Por Antonio Lozano Sagrera — Portada

¿Maldito dinero o maldito destino?

NARRATIVA

Francesco Casolo despliega una brillante mirada de la toxicidad del vil metal en el alma de las personas, radiografiando la cultura del beneficio desmedido y la obsesión por el estatus

La ambición de acumular riquezas es el tema principal de‘El estafador’

La ambición de acumular riquezas es el tema principal de‘El estafador’

Staras / Getty

Antonio Lozano Sagrera

Antonio Lozano

18/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

El tratamiento literario de la figura del estafador se asocia con géneros como la novela negra o el thriller, donde no se suele profundizar en el análisis de la falta de ética o de escrúpulos, sino que sirve sobre todo como dinamo para que la intriga y la acción sostengan una narrativa encaminada a entretener. En las antípodas, y fruto de una conciencia crítica acusada, Francesco Casolo (Milán, 1974) –profesor de Historia del Cine en el Instituto Europeo del Diseño y de escritura creativa en la cárcel de Biella, a la par que autor de una novela previa y de un cortometraje marcados por la atención al drama de los refugiados– convierte El estafador en un retrato sobre las flaquezas del ser humano en un marco de abundancia y tentaciones económicas.

Que la voluntad del autor es existencialista se advierte desde la misma cita-pórtico, donde en su novela Libra Don DeLillo se preguntaba por la inefable línea que señala al individuo el camino a su destino. ¿Bailamos al son del azar o actuamos en base una configuración preexistente de la que no tenemos constancia? El trabajador de banca Fabio Montari, persona discreta y divorciada que mora en una indefinida ciudad de provincias del norte de Italia, se lo preguntará a menudo desde que, tras ascender a gestor de grandes fortunas, comenzará a desviar fondos para su lucro personal, invertido, en buena medida y de forma absurda, en la acumulación de artículos de lujo que cogerán polvo en un almacén. ¿En la decisión de Montari de rebelarse contra su destino pesó más la sombra de un padre perdedor, el resentimiento de clase, la rabia hacia el tratamiento displicente de los privilegiados, el cegador hallazgo de un talento vivificante, o la soledad insoportable derivada de haber perdido a la mujer que amaba?

‘El estafador’ es un retrato sobre las flaquezas del ser humano en un marco de abundancia y tentaciones económicas

La otra parte del binomio de El estafador es uno de los clientes y principal damnificado de la rapacidad de Fabio: el anciano Angelo Cantuzzi, empresario de éxito a base de austeridad, hombre adusto, respetado y autoritario, que jamás se recuperó de dos mayúsculas desgracias familiares (o visto desde otro ángulo, de un destino particularmente cruel). Inmerso en un proceso de recapitulación vital, encontrará en su gestor al hijo simbólico que perdió –y el banquero en él a una suerte de versión triunfadora de su progenitor–, trabando ambos algo parecido a la amistad, o más acertadamente, un modo de rellenar vacíos y profundizar en sus naturalezas. Scott Fitzgerald dejó escrito en su relato The Rich Boy que el dinero hacía diferentes a los ricos, “blandos donde nosotros somos duros, y cínicos donde nosotros somos confiados”. Con independencia de lo que fueran antes, a partir de su cuenta corriente, ambos hombres bajan las defensas y abren la puerta a la confidencia íntima en la presencia mutua (mientras deja de cocerse una traición, ojo).

Y entre medio del retrato tierno de esta relación de aparentes contrarios, Casolo despliega, a imagen del autor de El Gran Gatsby, un brillante análisis de la toxicidad del dinero en el alma de las personas, radiografiando la cultura del beneficio desmedido, la obsesión malsana por el estatus, el tedio del potentado que no ha dado un palo al agua en su vida, y los matrimonios que funcionan antes como “una sociedad de acciones que una pareja”, al tiempo que disecciona con crudeza las relaciones de poder en el ámbito laboral.

Fuera de esta telaraña viscosa, relucen la templanza de Gianni –exsuegro de Fabio, capaz, à la   Cándido de Voltaire, de disfrutar de “un jardincito enano, que cuido como si fuera el de Versalles” – y el resurgimiento de la voz, siempre silenciada, de Gemma, la esposa de Angelo, capaz, en un único detalle sobrenatural que simboliza el misterio insondable en nuestras vidas, de escuchar las voces del Más Allá a través de un tocadiscos de plástico. Ellos, al contrario que los protagonistas, no parecen necesitar hallar el momento de su biografía que mejor los represente, una sutil y bella manera de definir la paz espiritual.

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Francesco Casolo El estafador Traducción de Isabel González-Gallarza, Seix Barral, 368 páginas, 21’90 euros

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Fonte: Portada

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