“La ropa que llevas no es neutral: cada prenda habla de quién eres y de a quién te opones”
Por Ana M. Longo — Portada
Contenido solo para suscriptores “La ropa que llevas no es neutral: cada prenda habla de quién eres y de a quién te opones”
Olivia Muñoz-Rojas, socióloga
La autora de ‘Golpes de vista’ analiza cómo la ropa, el cine o los símbolos de una protesta construyen identidades y expresan relaciones de poder

Olivia Muñoz, socióloga y autora del ensayo ¡Golpes de vista. Estéticas del poder y la resistencia. De la era de las revoluciones a nuestros días¡

15/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Olivia Muñoz-Rojas Oscarsson (Madrid, 1976), socióloga y ensayista, lleva veinticinco años explorando la relación entre arte y política. Explica que “prestar atención a lo visual se fue convirtiendo para mí en una forma de indagación sociopolítica”.
Doctora en Sociología por la London School of Economics y residente en París, reúne ese trabajo en Golpes de vista. Estéticas del poder y la resistencia. De la era de las revoluciones a nuestros días (Paidós, 2026). A través de dos siglos y medio y distintos continentes, examina cómo el poder y la resistencia recurren a la estética para construir sus identidades y busca reconocer tendencias políticas que empiezan a tomar forma.
La gorra MAGA activa ecos de rebeldía, libertad y resistencia frente al poder establecido, aunque quien la lleve represente en este momento el poder
Olivia Muñoz-Rojas Oscarsson
Socióloga y ensayista

¿Interpretamos mejor las imágenes o asumimos sus códigos sin reparar en ellos?
Creo que cada generación desarrolla una sensibilidad especial hacia los códigos visuales de su tiempo. Los jóvenes suelen estar más atentos a los códigos emergentes; quienes somos menos jóvenes tenemos un bagaje visual más amplio que nos permite reconocer referencias anteriores. Pocas cosas son completamente nuevas: hay un reciclaje constante de símbolos y referencias visuales. Los códigos visuales no llegan nunca completamente vacíos al presente: acumulan asociaciones que muchas veces operan sin que seamos plenamente conscientes de ellas.
Pienso, por ejemplo, en la gorra roja de Donald Trump. Es una lectura mía, pero me resulta difícil verla sin pensar en la larguísima genealogía del gorro rojo de la libertad. No estoy diciendo que exista necesariamente una referencia consciente. La gorra MAGA puede activar determinados ecos de rebeldía, libertad y resistencia frente al poder establecido, aunque quien la lleve representa en este momento el propio poder.
Lee también

Melena al viento, 'mullets' y hombres roedores: ¿quién pone de moda las tendencias estéticas?
Montse Gironés

Una bofetada al patriarcado: ser ‘coquette’ es mucho más que una tendencia viral
Montse Gironès
En el libro muestra cómo la forma de vestir ha servido históricamente para expresar autoridad, pertenencia o ruptura. Hoy, cuando un dirigente abandona el traje o adopta una imagen deliberadamente informal, ¿qué estamos leyendo realmente en esa apariencia?
Depende del contexto en el que lo haga. Con el auge de la derecha alternativa en los últimos años ha regresado cierta formalidad a los círculos políticos. En ese contexto, abandonar el traje puede ser un acto subversivo o, por el contrario, señal de un poder económico que supera al poder político. Pienso en Elon Musk, con su gorra y camiseta, en la primera reunión del gabinete de Trump en 2025, pese a no formar parte él mismo del gabinete, en medio de todos los ministros de traje y corbata.
¿Qué papel desempeña la imagen en la construcción del personaje político de Trump?
Más allá de la indumentaria, Trump cultiva una manera de ser sin filtros, que oscila entre el despotismo y las muestras selectivas de simpatía. Pienso que busca ser imprevisible y hacer ostentación de no dominar, o de no someterse, a los códigos y convenciones de las élites tradicionales y, así, buscar la complicidad con las clases populares. Pero lo hace desde una posición de mucho poder.
El chaleco fluorescente dio nombre a todo un movimiento: es una prenda asociada a los trabajadores que se desplazan y dependen del combustible
Olivia Muñoz-Rojas Oscarsson
Socióloga y ensayista

