Nigeria gobierna el mundo y Londres desapareció bajo el mar: el nuevo mundo según Ian McEwan
Por Carmen López — eldiario.es – Cultura

El escritor británico presenta su nueva novela ‘Lo que podemos saber’, ubicada en el año 2019, ante los medios: “Mantener el optimismo es nuestra tarea principal”
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Pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, a día de hoy, es sinónimo de poca amplitud de miras como poco. Solo con reconocer los avances médicos que permiten curar enfermedades que antes eran una sentencia de muerte o el acceso a toda la información que permite internet, serviría para echar por tierra cualquier intento de manipulación ideológica. Otra cosa es que la sociedad actual esté demasiado cerca de cargarse el planeta que habita y entonces sea lógico afirmar que, antes del gran desastre del que los expertos alertan, la existencia sí que era más grata. Pero ¿cómo será vivir dentro de cien años, si es que se puede? ¿Cómo nos juzgarán esas generaciones tan posteriores? Esa es una de las cuestiones que el escritor Ian McEwan plantea en su última novela Lo que podemos saber, que la editorial Anagrama acaba de publicar traducida al castellano por Eduardo Iriarte y al catalán por Ariadna Pous Solà con el título Què podem saber.
El protagonista de este nuevo libro es Thomas Metcalfe, un académico de humanidades que vive en el año 2119. Múltiples catástrofes sucedidas en el siglo anterior han reestructurado la geografía de la Tierra y también el orden mundial. Nigeria es una gran potencia y Reino Unido se ha convertido en un archipiélago de pequeñas islas, mientras que ciudades como Londres, Nueva York o Lagos desaparecieron bajo el mar. Tsunamis, pandemias, migraciones masivas, ataques nucleares, enfrentamientos bélicos y otros desastres han menguado la población terrestre de nueve mil millones a cuatro mil millones de personas. Pero incluso después de todas las chapuzas mortales de sus antepasados, la humanidad continúa en el planeta, la cotidianidad vuelve ser plácida y la naturaleza se ha regenerado.
Metcalfe indaga en el pasado de finales del siglo XX y mediados del XXI para recomponer lo que sucedió con el poema Una corona para Vivien, que el venerado poeta Francis Blundy escribió para su mujer como regalo de cumpleaños. Lo recitó en 2014 ante los invitados de la que se conoce como Segunda Cena Inmortal (la primera se celebró en 1817 con otros grandes nombres de la literatura como John Keats o Charles Lamb como asistentes). La homenajeada guardó esa única copia del escrito, que nunca se llegó a publicar y cuyo contenido fue objeto de pesquisas durante años. El investigador consulta en todos los documentos que se salvaron del desastre, desde diarios hasta mensajes de texto, para recomponer lo que pasó en aquella velada y dar con el poema. Pero esa ingente cantidad de información a su alcance no facilita su tarea.
McWeav donó todos los correos electrónicos que escribió entre 1996 y 2013 a una biblioteca de Texas y no siente ningún temor por lo que alguien pueda encontrar: “Nunca he escrito nada significativo en un email y aún menos en un mensaje de texto”
Ian McEwan ha comentado en una rueda de prensa concedida por videoconferencia a medios de España y América Latina que considera que la comunicación online ha hecho más difícil recomponer una biografía: “Tenemos más perspectiva en las cartas de Napoleón, que escribía 3.000 palabras al día o en las de Charles Darwin, que la que podrán obtener el futuro con nuestras contribuciones a comunicaciones por internet”. No cree que las personas comuniquen online pensamientos realmente íntimos. De hecho, él donó todos los correos electrónicos que escribió entre 1996 y 2013 a una biblioteca de Texas y no siente ningún temor por lo que alguien pueda encontrar: “Nunca he escrito nada significativo en un email y aún menos en un mensaje de texto”.
Sin optimismo no hay progreso
Los alumnos de Metcalfe consideran, lógicamente, que aquella sociedad de principios del siglo XXI estaba integrada por idiotas que acabaron con todo lo que tenían, aunque a él le fascina e intenta transmitirlo. Pero los jóvenes estudiantes no desean escuchar batallas del pasado sino centrarse en el presente. El propio escritor se reconoce en ese comportamiento y recuerda que, cuando tenía veinte años, veía absurdas las aspiraciones de sus padres: “Querían una nevera nueva, televisión en color, cortar el césped los domingos y limpiar el coche nuevo. Buscaban la normalidad y me llevó un tiempo entender por qué”. La respuesta es que esa generación anterior a la suya había estado “a las puertas del infierno” y ni él ni sus coetáneos no eran capaces de verlo desde su privilegio. “También entendí que en los jóvenes, a veces, hay un sentimiento de supervivencia en el empeño de no quedar atrapados en el pasado de sus padres”, ha remarcado.

