Miles de rusos huyen antes de que el ejército pueda reclutarlos

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Guerra en Europa

Putin prepara una gran oleada de movilizaciones forzosas para alimentar el frente en Ucrania

Cadetes de la Academia Técnica Marina Almirante Senyavin participan en una ceremonia de iniciación de cadetes en Kronstadt, base naval rusa en el golfo de Finlandia el 2 de octubre 

Cadetes de la Academia Técnica Marina Almirante Senyavin participan en una ceremonia de iniciación de cadetes en Kronstadt, base naval rusa en el golfo de Finlandia el 2 de octubre 

OLGA MALTSEVA / AFP

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15/10/2026 06:00 Actualizado 15/10/2026 06:15 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

El 18 de septiembre Dimitri, un moscovita de 35 años que trabaja en publicidad, emitió su voto en las falsas elecciones parlamentarias de Rusia. Escribió la palabra “criminal” en su papeleta, la introdujo en la urna y se dirigió directamente al aeropuerto, donde tomó un vuelo con destino a Estambul. Fue uno de los miles que han abandonado el país en las últimas semanas, temiendo que el “procedimiento electoral especial”, como algunos rusos han empezado a llamar a sus elecciones, allanara el camino a una nueva oleada de movilización militar.

Cuando Vladímir Putin declaró una movilización parcial en septiembre del 2022, seis meses después de invadir Ucrania, 400.000 hombres rusos huyeron del país. Esta vez la gente se marcha incluso sin ningún anuncio, aunque en menor número. El 18 de agosto, 20.000 personas cruzaron la frontera terrestre entre Rusia y Georgia, unas tres veces más que el número habitual diario. Los funcionarios de aduanas rusos informaron de cifras similares en los días anteriores. En Armenia, otro país que permite la entrada de rusos sin necesidad de visado, la alta demanda de viviendas de alquiler ha hecho que los precios suban entre un 30% y un 50% desde la primavera. “No me fui solo por la movilización. Ya estaba harto de aguantar, de permanecer en ese ambiente”, dice Yuri, que trabajaba en una empresa turística en San Petersburgo.

Grigory Sverdlin, de Idite Lesom (Piérdete), una organización de voluntariado que ayuda a personas a evitar la movilización forzosa, afirma que el número de peticiones de ayuda que han recibido este otoño ha aumentado un 50% respecto a la primavera de este año. Anastasia Burakova, de Kovcheg (Arca), un grupo que ayuda a emigrar a rusos contrarios a la guerra, señala que las consultas se han multiplicado por ocho desde julio. En comparación con el 2022, “ahora vemos una oleada de emigración más pequeña, pero mejor preparada”, asegura.

Ucrania ha pronosticado una llamada a filas en Rusia de al menos 100.000 hombres, Francia la eleva a 300.000

Los rumores sobre una nueva ola de movilización llevan circulando meses. Las autoridades ucranianas han pronosticado una llamada a filas de al menos 100.000 hombres; el 24 de septiembre, Emmanuel Macron, presidente de Francia, situó la cifra en 300.000. Los propios blogueros militares rusos también lo ven probable. Oficialmente, el Kremlin asegura que no se está preparando nada parecido. “Eso es una tontería absoluta. Es un ataque informativo contra Rusia”, afirmó Putin poco antes de las elecciones del mes pasado.

Sin embargo, los rusos, curtidos por la experiencia, tienden a pensar que cuanto más insisten las autoridades en negar que planean algo desagradable, más probable es que ocurra. En el 2022, el Kremlin negó que se estuviera preparando una movilización apenas una semana antes de anunciarla. En cualquier caso, no hace falta una declaración oficial, ya que la orden anterior nunca se ha revocado.

El sistema administrativo se ha mejorado a lo largo de los años e incluye citaciones electrónicas y comunicación entre reclutadores y agentes fronterizos. Este verano hubo protestas en Penza, a 600 km al este de Moscú, después de que reclutadores vestidos de paisano detuvieran a personas en la calle. Para evitar más disturbios, es probable que la próxima oleada sea encubierta. Se podría forzar a alistarse a personas endeudadas, desempleadas o estudiantes con malos resultados. Algunos creen que ya ha comenzado. Un abogado militar afirma que se están recogiendo muestras de ADN de todos los reclusos de una prisión en Riazán para facilitar la identificación de sus cadáveres en el frente.

