló de cómo se introducía en la política española elementos propios de la sociedad americana, que valoraba, y mucho, la imagen de familia o matrimonio feliz.
Eran otros tiempos, y ahora el desahogo de Sánchez puede ser leído como un plebiscito sobre su mujer: los tribunales pueden condenarla, pero el pueblo la absuelve, o al revés. Queda tiempo para saberlo, los meses que faltan para el juicio, que muchos sitúan en el segundo semestre del 2027. Para entonces los españoles habrán hablado y puesto o quitado presidente. En el PSOE hay euforia con la posibilidad de ganar. No solo de formar gobierno, aunque las encuestas, menos la del CIS, digan lo contrario. Como si fuera una consigna, sea quien sea el dirigente socialista con el que hables, se muestra optimista sobre el resultado electoral. ¿Táctica electoral o convencimiento? Con la situación del PSOE por los casos de corrupción que le afectan y el panorama en la izquierda a su izquierda con el espectáculo dado con las candidaturas, no parece que haya muchos datos para el optimismo. Pero eso las urnas lo dirán.

Carmen del Riego
Licenciada en Ciencias de la Información, rama de Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, y licenciada en Derecho y en Ciencias Políticas y de la Administración por la UOC. Formó parte de la redacción de ‘La Vanguardia’ entre 1992 y 2024, siempre en la sección de Política, donde se encargó del Parlamento y del PP, además de las informaciones de los Ministerios de Defensa y de Exteriores. Antes de incorporarse a ‘La Vanguardia’ trabajó durante siete años en la Agencia Europa Press, así como en ‘Diario16’ y el periódico ‘El Sol’, al que perteneció hasta su desaparición en 1992. Cuenta con varios premios de Periodismo como el Luis Carandell (2014), que otorga el Senado; el Josefina Carabias que concede el Congreso (2022) y el Premio del Ministerio De defensa de Periodismo Escrito (2016) por su reportaje, publicado en ‘La Vanguardia’ “La salvación se llama Canarias”
Etiquetas
Mostrar comentarios
Fonte: Portada