Una parte de la atracción del protagonista por ese tiempo pasado es que fue, según su perspectiva, más excitante que la normalidad del siglo XXII. Los seres humanos han aprendido de los errores de sus antepasados y en ahí es donde se filtra el ligero optimismo que el escritor tiene acerca de lo que está por venir, aunque ha reconocido que: “seguramente necesitaremos una catástrofe o dos para que nuestra mente realmente se centre”. Para él, lo más peligroso del momento es el pesimismo colectivo que impide pensar en un mundo mejor y, por lo tanto, luchar por él. “El inmunólogo Peter Medawar dijo que abandonar la esperanza del progreso es como la última etapa de nuestro espíritu y yo estoy de acuerdo con él. Mantener el optimismo es nuestra tarea principal, es lo que le debemos al futuro, a las personas que nunca vamos a conocer”, ha manifestado.
Tengo la sensación que ya tengo suficientes elementos en mi cabeza para googlear dentro de mi mente. Mis propios pensamientos me parecen multitudinarios
Ian McEwan
— Escritor
Asimismo, ha subrayado el riesgo de lo que ha llamado ‘alzheimer colectivo’, que puede hacer que la humanidad se vuelva a meter en guerras mundiales, aupar dictaduras o probar bombas nucleares, entre otras posibilidades. “Se dice que la historia no se repite exactamente, sino que rima. Es decir, nos encontramos en situaciones que son como paralelas en ciertos aspectos del pasado”, ha declarado. Le preocupa que la historia ya no sea una asignatura central en el programa educativo del Reino Unido, no tanto porque los estudiantes no memoricen fechas de acontecimientos históricos, sino porque la falta de esa enseñanza haga que no sean capaces de pensar desde una perspectiva histórica, lo que considera “algo esencial”.
Mala persona, mejor escritor
Una de las principales labores de su protagonista es la documentación, un trabajo que a sus 78 años él ha dejado de realizar antes de ponerse a escribir una nueva novela. “Tengo la sensación que ya tengo suficientes elementos en mi cabeza para googlear dentro de mi mente. Mis propios pensamientos me parecen multitudinarios”, ha expresado con un ligero toque de guasa. Cree que uno de los problemas que ha traído internet, pese a todos sus beneficios, ha sido la pérdida del gusto por la soledad que permite dejar que la imaginación se desarrolle sin cortapisas. “Yo ando mucho por la montaña, muchas veces solo. Y cuando doy un paseo largo, empieza a generarse una historia en mi mente”, ha explicado y ha añadido que ese afán por evitar el pensamiento se debe a que “estamos pasando por unos tiempos extraños y ansiosos”.
Su novela tiene dos líneas temporales: la del presente de Metcalfe en 2119 y la del poeta Francis Blundy en 2014. Aunque durante mucho tiempo los seguidores del literato y los aficionados a la especulación creyeron que los versos criticaban el cambio climático y a quienes lo provocaban lo cierto es que, según el investigador, Blundy tenía más de negacionista que de ecologista. Por la reconstrucción de los hechos que hace el investigador, que tira de imaginación ‘probable’, un rato antes de recitar su trabajo a su mujer y sus invitados, el autor habría lanzado una perorata sobre la falsedad de los peligros del calentamiento global. Pero nadie le dijo nada porque todos sabían que esa batalla estaba perdida de antemano.
Algunos de los escritores que amamos, poetas o novelistas, no siempre son personas maravillosas. Algunos son verdaderos granujas y hay personas realmente malas que escriben una poesía maravillosa
Ian McEwan
— Escritor
Según McEwan, detrás de esta novela está la idea de que “algunos de los escritores que amamos, poetas o novelistas, no siempre son personas maravillosas. Algunos son verdaderos granujas y hay personas realmente malas que escriben una poesía maravillosa”. Cada cierto tiempo se descubre que algún autor venerado tenía comportamientos deleznables o se revisa obras para ‘limpiarlas’ de elementos incómodos en la actualidad, como sucedió en 2023 con Roald Dahl, pero el escritor británico cree que “a veces hay que convivir con esa dificultad”. Así, ha señalado el antisemitismo de Dostoievski, el sexismo o el desprecio de clase de casi cualquier escritor del siglo XIX o las simpatía por el nazismo de Céline: “Ese es el dilema, y es uno de los placeres de la literatura: puede venir de personas bastante malas”.
Fonte: eldiario.es – Cultura