La fiabilidad como mérito
Por Màrius Carol Pañella — Portada

Consejero editorial
La fiabilidad como mérito
FUTUROS IMPERFECTOS
16/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Es posible que la única manera de afrontar en la vida los retos ante los que nos encontramos sea hacer como el tenista Sascha Zverev en el Open de Estados Unidos, donde jugó el último punto sin saber que era el que le daba el partido. Tan metido estaba en su juego que no se dio cuenta de que había terminado la final hasta que vio a su rival acercarse para felicitarlo. Fue entonces cuando con retraso mostró su euforia. Es evidente que Zverev se despistó, por extraño que resulte, pero quiero creer que eso fue lo que le facilitó el triunfo. Ello le permitió jugar el match point sin tensión y soltar el brazo.

Estoy convencido de que solo se puede gobernar olvidando el tiempo que queda por delante y trabajando a fondo hasta el último momento. Como hizo Zverev, aunque es mejor hacerlo por convencimiento que por despiste. Pero sirve como ejemplo esta manera de afrontar un reto. Hay que saber manejar los tiempos y no ponerse nervioso cuando se acerca el final de juego o de la legislatura.
Illa llegó al poder como el anestesista, pero ahora debe actuar como cirujano
Salvador Illa convocó el lunes en les Drassanes, un edificio gótico en el que se fabricaban embarcaciones en la edad media, algo que requería precisión y tiempo, lo que podría ser una alegoría de la labor del político paciente. Un tarradellista como él pidió unidad (que es la palabra que más repetía el político republicano), a pesar de que el mundo nunca había estado tan dividido. También intentó subir el ánimo y desdramatizar el futuro. Puso su acento en la educación, una cuestión que Catalunya no tiene bien resuelta, como lo demuestra no solo el conflicto permanente entre los profesores y la Administración catalana, sino también los malos resultados de PISA. Illa propuso debatir en el Consell d’Educació de Catalunya sobre cómo mejorar la escuela catalana y se comprometió a invertir el 6% del presupuesto en enseñanza. Algo que, por cierto, aprobó el Parlament hace 17 años, sin que ningún gobierno lo haya aplicado.

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Illa dio por superada una década de parálisis y advirtió del auge extremista. Llegó al poder como el anestesista y dos años después debe oficiar como cirujano. La actualidad no invita al entusiasmo, pero el president tiene la fiabilidad como mérito. Por eso pidió un acto de fe, que es algo que dura poco si no hay un milagro.
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