Por Clara Sanchís Mira — Portada

Clara Sanchís Mira

Clara Sanchis Mira

La pequeña ciudad de Sol 03/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Me infiltro en la Puerta del Sol de esta tarde. No se parece en nada a la plaza que había aquí hace una semana. Ni hablemos del Oso del madroño. La última vez que lo vi, iluminado por un foco especial para turistas, servía de postal a unos chinos sonrientes. Ayer parecía otro, con un chaleco naranja del Sindicato de Inquilinas y un pañuelo palestino al cuello, como a punto de echar a volar. Hoy vuelve a estar desnudo y quieto, cercado por unas vallas que ha puesto el Ayuntamiento para preservar su pureza turístico-emblemática. No ha podido evitar que los barrotes se llenen de pancartas de colores: “Casas vacías, vidas rotas” o “Sus beneficios, nuestra miseria” pero, también, “No sobran migrantes, sobran fascistas”.

   
    Carlos Martín Martín / Efe

Es el segundo día que vengo y no es fácil saber qué ocurre en los distintos corros de esta especie de ciudad de protestas improvisada. La reivindicación de las inquilinas ha ramificado en múltiples causas. Sacando la cabeza por donde puedo, veo coger el megáfono a trabajadoras de las escuelas infantiles y de la sanidad pública. No oigo qué dicen, pero los aplausos son espectaculares. Avanzo por el laberinto de tiendas de campaña. Veo a jóvenes con banderas republicanas, señoras que ríen y hacen fotos­, pancartas de bomberos antidesahucios (“Ni cómplices ni ejecutores”) y por la derogación de la ley mordaza, mostradores de asesoría de vivienda, un puesto de primeros auxilios, la mesa de la comisión de cocina y una tienda coworking , que un hombre me explica que es para quien necesite un sitio para trabajar. También me encuentro con el espacio de talleres y pancartas.

Veo a jóvenes con banderas republicanas y pancartas de bomberos antidesahucios

Esta pequeña ciudad de Sol es un festival de pancartas que hablan solas. Me acerco a un corrillo de jóvenes que come bocadillos y pregunto si todo esto no es también un movimiento antifascista. Pues claro, me dicen sorprendidos, casi con lástima.

La belleza asesina

Lee también

La belleza asesina

Clara Sanchis Mira

Recorro los últimos metros de la ciudad reivindicativa en fila india. Tampoco es tan difícil cruzar la plaza (como he oído quejarse a algunos contertulios), de hecho, se avanza más rápido que un día navideño. A las tiendas de Vodafone o Apple se las ve en pleno rendimiento. Pero estas jóvenes aparcan el móvil para reunirse cuerpo a cuerpo; otra vez la calle se organiza mejor que los partidos ególatras de izquierdas que deberían representarla.

Mostrar comentarios

Fonte: Portada

Deixe um comentário

O seu endereço de email não será publicado. Campos obrigatórios marcados com *