La gala del Planeta: más elegancia y menos brilli brilli

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Por Olga Merino — Portada

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75a edición del premio 

La presencia de los Reyes añadió un plus de glamour e institucionalidad a la velada

El recinto de Fira Barcelona se convirtió en un salón victoriano 

El recinto de Fira Barcelona se convirtió en un salón victoriano 

Àlex Garcia / Propias

Olga Merino

Olga Merino

Barcelona

15/10/2026 22:54 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Pocas parejas alcanzan las bodas de diamante, la gema más dura y brillante del reino mineral. Setenta y cinco años son unos cuantos, y había que festejar por todo lo alto el matrimonio entre la ciudad de Barcelona y el premio Planeta. La presencia de Felipe VI y Letizia en esta ocasión, el 75º aniversario, añadió un plus de glamour e institucionalidad a la tradicional velada en la capital catalana. Y tal vez por ello, por los números redondos, los rumores que siempre acompañan el certamen sonaban esta vez a certeza: rotunda Isabel Allende. Boooooooomba editorial.

Hubo que correr, pero la organización salió bien airosa: Planeta logró convertir, en un tiempo récord, el recinto de la Fira de Barcelona en un lugar acogedor e incluso elegante. De albergar tractores, pongamos por caso, o un muestrario de menaje de cocina, la enorme y desangelada nave industrial se transformó en una especie de salón victoriano, con aires de biblioteca noble, iluminada por centenares de leds que semejaban velas temblorosas. Una luz ambarina, misteriosa y muy literaria, y un cuarteto de cuerda daban la bienvenida a la ilustre concurrencia, muy numerosa con ocasión de la presencia real. Qué elasticidad la de los soberanos: de Melilla a presidir la cena del galardón comercial y libresco más célebre de España.

El primer premio Planeta se concedió en Madrid, en 1952, el mismo año en que se puso fin al racionamiento del pan y el gasógeno. Hoy como ayer, ‘money is money’

La reina Letizia compareció con un elegantísimo vestido negro que en la distancia parecía de tela de crepe; siempre abre tendencia. Parecería que la paleta del vestuario femenino se está oscureciendo, tal vez en un preludio de los tiempos que se avecinan. Menos lentejuelas y brilli brilli que en anteriores ocasiones y colores más profundos entre las damas: verde botella, marrón chocolate (el que escogió Helena Rakosnik, la esposa del expresident Mas), azul noche (la presentadora Nieves Herrero) o berenjena (Beatriz Sánchez Silva). Vuelve la petite robe noire, y también se vio algún pantalón palazzo precioso. Entre los caballeros, Boris Izaguirre acudió con esmoquin negro de raya diplomática y pajarita. Muchos rostros conocidos entre los invitados de todos los ámbitos. Entre ellos, Luis del Olmo, a punto de cumplir los 90 años (otro rumor: se le prepara un bonito homenaje). Exquisita la lubina salvaje que sirvió Semon.

El primer premio Planeta se concedió en Madrid, en 1952, el mismo año en que se puso fin al racionamiento del pan y el gasógeno. Por fortuna, aquellos tiempos de posguerra y falda lápiz quedaron atrás, aunque el combustible se haya puesto por las nubes. Pero hoy como ayer, money is money .

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