La revuelta medieval que inspira la nueva película de Andrew Garfield y desafió el orden social de Inglaterra
Por Ada Sanuy — eldiario.es – eldiario.es

‘The Uprising’, dirigida por Paul Greengrass, lleva al cine la rebelión campesina de 1381, un levantamiento marcado por el rechazo a los impuestos, la corrupción y la servidumbre
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La nueva película de Andrew Garfield, The Uprising, recupera uno de los grandes estallidos sociales de la Inglaterra medieval: la Revuelta de los Campesinos de 1381. Aunque la sinopsis del filme presenta el levantamiento como una rebelión contra la “tiranía” del rey Ricardo II, las fuentes de la época ofrecen una imagen más compleja. Los insurgentes proclamaban su lealtad al joven monarca y dirigían sus acciones contra figuras de su entorno a las que responsabilizaban de la corrupción y de la política fiscal. Así lo explica Alex Brown, profesor asociado de Historia Medieval en la Universidad de Durham, en un artículo publicado en The Conversation.
La revuelta estalló durante un momento especialmente delicado para la Corona. Ricardo II había llegado al trono en 1377 con apenas diez años y buena parte de su joven reinado estuvo supervisado por su tío, Juan de Gante, y los consejeros reales. A ello se sumaba el desarrollo desfavorable para Inglaterra de la Guerra de los Cien Años contra Francia y la necesidad de conseguir nuevos ingresos. La Corona recurrió a los llamados poll taxes, impuestos personales recaudados en 1377, 1379 y 1381, y el último de ellos desencadenó el levantamiento. Las críticas alcanzaban también la forma de recaudarlo: la Anonimalle Chronicle, según recoge Brown, sostenía que la carga había recaído sobre los pobres y no sobre los ricos, en beneficio de los recaudadores.
Una rebelión que defendía su lealtad al rey
Buena parte de los rebeldes, sin embargo, separaba al joven Ricardo II de quienes gobernaban a su alrededor. Brown explica el artículo que culpar a los consejeros corruptos del monarca era un recurso político conocido en la Inglaterra medieval. La Anonimalle Chronicle, una crónica anónima del siglo XIV escrita en la abadía de St Mary’s de York por un probable testigo de la revuelta, recoge que los sublevados afirmaban haberse levantado para salvar al rey y acabar con quienes consideraban traidores a él y al reino. Esa declaración figura también en el texto original de la crónica.
La fidelidad al monarca aparece incluso en la contraseña que, según esa misma crónica, utilizaban los participantes en la revuelta para reconocerse. Ante la pregunta de con quién estaban, la respuesta vinculaba expresamente a King Richard con las true commons, y quienes no sabían contestar podían ser ejecutados. La actitud se repitió cuando Ricardo II se reunió con los sublevados en Mile End: de acuerdo con la Anonimalle Chronicle, se arrodillaron ante él y manifestaron que no querían a ningún otro rey.
De la Torre de Londres al fin de la servidumbre
La lealtad declarada a Ricardo II no evitó que la rebelión alcanzara una enorme violencia contra algunas de las figuras más poderosas de su gobierno. Los insurgentes destruyeron en Londres el palacio de Savoy, propiedad de Juan de Gante, y consiguieron entrar en la Torre de Londres. Allí capturaron y decapitaron, entre otros, al arzobispo de Canterbury y canciller de Inglaterra, Simon Sudbury, y al tesorero Robert Hales, a quienes responsabilizaban directamente de los poll taxes. Brown recoge además el relato del cronista Henry Knighton sobre un rebelde que se apoderó de una pieza de plata en Savoy y fue arrojado al fuego por sus propios compañeros, que sostenían que buscaban la verdad y la justicia y no actuar como ladrones.
Las reivindicaciones iban, además, mucho más allá de la fiscalidad y la corrupción gubernamental. Uno de los grandes objetivos era acabar con la servidumbre, que obligaba a los siervos a trabajar las tierras de sus señores y sometía sus vidas a numerosas restricciones legales. Los rebeldes reclamaban que todos los hombres fueran libres, que no hubiera señores por encima de ellos salvo el propio rey y que los bienes de la Iglesia fueran repartidos entre los habitantes de las parroquias. También exigían acabar con la proscripción (outlawry), una severa figura jurídica que implicaba que cualquiera podía, técnicamente, matar a quien hubiera sido declarado fuera de la ley.
Una representación del siglo XV del asesinato de Simón de Sudbury y Sir Robert Hales en la Torre de Londres.
Las concesiones de Ricardo II y el final de la revuelta
El levantamiento atacó asimismo los documentos que sustentaban determinadas obligaciones y derechos. La Anonimalle Chronicle, según recoge Brown, relata que los rebeldes quemaron registros y documentación de cancillería encontrados en Lambeth Palace y destruyeron en Temple Bar numerosos documentos custodiados por juristas. Ricardo II llegó a aceptar varias de sus demandas y, según el relato de Knighton citado por The Conversation, concedió una carta bajo su gran sello que declaraba libres a todos los hombres de Inglaterra. La medida duró poco: una vez reprimida la revuelta, la carta fue anulada y quedó sin efecto.
La rebelión acabó siendo duramente reprimida y muchos de sus dirigentes fueron juzgados y ejecutados. Wat Tyler, una de sus principales figuras, murió a manos del alcalde de Londres, William Walworth, durante el encuentro de Smithfield. Buena parte de las aspiraciones inmediatas del movimiento no llegó a materializarse, pero algunos de los elementos contra los que se había levantado terminaron desapareciendo: los poll taxes dejaron de aplicarse y no regresarían durante siglos, mientras que la servidumbre, que ya se encontraba en retroceso, acabó extinguiéndose.
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