Maricarmen iba al bingo y otras historias de terror
Por Iñigo Sáenz de Ugarte — eldiario.es – eldiario.es

‘Política para supervivientes’ es una carta semanal de Iñigo Sáenz de Ugarte exclusiva para socios y socias de elDiario.es con historias sobre política nacional. Si tú también lo quieres leer y recibir cada domingo en tu buzón, hazte socio, hazte socia de elDiario.es
La política puede llegar a ser mortalmente repetitiva. Los políticos se atienen a su mensaje y lo repiten semana tras semana. Los medios de comunicación plantean otros temas, pero siguen en buena parte la agenda que marcan desde el Gobierno o la oposición. De repente, ocurre un acontecimiento que no es nuevo, que ha ocurrido antes, y que por alguna razón despierta la atención de la gente y obliga a todos (políticos y medios) a cambiar de registro. Lo que parecía imposible antes se convierte en posible o probable.
Es lo que ocurrió con el desahucio de Maricarmen Abascal, de 87 años. Después de varios intentos, consiguieron echarla de su piso donde vivía desde que era una adolescente. Hubo una movilización para apoyarla, como la ha habido en otros casos similares. En esta ocasión, todos se sintieron concernidos y la política española dio un giro completo. El Gobierno de Sánchez se puso en marcha, también para ocultar su decepcionante balance en la política de vivienda. El PP no supo qué hacer y temió que las noticias sobre una anciana desconocida expulsaran la dieta informativa que más convenía a sus intereses. Sus apoyos mediáticos decidieron unos días después que debían hacer algo al respecto. Su plan consistía en cargar contra la víctima. Suena rastrero, pero ellos pensaban que sería efectivo. Tenían que acabar con el símbolo de una movilización que pensaban que podía favorecer a la izquierda.
Empezó con artículos de opinión, que no es la mejor forma de enterarse de algo en la prensa de este país. Una columnista de The Objective dijo que le parecía muy bien el desahucio. Si hubiera sido antes, mejor: “La vergüenza no es que se haya ejecutado el desahucio, sino que haya tardado tanto”. Isabel Díaz Ayuso metió la cuchara para enviar un mensaje a sus acólitos: “Que me avisen a partir de qué edad dejo de pagar y, a lo mejor, en la próxima manifestación de inquilinas me sumo”. Sólo le faltó decir que las ancianas son unas jetas. Maricarmen nunca había dejado de pagar, pero no podía afrontar que la empresa Urbagestión, dueña del piso, doblara o triplicara el alquiler. El negocio era perfecto: desahuciarla y vender la vivienda a un precio tres veces mayor que el que ellos abonaron a otra empresa.
Precisamente eso, que Maricarmen “es una jeta”, es lo que decía un columnista de El Confidencial. “Porque jeta es quien se aprovecha de otro sin tener derecho a ello”. El mercado dicta sus reglas y tiene derecho a echar a ancianas a la calle. Y si no te gusta o te indigna, eres un peligroso comunista. En el programa de Iker Jiménez, se burlaron de ella y se pusieron del lado de la empresa.
Llegó la hora de hablar con los vecinos y la cosa se puso al nivel de la película La comunidad, de Álex de la Iglesia. Cuidado que Maricarmen no era “la heroína de los desahucios”. A sus 87 años, pocas heroicidades podía cometer, pero había que desactivar la fuerza movilizadora de su historia. “La tuvimos subvencionada durante años y ahora, con los impuestos”, dijo a ABC un miembro de la familia que había sido antes propietaria del piso. Está claro que lamentaba que se hubiera buscado una solución para que siguiera residiendo en su vivienda. “Era una persona extremadamente molesta. Se quejaba constantemente: de la calefacción, del ascensor, del ruido… Yo tenía tres hijos pequeños y también había quejas porque los niños hacían ruido”, dijo en su acta de acusación. Lo que viene a pasar en muchas comunidades de vecinos.
Programas de Telecinco y Antena 3 se apresuraron a entrevistarle. El interés informativo se reducía a… es difícil saber cuál era el interés periodístico. ¿Maricarmen no era como Juana de Arco o Santa Teresa de Jesús? ¿Si te quejas porque los niños hacen ruido –hay personas mayores que llevan mal lo del ruido y muchas otras cosas–, ya eres una persona despreciable de la que no te puedes fiar?
Concentración por el derecho a la vivienda en Valencia el sábado.
Los columnistas no podían dejar escapar la presa. Todo era un “burdo chantaje emocional”. Tuvieron que hospitalizar a Maricarmen por sufrir estrés y ansiedad, mal asunto en una persona de su edad, y algunos estaban molestos por el hecho de que se la viera en la cama de un hospital. Jesús Lillo, columnista de ABC, vio claras las referencias. La imagen le recordaba las fotos de John Lennon y Yoko Ono en la cama de la habitación de un hotel o a Javier Bardem en el papel de Ramón Sampedro en la película Mar adentro. Le parecía un ejemplo de “sentimentalismo de telenovela”. Es posible que Yoko Ono también se quejara por los ruidos que hacen los niños. A fin de cuentas, ella tenía la culpa de todo. ¿De verdad pensaba el autor de esa columna que Maricarmen estaba actuando desde la cama de un hospital?
La traca final vino con un artículo de El Español. Llegó un poco tarde a la pelea, pero se aplicó con ganas. ¿Tenían los vecinos algo malo que decir sobre ella? Tome nota, joven. Resulta que iba de vez en cuando al bingo y ya se sabe que se empieza con eso y se acaba convertido en un asesino en serie que se queja de que la calefacción está muy alta (ya se sabe, por los cadáveres). Dicen que se iba “de vacaciones todos los fines de semana”, lo que es poco probable y recuerda a eso que se dice últimamente de los jóvenes, que si no se fueran de cañas o no se apuntaran a Netflix, pagando 8,99 euros al mes, podrían comprar un piso de 300.000 euros sin problemas.
Uno se pregunta si no hay nadie en una redacción que, cuando escucha una idea sobre un artículo de esta naturaleza, no se pregunta en voz alta si alguien está errando el tiro. ¿De verdad queremos poner a una anciana en el punto de mira solo porque se ha convertido en un símbolo de quién sea?
Se puede discrepar con cualquier partido político o movimiento sobre cualquier asunto de interés público. Es posible que Maricarmen tomara decisiones económicas equivocadas en su vida a cuenta del alquiler o compra de un piso. Le ha pasado a mucha gente.
¿La respuesta a eso es decirle que se joda y que sus derechos no valen nada frente al deseo de una empresa de dar el pelotazo en una inversión? A la hora de analizar su situación actual, ¿no es legítimo permitir sentir valores como la compasión? ¿Es más importante recordar antiguas historias de la vida cotidiana para ponerla en el cadalso de la opinión pública como culpable? ¿Culpable de ir al bingo?
Hay un público para todo, aparentemente eso incluye el fusilamiento de ancianas, y también existe un modelo de negocio que apuesta por este periodismo de recortada porque es capaz de atraer lectores. Acabo con una frase de Mauro Entrialgo, que describió estás conductas en el libro Malismo: “En el malismo siempre hay algo de identidad aspiracional. Insultar a Maricarmen, aun siendo un mindundi, te coloca del mismo lado que los ultraespeculadores inhumanos, así que puedes mirar por encima del hombro a los inquilinos, como si fueras un sinvergüenza millonario más”.
No seáis como esa gente.
Fonte: eldiario.es – eldiario.es