Maricarmen, Sol y el resurgir de la izquierda
Por Fernando Hernández Valls — Portada

Maricarmen, Sol y el resurgir de la izquierda
EL PATIO DIGITAL
30/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
¿Puede el real decreto ley de vivienda y todo lo ocurrido en torno al desahucio de Maricarmen movilizar a una parte de la izquierda cabreada desde hace tiempo y con los brazos caídos? Empiezo por lo que debería ser el final del artículo: lo dudo.

Se están haciendo muchos paralelismos, especialmente en unas redes sociales hiperventiladas constantemente, entre el 15 de mayo del 2011, el 15-M, y el 26 de septiembre del 2026, y es cierto que la historia a veces rima; pero de ahí a concluir que en la Puerta del Sol de Madrid comienza el resurgir de la izquierda hay un abismo. Hay un problema que continúa: una juventud sin vivienda. Sin embargo, existen muchas diferencias para concluir que el Sindicato de Inquilinas ha puesto en marcha lo que hace quince años activaron los llamados indignados. Esencialmente, los acampados en Sol protestan no solo contra los “rentistas” sino también contra una izquierda a la que acusan de no haber podido solucionar el problema de la vivienda.
Esto es lo que hay, vino a decir ayer el Gobierno y los grupos parlamentarios que lo apoyan, en materia de vivienda. No hay más opciones para poner en marcha políticas públicas que las plasmadas en el doble real decreto ley que salió ayer del Consejo de Ministros. No hay otros números en el Parlamento y, probablemente, no los habrá en unos años para convertir en ley las demandas de muchos de los acampados en Sol. La izquierda actual no puede llegar más lejos.
Poco pecho va a poder sacar Pedro Sánchez de sus políticas de vivienda. La normativa estrella de sus gobiernos, la ley de Vivienda, es claramente insuficiente en un momento en el que el mercado se encuentra completamente desbocado. Los datos indican que en los territorios donde se aplica la ley estatal los precios suben menos, que no es lo mismo que bajen. Dijo Sánchez en su día que esta iba a ser “la legislatura de la vivienda” y lo está siendo, pero no para presumir. Falta oferta y no de cualquier tipo. Falta vivienda a precios asequibles, blindada de por vida de que pueda pasar a manos privadas. Y eso no se consigue ni en cuatro ni en ocho años. Viena, el modelo ideal, lleva 100 años invirtiendo en vivienda pública permanente y hoy ve los frutos de una política mantenida en el tiempo. Cien años, desde antes de la II Guerra Mundial. Sánchez es uno de los objetivos de las protestas de los inquilinos.
Que la izquierda a la izquierda del PSOE pueda sacar rédito del efecto Maricarmen también es complicado. Al menos a corto y medio plazo. Sumar lleva formando parte del Gobierno desde el 2023 y antes lo fue Podemos. Los inquilinos creen que no han hecho lo suficiente.
No parece muy positivo para la izquierda escuchar y ver qué opinan los acampados de Sol sobre sus políticas: “PSOE y Sumar sois nuestra ruina”, se podía leer en una pancarta. En las entrevistas a portavoces del Sindicato de Inquilinas las críticas a estos partidos son constantes. Es más, ayer tras la aprobación de los decretos de vivienda, las redes sociales ardieron. No les es suficiente lo aprobado en el Consejo de Ministros.

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La amplia mayoría de los acampados de Sol son votantes de la izquierda o potenciales votantes a hacerlo. Pero eso no implica una movilización inmediata del más de millón de personas que votaron a la izquierda en el 2023 y que hoy, por distintos motivos, se quedarían en casa o aún no saben qué papeleta coger. Aquí va a estar la clave de todo en las próximas generales.
Hay quien olvida que el 15-M fue en el 2011 y para que ese malestar cristalizara en un movimiento político, que fue Podemos, pasaron tres años. No fue hasta las elecciones europeas del 2014 cuando Podemos eclosionó y logró cinco eurodiputados.

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La España del 2026 es muy diferente a la del 2011. Hoy no existen los movimientos sociales de entonces, la calle es otra. Hoy también la economía crece al 2,6% y las grandes empresas mejoran sus beneficios trimestre tras trimestre. Otra cosa es la microeconomía y la vivienda, pero a nivel macro no hay comparación posible.
Uno de los políticos que mejor sabe leer el sentir de la calle, Gabriel Rufián, posteaba ayer que si el Gobierno no puede llegar más lejos, a las urnas. “Si con el desahucio salvaje de una señora de 87 años en directo y con miles de personas indignadas y decepcionadas en la calle no eres capaz de legislar para tocarle la cara de una vez a los fondos buitre y a los grandes acumuladores de vivienda de este país, simplemente es que no mereces gobernar”, defendió.
Si la izquierda quiere salir de la uci, en definitiva, las políticas de vivienda no le van a ayudar. En primer lugar, porque no hay mayoría parlamentaria para ser más ambiciosos. Y, en segundo lugar, porque los inquilinos han visto que les han decepcionado. Se puede sobreactuar, pero los ejercicios de prestidigitación ya no funcionan.

Fernando H. Valls
Redactor de la sección de Economía de La Vanguardia en la redacción de Madrid. Autor del libro ‘El año que vivimos sin Gobierno’ (Libros.com) y colaborador de varios programas de televisión y radio.
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