“Londres pensó que acoger a los ricachones era el precio a pagar para ser una gran metrópolis”
Por Ramon Aymerich Piqué — Portada
Patrick Radden Keefe: “Londres pensó que acoger a los ricachones era el precio a pagar para ser una gran metrópolis”
Entrevista
El periodista estadounidense describe en “El Hijo del Oligarca”, cómo la migración rusa adinerada de los años 90 cambió el perfil de la ciudad

Patrick Radden Keefe, periodista de investigación estadounidense, en el CCCB, autor de “El hijo del Oligarca”
Miquel Muñoz / Shooting
Barcelona
17/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Una madrugada de noviembre del 2019, una cámara de vigilancia instalada en la sede del MI6, junto al puente de Vauxhall, sobre el Támesis, registra la caída del cuerpo de un individuo desde la quinta planta del lujoso edificio Riverwalk, al otro lado del río. Días después, el cadáver de Zac Brettler, 19 años, hijo de una familia británica de clase media alta, aparece en el río. El joven se hacía llamar Zac Ismailov, se hacía pasar por hijo de un oligarca del Kazajstán y frecuentaba la amistad de personajes turbios que se movían entre las altas esferas y los bajos fondos.
Después de escribir libros como No digas nada, 2018, sobre el IRA y los Troubles, o El imperio del dolor , 2021, sobre la crisis de los opiáceos, el periodista de investigación estadounidense Patrick Radden Keefe, bucea en un crimen que le permitirá adentrarse en los bajos fondos de la capital británica y los cambios de la ciudad en los últimos años. El resultado es El Hijo del Oligarca (editado por Seix Barral y Periscopi)
¿Por qué se interesó usted por ese crimen? ¿Qué es lo que llamó la atención?
El tema que a mi me interesaba era la reinvención. La idea de que cualquier adolescente se reinventa, alejándose de su familia y decidiendo qué tipo de persona será. Zac Brettler se reinventó. Decidió que sería el hijo de un oligarca ruso como si fuera un estafador que se inventa una identidad. Me encanta la idea de la ciudad como escenario para la reinvención, algo que, sin duda, es Londres. Pero además, Londres también se reinventa a sí misma. La ciudad empezó a cambiar en los años 80, con la desregulación financiera de Margaret Thatcher. Empezó a ser una ciudad muy distinta. Después, en los 90, llegaron los oligarcas rusos.
En Londres, todo gira en torno al dinero
¿Existe un paralelismo entre la transformación de Zac y la de Londres?
Les une el espíritu de aspiración. En cierto modo, este libro es de cómo Londres se ha vuelto más americana. Existen unos valores muy americanos que tienen que ver con esa energía: ‘No estoy satisfecho con lo que soy, quiero ser más y mejor y tener más dinero y tener más poder y soñar en grande de cara al futuro’. Es este tipo de movilidad social americana en la que no importa de dónde seas, en la que puedes un día aparecer y lograr todo lo que quieras siempre que tengas ese empaque que te respalde.

Cualquier persona con dinero es bien recibida…
Cuando llegaron todas estas personas sumamente adineradas, algunas de ellas con con dinero bastante turbio, otras bastante conflictivas, la ciudad, en cierto modo, reaccionó diciendo: “Bueno, si ese es el precio a pagar para convertirse en una gran metrópolis del siglo XXI, pues que así sea”. Creo que para Zac fue un poco lo mismo. Aunque su familia tenía dinero, no le bastaba con lo que tenía. Él tenía grandes sueños y le daba igual cómo los lograra. Sus héroes eran Vladímir Putin, Roman Abramovich, el protagonista del Lobo de Wall Street… No son los héroes de la generación de sus padres.
¿Todo ese dinero que ha llegado de Rusia ha modificado la ciudad de los pies a la cabeza?
Sí, sin duda. Y, en cierto modo, fue algo premeditado. Querían activamente que esta gente fuera a la ciudad, que los hijos de los oligarcas fueran a sus escuelas caras, que sus padres compraran activos inmobiliarios. Les ofrecieron abogados, expertos tributarios, de comunicación, agentes inmobiliarios… Boris Johnson dijo una vez cuando era alcalde: ‘Londres es para los multimillonarios como las selvas de Sumatra para los orangutanes, somos su hábitat natural y a mucha honra’, dijo. Querían que esa gente viniera aquí.
¿Ha seguido así después de la guerra en Ucrania?
Algunos siguen ahí, otros se han ido o han sido sancionados. Hablé con un experto inmobiliario que trabaja con gente de mucho dinero en Londres y hablábamos de cómo estos rusos con mansiones en St. John’s Wood eran obligados a vender estas propiedades carísimas (30 millones de libras). ¿Saben qué me respondió? ‘Es una gran oportunidad para los chinos’.
Dedica páginas a contar la historia de los bajos fondos. De cómo pasan del robo en los muelles al tráfico de MDMA…
A mí siempre me ha interesado la economía sumergida. El negocio que implica ser un delincuente. Los gánsteres, los delincuentes, los narcos son criminales, cometen atrocidades Solemos pensar en ellos como si fueran los malos de la peli. Pero ello se ven a sí mismos como empresarios. Para ellos son negocios. Durante mucho tiempo, si eras un delincuente en Londres, lo que hacías era dedicarte a robar bancos ¿no? Pero los bancos cerraron, hoy hay más cajeros que bancos. Cada vez era más difícil atracar un banco, así que tuvieron que buscar otras cosas y entraron en el mundo de la seguridad. Los seguratas de los clubs nocturnos eran los que dejaban entrar las drogas. Se preguntaron ¿por qué dejar entrar las drogas cuando podemos dedicarnos nosotros a ello?

