Los sentidos de la vida
Por Llucia Ramis — Portada

Los sentidos de la vida 27/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Cierro la novela con esa rara euforia de estar ante algo importante. Si no supiera quién la ha escrito, pensaría que pertenece a un clásico alemán del siglo XX, o a un existencialista de los que llenaban mis estanterías cuando, con veinte años, leía ávida todo lo que creía que tenía que leer para entender el mundo, o al ser humano, o a mí misma, o tal vez la vida. Pero esta novela acaba de publicarla Angle, y su autor es el librero y editor Fausto Puerto Quetglas, a quien conozco de Món de Llibres, librería de Manacor por la que pasan buenos amigos y hablan de literatura y otros cotilleos.

Dividida en tres movimientos, Abans que vingui la fosca es la historia de una obsesión: la que el narrador tiene por el filósofo Philipp Mainländer, referente del pesimismo cósmico, quien sostenía que Dios se autodestruyó al comprender que no-ser era infinitamente superior a la existencia, y defendía la muerte como solución. El propio Mainländer se suicidó un día después de publicar La fi losofía de la redención. Pero la novela también cuenta la historia de una amistad: la que el protagonista entabla con el enigmático y excéntrico Mathieu Renard, en quien se refleja mediante la dialéctica. Es una historia sobre el duelo, la escritura, el amor, los cuidados, la belleza, y sobre el sentido de la vida. En todos los sentidos.
La novela de Puerto Quetglas levanta un refugio en estos tiempos de nihilismo
Ahora que estamos a un mal gesto de la tercera guerra mundial, a un cruce de cables de la rebelión de la IA, a un grado y medio de la catástrofe climática, y a ochenta y cinco segundos de la medianoche en el reloj del Apocalipsis, el nihilismo se extiende como un nubarrón amenazador que lo vacía todo, convirtiéndolo en sombra. Por eso, antes de que llegue la oscuridad (o la Oscura, o el ocaso), las palabras de Puerto son un bálsamo. Reconfortantes, levantan un refugio. Dicho así, tal vez suene cursi, pero no lo es.

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En un momento de la novela, un librero desempaqueta con emoción los títulos que pondrá a la venta. Coloca un ejemplar en el mostrador creyendo que acumulará polvo hasta que, pasado un tiempo –sospecha–, seguramente tendrá que retirarlo. Contra todo pronóstico, cae en las manos adecuadas en el momento oportuno. Ese libro no solo cambiará una vida, también desembocará en una corriente de pensamiento. El azar y unas palabras pueden dar sentido a todo.
Fonte: Portada