Una prenda o un objeto corriente pueden acabar identificando a todo un movimiento. ¿Por qué algunos símbolos consiguen conectar con un malestar colectivo y otros no llegan a adquirir ese significado?
Podemos pensar en el chaleco amarillo. Esa prenda dio nombre a todo un movimiento. El chaleco fluorescente es algo que en Francia y otros países uno lleva obligatoriamente en el coche; es también una prenda asociada a los trabajadores que se desplazan continuamente y dependen del combustible; y resulta, además, que es una prenda hecha precisamente para verse. Lo reunía todo y por eso pegó.
Hay otros ejemplos, como los paraguas que dieron nombre al movimiento surgido en Hong Kong en 2014 en demanda de mayores libertades democráticas. Los manifestantes los utilizaban para protegerse de la lluvia, el sol y el gas pimienta. En ambos casos, el símbolo no fue inventado desde arriba: surgió de la propia experiencia de la protesta.
Cuando el cine representa de otra manera los cuerpos, las familias o las identidades, ¿cómo influye en lo que una sociedad considera normal?
El impacto del cine puede ser inmenso. En el libro hablo de El nacimiento de una nación, que ofrece una particular historia e imaginario del país, anclados en el supremacismo blanco y en la normalización de la subyugación de la población negra. La película contribuyó además al renacimiento del Ku Klux Klan.
Las mujeres han pasado a protagonizar historias que antes protagonizaban casi exclusivamente varones. Ya no nos sorprende que una mujer aparezca en el papel de alta ejecutiva o presidenta de un país, por ejemplo. Hemos visto este cambio de manera muy clara en las películas de Disney durante la última década y media. Diversificar los referentes, los modelos a seguir, tiene un impacto enorme sobre una sociedad, especialmente sobre los más jóvenes. El cine no se limita a reflejar lo que una sociedad considera normal, también contribuye a construirlo.
Un revolucionario francés de finales del siglo XVIII vería que el chándal no es tan distinto de los pantalones holgados que llevaban los ‘sans-culottes’
Olivia Muñoz-Rojas Oscarsson
Socióloga y ensayista
Un meme puede hacer reír, ridiculizar y transmitir una posición política en apenas unos segundos. ¿Qué tiene este formato para haberse convertido en una herramienta tan eficaz en la comunicación y la protesta políticas?
Incorpora algunos elementos de las vanguardias del siglo XX, como el collage y el fotomontaje. La novedad está en la velocidad de creación y de transmisión, y también, hasta cierto punto, en su democratización. Cualquiera puede crear un meme en su móvil y echarlo a andar en las redes, aunque no todos cuentan con el mismo apoyo de los algoritmos y la visibilidad también se puede comprar. No exige necesariamente palabras, su lectura suele ser relativamente simple y, sobre todo, puede reciclarse una y otra vez, generando alusiones de alusiones.

¿Qué ocurre cuando una estética asociada inicialmente a la rebeldía acaba convertida en moda, producto o tendencia? ¿Conserva su capacidad de cuestionar?
Lo que es revolucionario o contracultural en determinado momento acaba institucionalizándose o siendo cooptado por el mercado y, en ese proceso, se desactiva parte de su carácter subversivo. La rebeldía y los movimientos emancipatorios encuentran casi siempre la manera de reinventarse.
Un ejemplo es Just Stop Oil. Sus activistas recuperaron una estrategia que habían utilizado las sufragistas: intervenir sobre grandes obras de arte para atraer la atención pública. En 1914, Mary Richardson acuchilló la Venus del espejo de Velázquez y dañó realmente el lienzo. Un siglo después, los activistas climáticos lanzaban sopa sobre obras protegidas por plexiglás.
Si tuviera que mirar nuestro presente a través de su estética, ¿en qué imágenes, objetos o formas de mostrarnos se fijaría para entender mejor lo que está cambiando?
Se me ocurre plantearnos en qué se fijaría un revolucionario francés de finales del siglo XVIII si apareciera hoy entre nosotros. Se fijaría en la ropa y vería que los pantalones de chándal no son tan distintos de los pantalones holgados que llevaban los sans-culottes. Probablemente concluiría, al menos por nuestra manera de vestir, que vivimos en una sociedad relativamente igualitaria.
Por otra parte, no entendería qué hacemos todos volcados constantemente sobre una placa luminosa, aunque no tardaría en descubrir ese universo paralelo desde el cual empezaría a entender muchas cosas de nuestra sociedad.

Ana M. Longo
Licenciada en pedagogía por la Universidad de Santiago de Compostela, 2006.Redactora de contenidos, y autora de los libros ‘Mommy amor en uso’, sobre maternidad y embarazo, y ‘Mamá…¡Teta!’ de lactancia materna
Mostrar comentarios
Fonte: Portada