Más cucarachas, menos mosquitos: así altera el clima extremo a las plagas urbanas
Por Andrés Actis Fernández — Portada
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Insectos
El calor extremo de este verano atenta contra la supervivencia de los mosquitos, pero favorece la proliferación de las cucarachas, que sobreviven en los microclimas del subsuelo urbano y el alcantarillado

La cucaracha americana (Periplaneta americana), de color marrón rojizo y de grandes dimensiones, se adapta bien al calor extremo
iStock

26/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Durante años, la relación entre el cambio climático y los mosquitos se contó de forma lineal y sencilla: más calor, más mosquitos y durante más tiempo. Sin embargo, los nuevos estudios científicos, basados en un clima mucho más extremo del que se esperaba hace años atrás, matizan esta idea. Es más: el problema está siendo el contrario: las olas de calor son demasiado intensas para determinadas especies.
Esta es la advertencia que para España hace una investigación publicada recientemente en la revista Global Change Biology, liderada por un equipo de la Unidad de Entomología del Departamento de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Amberes, en Bélgica. El análisis ya tiene un respaldo empírico. La Asociación Catalana de Empresas de Salud Ambiental (Adepap) ha revelado un marcado descenso del mosquito tigre (Aedes albopictus). Un verano con temperaturas extremadamente altas y bajas precipitaciones en la mayor parte del territorio ha provocado una merma reproductiva.
Si las temperaturas se mantienen altas y aparecen lluvias, son muy probable nuevas eclosiones de mosquitos durante semanas
Andreu García
Asociación Catalana de Empresas de Salud Ambiental

Aunque el calor moderado favorece el desarrollo de los insectos -explican desde esta entidad-, las temperaturas extremas alcanzadas este año han superado el “umbral de actividad óptimo”, atentando contra la supervivencia de estos mosquitos. La falta de agua estancada -las escasas lluvias han impedido la formación de puntos de agua estables- ha sido el otro factor decisivo para una proliferación menor a la proyectada. “Los pocos recipientes que acumulaban agua se secaban en pocos días a causa de la fuerte evaporación, evitando que las larvas pudieran completar su ciclo vital”, explican desde Adepap.
No obstante, a pesar del balance favorable en el caso de los mosquitos durante el verano meteorológico (que se da por finalizado con el mes de agosto), la asociación pide no confiarse. “No se puede bajar la guardia, ya que si ahora que se ha terminado el verano meteorológico las temperaturas se mantienen altas y aparecen lluvias, es muy probable que podamos tener nuevas eclosiones de mosquitos y que su presencia se alargue durante semanas”, advierte Andreu Garcia, vicepresidente y portavoz.
¿Qué le pasa a un mosquito cuando el calor extremo no da tregua?
Los biólogos belgas estudiaron qué ocurre cuando tres mosquitos capaces de transmitir enfermedades —Culex pipiens, Aedes albopictus y Aedes aegypti— son sometidos a episodios prolongados de temperaturas extremas. Hicieron experimentos con larvas, adultos y huevos, sometiéndolos a olas de calor de entre 27 y 40 ºC durante cinco días y, posteriormente, utilizaron los límites térmicos obtenidos para proyectar su supervivencia en Europa hasta finales de siglo.
En las próximas décadas, grandes extensiones de la península ibérica podrían registrar temperaturas que superen los límites térmicos del mosquito común (Culex pipiens). Los autores proyectan que las zonas sometidas a un estrés térmico letal se extenderán progresivamente hacia el centro de Europa a medida que avance el calentamiento. Algunas regiones mediterráneas, aclaran los científicos, pueden seguir siendo “climáticamente favorables en términos de temperatura media para muchos mosquitos”, pero sufrir al mismo tiempo episodios extremos capaces de reducir la supervivencia.
El mosquito común es, de los tres estudiados, el que presenta menor tolerancia térmica. En los experimentos de ciclo completo, los investigadores sitúan su tolerancia aproximadamente hasta los 33 ºC, frente a unos 35 ºC para Aedes albopictus y 40 ºC para Aedes aegypti.
El mosquito tigre, ya establecido en buena parte del país, tiene una resistencia térmica mayor, aunque necesita de lluvias para proliferar. Lo mismo ocurre con el Aedes aegypti, que ofrece una paradoja todavía mayor. Es el más resistente al calor de los tres. Los escenarios estudiados no limitan su expansión por las temperaturas extremas. Pero eso no significa que pueda colonizar automáticamente España o el resto de la Europa continental. Los experimentos muestran que la baja humedad provoca una mortalidad elevada, hasta el punto de que los investigadores consideran que la aridez puede ser uno de “los principales obstáculos” para su establecimiento en el continente.
El verano de las cucarachas