Volviendo a Zac, uno de los aspectos más sorprendentes de la historia es hasta qué punto las conexiones personales le abren todas las puertas, una vez se creen quien afirma ser.
La primera persona a la que Zac cuenta su mentira es Mark Foley, un hombre que trabaja para Roman Abramovich, el propietario del Chelsea. Zac le dice: yo soy hijo de un oligarca. Siempre he pensado que a lo mejor hay una versión de esa historia en la que Foley le dijo que no, seguro que no lo eres, ¿cómo vas a ser tu hijo de un oligarca? Si Foley le hubiese calado y Zac le hubiera dicho,bueno, vale… A lo mejor estaría hoy vivo. Pero no, lo que ocurrió es que Foley se lo creyó. Y le respondió ‘Conozco a un tipo, Akbar Shamji, que tiene un proyecto inmobiliario en Lisboa. Quizá te gustaría invertir ahí el dinero de tu familia’. Y aquí empezó todo.
El río Támesis tiene un papel central en su historia…
Me atraía mucho la idea del Támesis como personaje. La idea del río que da vida, energía, dinamismo. El Támesis es lo que atrajo a los romanos a fundar Londres. Era el motor del Imperio Británico, con esos barcos que iban y venían, con las fábricas que se construyeron a orillas del Támesis. Pero al mismo tiempo es una fuerza oscura. La gente se ahoga, muere. Así que como metáfora me pareció muy adecuado para este libro.
Los padres de Zac son cariñosos y atentos, pero no llegaron a entender nunca exactamente quién era su hijo. ¿Cómo padre de dos adolescentes, en su caso, trabajar en esta historia cambió la forma en la que entiende la paternidad?
Sí. Creo que me volvió más humilde como padre. Con una historia así tienes el impulso de proteger a tus hijos y encerrarlos en casa, quitarles el móvil, pero no puedes hacerlo. Muchos padres tenemos esa fantasía de que nuestros hijos son como arcilla que podemos darles la forma que queramos. Si somos sinceros, lo que queremos es que nuestros hijos sean como nosotros, pero mejores. Y cuando tu hijo llega a la adolescencia, ves que tu control tiene límites.
¿Es Londres una ciudad para criar a tus hijos?
Es difícil, muy difícil. Es una ciudad donde todo gira en torno al dinero. Por otro lado, la ciudad en sí ilusiona, porque es muy glamurosa, muy seductora. Es un sitio mucho más divertido ahora que hace 20 años.

En el libro, la familia de Zac se sorprende del comportamiento de la policía, de su incapacidad para controlar la criminalidad en Londres…
Durante más de 3 años después de que muriera Zac, la familia no había hablado con la prensa, tan solo con la policía. Y la policía les decía, tranquilos, lo resolveremos. Pero al final vieron que la policía no estaba haciendo nada. La familia se sintió manipulada. Luego me conocieron a mí y me contaron toda la historia, me mostraron los expedientes. Les dije, esto es indignante. Creo que para la familia fue casi como un descanso ver que alguien de fuera les daba la razón.
Sin spoilers, ¿qué opina usted sobre Zac? ¿Era un joven al que le atraía la criminalidad o era un suicida?
Creo que Zac no tenía ideas suicidas. Creo que le atraía el peligro, le atraían las grandes fortunas, voló demasiado cerca del sol y acabó en un piso con unos hombres muy peligrosos que ese día, sobre todo uno de ellos, había descubierto que Zac le había mentido y le había hecho perder millones. Y creo que Zac se tiró él mismo del balcón porque si no, pensaba que iba a matarle.

Ramon Aymerich
Redactor jefe de Internacional
Redactor jefe de Internacional

Gina Tosas
Redactora en Internacional
Periodista y humanista, licenciada por la UPF. Redactora de La Vanguardia desde el 2015, donde cubre la actualidad de Internacional. También ha trabajado en Breaking News y Tecnología, y colaborado con el ‘Magazine’ y el ‘ES’
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