‘Las vidas’ de Vasari en catalán: una historia de perseverancia

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Por Artur RamonPortada

‘Las vidas’ de Vasari en catalán: una historia de perseverancia

Setmana del Llibre en Català/Historia del arte

El empeño de los dos Martí Domínguez, padre e hijo, está detrás de esta precisa traducción, que llena una notable laguna de la historiografía artística catalana

‘Seis poetas toscanos’, famoso óleo de Vasari pintado en 1544

‘Seis poetas toscanos’, famoso óleo de Vasari pintado en 1544

Heritage Images / Getty

Artur Ramon

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19/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

Los pintores no suelen ser buenos escritores, quizá porque pintar y escribir son dos maneras distintas de mirar el mundo. Hay, sin embargo, algunas excepciones a esta regla, como Vasari o Dalí. En efecto, hoy Vasari es más reconocido por el legado que dejó como autor de Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos, obra fundacional de la historiografía del arte, que por sus frescos realizados bajo la sombra de Miguel Ángel.

Cuando Vasari escribe Las vidas en 1550, todo había ocurrido ya. La Italia del Renacimiento –término acuñado por él mismo: rinascita – había alcanzado su cima y el arte se encaminaba hacia la bella maniera . Desde 1517, con la Reforma luterana, el catolicismo buscaba nuevas formas de atraer a los fieles mediante el arte, convertido en vehículo de evangelización a través de las imágenes. Y los pequeños Estados italianos, fragmentados políticamente, se veían amenazados por potencias vecinas.

En este contexto, Vasari, como un enciclopedista avant la lettre –no olvidemos que los gabinetes de curiosidades, germen de los museos, nacían precisamente en esos años– decidió ordenar la historia de la pintura italiana a partir de un presupuesto y de un método: una visión estéticamente centrada en la Toscana y una concepción evolutiva de las formas. Para Vasari, el fundamento de las artes reside en el disegno más que en el color, lo que le lleva a privilegiar a los artistas toscanos, especialmente a los florentinos, por encima de los venecianos. Asimismo, concibe la historia del arte como un organismo vivo. De ahí que divida las ciento ochenta biografías de artistas seleccionadas para su empresa en tres etapas, siguiendo las tres edades del hombre: la primera corresponde al nacimiento y viene marcada por el trecento, con Cimabue y su maniera griega, pronto superada por el humanismo de Giotto; la segunda representa la madurez, alcanzada en la Florencia del quattrocento con Brunelleschi, Donatello y Masaccio; y la tercera se consagra en la perfección del cinquecento, culminada en la tríada formada por Rafael, Leonardo y, sobre todo, Miguel Ángel.

⁄ La figura de Vasari es un espejo en el que todos los que aspiramos al oficio de escribir sobre arte nos miramos

El proyecto de Las vidas surgió casi por azar. En los círculos intelectuales del cardenal Alessandro Farnese, el erudito Paolo Giovio desafió al propio Vasari a escribirlas. Este aceptó el reto y durante años fue recogiendo información en los talleres de los artistas para dar forma a esta obra monumental que mezcla erudición y chisme. Cuando apareció publicada, Leonardo y Rafael llevaban veinte años muertos, mientras que Miguel Ángel aún vivía. El aretino escribía, por tanto, con muy escasa perspectiva histórica para elaborar su canon. Se trata, por tanto, de un testimonio de primera mano sobre los artistas, sus técnicas y un inventario de obras, algunas hoy desaparecidas. El canon vasariano ha marcado a fuego una determinada manera de entender la historia del arte.

La recepción de la obra estuvo lejos de ser tan favorable como Vasari esperaba. Las maledicencias y la envidia, alimentadas sobre todo por su enemigo Benvenuto Cellini, empañaron la fortuna crítica de la obra. El escultor florentino sostenía que Vasari no era el verdadero autor de Las vidas, sino que habían sido escritas por Vincenzo Borghini, prior del Ospedale degli Innocenti de Florencia. También se criticó con dureza su visión parcial de la pintura italiana, motivo por el cual Vasari viajó a Venecia para incorporar a Tiziano en la segunda edición, la conocida como Giuntina, la edición definitiva, sobre la que se basa la traducción que ahora nos ocupa.

Retrato de Giorgio Vasari atribuido a Jacopo Zucchi<br>
Retrato de Giorgio Vasari atribuido a Jacopo Zucchi
REDACCIÓN / Otras Agencias

Martí Domínguez explica en el prólogo de esta edición de Las vidas, traducidas por primera vez al catalán (Proa), que, durante un viaje familiar a Italia en 1979, mientras recorrían la ruta de Piero della Francesca, encontraron en una librería de Arezzo la edición italiana de Sansoni y, con un considerable esfuerzo económico, decidieron comprarla. Su padre, Martí Domínguez Pérez, dedicó media vida a traducirla, especialmente durante los veinte años posteriores a su jubilación. El resultado es una traducción precisa y eficaz, de lectura fluida, que sigue con naturalidad el curso sinuoso del lenguaje vasariano, tan difícil de leer en original sin un gran dominio del italiano. La historia íntima de esta traducción resulta conmovedora: casi cincuenta años de perseverancia compartida, como en una carrera de relevos, entre un padre y un hijo para dar a conocer entre nosotros Las vidas de Vasari. La publicación llena una notable laguna de la historiografía artística en catalán.

⁄ ‘Las vidas’ divide las ciento ochenta biografías de artistas en tres etapas, siguiendo las tres edades del hombre

Después de Vasari proliferarán por toda Europa nuevas recopilaciones de vidas de artistas: Karel van Mander en los Países Bajos (1604), Joachim von Sandrart en Alemania, William Aglionby en Inglaterra (1685) o Palomino en España (1724), entre otros. Sin Vasari no tendríamos a Winckelmann, pero tampoco a Berenson, Longhi, Zeri o John Berger. La figura de Vasari atraviesa toda la historia del arte; es un espejo en el que todos los que aspiramos al difícil oficio de escribir sobre arte acabamos mirándonos y reconociéndonos. Vasari, un hombre y un nombre, ese abuelo indiscreto al que seguimos debiendo tanto.

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Giorgio Vasari Les vides Traducción de Martí Domínguez Pérez, Proa, 3152 páginas en tres volúmenes, 85 euros

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Fonte: Portada

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