Anuncio publicitario que promociona el servicio militar por contrato y promete 5,2 millones de rublos (55.361 euros) el primer año 
Anuncio publicitario que promociona el servicio militar por contrato y promete 5,2 millones de rublos (55.361 euros) el primer año  ALEXANDER NEMENOV / AFP

Las cuotas de reclutamiento se están enviando a los gobernadores regionales y a los responsables de grandes empresas, que tendrán que asumir la responsabilidad de cualquier descontento, una práctica de “descentralización” que el Kremlin ya probó durante la pandemia de covid. Nikolai Mitrokhin, de la Universidad de Bremen, sociólogo y analista de la guerra, afirma que las regiones ricas, en la práctica, están comprando reclutas a las más pobres. La prima de alistamiento en la próspera región de Sverdlovsk es de 3,1 millones de rublos (unos 37.000 dólares), casi cuatro veces más que en la empobrecida Syktyvkar, cerca de los Urales. Los reclutas se desplazan desde las regiones más pobres para alistarse en las más ricas.

Los blogueros militares y los nacionalistas están impacientes. El 30 de julio, Rusich, un grupo ultranacionalista, pidió “la movilización de medio millón de hombres” para lograr los objetivos de guerra de Putin. Los analistas occidentales siempre han considerado que una nueva ola de movilización sería arriesgada y podría provocar protestas, como ocurrió en Penza. Sin embargo, en realidad la movilización puede ser útil para Putin, ya que le permite demostrar control sobre el sistema y reforzar su relato de sacrificio nacional, que se basa en comparar su guerra con la lucha histórica contra la Alemania nazi.

Existen cuestiones militares importantes que deben resolverse antes de enviar más hombres al frente. La primera es a quién movilizar. Los soldados más jóvenes, en mejor forma física y con mayor nivel educativo lograrían mucho más que los hombres mayores, pobres y desesperados que Rusia reclutó en campañas anteriores. Así lo han demostrado los soldados norcoreanos que han combatido por Rusia: los soldados ucranianos afirmaron que eran notablemente más tenaces y capaces que la infantería rusa. Pero los norcoreanos tuvieron primero que aprender a combatir en el nuevo tipo de guerra que se ha desarrollado en Ucrania. La segunda cuestión es cuánta formación y equipamiento recibirían los nuevos soldados rusos.

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Si Rusia trata a los soldados movilizados como carne de cañón, como ha hecho en el pasado, Putin obtendrá poco más que ataúdes. Pero si los nuevos reclutas alcanzan el nivel de los norcoreanos, los ucranianos tendrán más motivos para preocuparse. Una nueva hornada de tropas bien entrenadas podría marcar la diferencia en los combates en zonas urbanas, donde los drones son menos eficaces. Ucrania ha introducido recientemente tácticas innovadoras, como el uso de drones para desminado y ataques contra los refugios de los operadores de drones, lo que le ha permitido recuperar territorio en manos rusas. Si Rusia imita estas tácticas, la superioridad numérica podría volver a cobrar importancia. Las finas líneas de soldados apoyados con drones que Ucrania emplea para defender partes del frente podrían dejar de ser suficientes.

En estos momentos, el ejército ruso atrae principalmente a hombres poco cualificados y con escasas perspectivas de futuro, según señala Vladislav Inozemtsev, economista ruso. Resulta aún más atractivo para quienes apenas tienen ganas de vivir y desean dejar algo a sus familias. Los soldados cobran un sueldo poco impresionante de 200.000 rublos al mes, una cantidad de la que a menudo sus superiores se quedan con una parte. Ahora bien, existen primas de incorporación elevadas y una indemnización por fallecimiento de 15 millones de rublos para los familiares directos, más de diez veces el salario medio anual en Rusia. Para captar reclutas más interesados en sobrevivir, el Kremlin podría incrementar los pagos mensuales y reducir la indemnización por fallecimiento.

Dimitri no quiere formar parte de ese cálculo. Está buscando trabajo en Estambul y espera que su esposa y su hijo puedan reunirse con él cuando esté instalado. “Quiero vivir en Rusia, pero sin este tipo de riesgos”, afirma. “Cuesta creer que tu propio Estado pueda enviarte de repente a una muerte segura, pero ya lo hemos visto ocurrir.”

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