El calentamiento global, alerta este estudio, está empezando a poner en movimiento el mapa de insectos y vectores. Algunas especies podrán aprovechar el nuevo clima; otras, en cambio, chocarán contra un límite. España, agregan, situada en uno de los extremos más cálidos de Europa, “es uno de los territorios donde esa transformación puede hacerse visible antes”.
El balance de Adepap revela una “proliferación” de cucarachas, una especie que sí se siente cómoda con el calor extremo. “La cucaracha americana (Periplaneta americana), de color marrón rojizo y de grandes dimensiones, es la especie que ha generado una mayor demanda de actuaciones durante este verano. Su elevada presencia en el subsuelo urbano y en las redes de alcantarillado de muchos municipios favorece la aparición de ejemplares en la vía pública, especialmente durante los períodos de temperaturas elevadas”, detalla García.
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Agencias

El Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF) realizó hace dos años pruebas de laboratorio para establecer la conexión entre la proliferación de cucarachas y el calor extremo. “Cuando las criamos en el laboratorio, a temperaturas controladas, observamos que a 30º centígrados su ciclo biológico dura un mes, mientras que a 25º tarda 48 días; de modo que, a mayor temperatura (si no se superan los 40º C), las larvas crecen más rápido, llegan antes a adultos y al momento de reproducirse”, explicó en aquel momento Xavier Bellés, profesor de este instituto.
Además, esta aceleración del ciclo no sólo incrementa el número de cucarachas en un entorno, sino que también les da ventaja para sobrevivir en hábitats humanos porque desarrollan la resistencia a los insecticidas en menos tiempo. La conclusión de Bellés y su equipo de investigadores es que, con el aumento de temperaturas que conlleva el cambio climático, las cucarachas se están reproduciendo “más veces en menos tiempo”, están “saltando antes las generaciones necesarias para alcanzar la resistencia” y se están “volviendo inmunes a los insecticidas con mayor celeridad”.
Más evidencias
Son cada vez más las investigaciones científicas que examinan cómo los fenómenos meteorológicos asociados al cambio climático afectan a cucarachas y moscas. El año pasado, investigadores británicos que trabajan en una empresa científica y de innovación en salud pública publicaron un trabajo que valida la tesis de otros colegas: las temperaturas más elevadas están provocando una mayor velocidad de reproducción en las cucarachas.
La otra conclusión es que las lluvias extremas e inundaciones -otra cara del cambio climático- alteran sus refugios y generan un desplazamiento hacia el interior de viviendas y edificios. Además, los episodios recurrentes de calor extremo están incrementando el contacto entre cucarachas y seres humanos.
Otro aporte central de esta investigación es que las cucarachas no necesitan necesariamente que todo el territorio tenga un clima óptimo. Las ciudades generan microclimas -alcantarillado, edificios, sistemas de calefacción, sótanos, tuberías, etc.- que permiten sobrevivir a especies incluso en lugares donde las condiciones exteriores son desfavorables.
En España, un estudio publicado en 2025 en el Boletín de la Asociación Española de Entomología recopiló todos los registros obtenidos por empresas de control de plagas entre 2020 y 2023. La cucaracha americana está presente en 1.022 municipios españoles, el 12,6% de los 8.132 del país. La especie aparece ya en 44 de las 50 provincias, además de Ceuta y Melilla, y los autores, Carlos Pradera y Erik Rodríguez-García, la describen como “una plaga doméstica en expansión”.
La cucaracha americana está especialmente extendida por el litoral sur y este de la Península y los archipiélagos de Baleares y Canarias, mientras que su presencia disminuye hacia el interior y el norte. Sin bien los autores no establecen una única relación causal -al clima se suman factores como el transporte, la urbanización, la disponibilidad de agua y alimento-, sí revelan que allí donde las condiciones son más cálidas, la cucaracha americana encuentra buena parte del escenario que necesita para prosperar.

Andrés Actis Fernández
Periodista especializado en clima y medio ambiente
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