La contaminación del aire en Andalucía sigue por encima de los límites que marca Europa

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Por Álvaro López — eldiario.es – eldiario.es

La contaminación del aire en Andalucía sigue por encima de los límites que marca Europa

Una investigación de la Universidad de Huelva analiza durante tres años la composición de las partículas PM10 en 21 estaciones de la comunidad y concluye que nueve superarían, incluso descontando el polvo natural, el límite anual que la Unión Europea fija para 2030

La brisa ya no refresca como antes en Andalucía

Andalucía ha mejorado la calidad de su aire en las últimas décadas, pero todavía tiene trabajo por delante para cumplir con los nuevos límites europeos de contaminación. Una investigación de la Universidad de Huelva, que ha analizado durante tres años la composición de las partículas PM10 en 21 estaciones de la comunidad, concluye que nueve de ellas superarían el límite anual de 20 microgramos por metro cúbico (m³) que la Unión Europea ha establecido para 2030, incluso después de descontar la contribución del polvo natural.

El estudio, publicado en la revista científica Environmental Pollution, analiza muestras recogidas entre 2021 y 2023 en estaciones seleccionadas de la red andaluza de vigilancia de la calidad del aire. El objetivo no era únicamente determinar cuánto material particulado había en el aire, sino conocer de dónde procedía. Para ello, los investigadores analizaron la composición química de las partículas y establecieron las distintas fuentes que contribuyen a las concentraciones de PM10. “El interés del trabajo surge porque a finales de 2024 entró en vigor una nueva directiva europea que establece nuevos valores límite para distintos contaminantes”, explica Pablo Pérez Vizcaíno, investigador de la Universidad de Huelva y autor del estudio. La norma será aplicable a partir del 1 de enero de 2030, por lo que el trabajo trata de comprobar cuál es la situación de Andalucía ante ese nuevo escenario.

Para entenderlo mejor, hay que saber que el denominado PM10 agrupa partículas de un diámetro igual o inferior a diez micrómetros. Son partículas que pueden proceder del polvo, el polen o de diferentes actividades humanas. Para hacerse una idea de su tamaño, Pérez Vizcaíno explica que el diámetro máximo de las partículas analizadas es aproximadamente seis veces menor que el grosor de un cabello humano. “El grosor de un pelo humano suele ser de 60 micrómetros. Nosotros lo más grande que estudiamos son unas partículas que son la sexta parte del grosor de un cabello humano”, señala.

No en vano, el estudio muestra que la distancia respecto al nuevo límite europeo es especialmente elevada en algunos puntos. Antes de descontar la contribución del polvo procedente del Sáhara, 18 de las 21 estaciones analizadas superaban los 20 microgramos por metro cúbico de media anual. La concentración media más alta se registró en Villanueva del Arzobispo, con 31,8 µg/m³, mientras que en 2022 la estación de tráfico Torneo, en Sevilla, alcanzó una media anual de 36,3 µg/m³. Tras descontar la aportación del polvo natural, nueve estaciones seguirían por encima del límite: Alcalá de Guadaíra, Villanueva del Arzobispo, Bailén, Campus, La Línea, Moguer, Granada Norte, Príncipes y Torneo.

El trabajo calcula además cuánto habría que reducir las emisiones antropogénicas -producidas por el ser humano- para que esas nueve estaciones pudieran cumplir el objetivo europeo. Los investigadores estiman que sería necesaria una reducción de entre el 5% y el 50% de las contribuciones de origen humano, dependiendo de cada estación. La combustión aparece como la principal fuente antropogénica en el conjunto del estudio, aunque el tráfico pasa a ser la dominante en las estaciones situadas en ciudades con elevada densidad de circulación. El análisis identifica seis fuentes principales de PM10: polvo mineral, aerosol marino, combustión, tráfico, aportación regional e industria.

No toda Andalucía respira la misma contaminación

Una de las principales conclusiones del trabajo es que no existe una única fuente responsable de las partículas que se encuentran en el aire andaluz. Los investigadores identificaron distintos factores, entre ellos las fuentes minerales, marinas, la combustión, el tráfico y la actividad industrial. El peso de cada una cambia considerablemente dependiendo del lugar y en áreas urbanas con mayor volumen de tráfico, como Sevilla o Granada, la circulación tiene un papel especialmente relevante. En otras zonas, sin embargo, adquieren más importancia otras fuentes.

Es el caso de determinadas estaciones de la provincia de Jaén, como Villanueva del Arzobispo y Bailén, donde el factor de combustión tiene un peso destacado. Esta categoría incluye diferentes procesos en los que se produce una quema, desde los motores de los vehículos hasta la quema de biomasa o la calefacción de los hogares. En las zonas industriales de Huelva y la Bahía de Algeciras, por su parte, la actividad industrial aparece como una de las principales fuentes antropogénicas. El resultado es un mapa de contaminación diferente según el territorio. “La mejor solución sería analizar cada estación de manera particular”, apunta el investigador, que insiste en que las medidas propuestas en el estudio son una propuesta general y no la única alternativa posible.

En aquellos lugares donde el tráfico tiene un peso mayor, las soluciones pasan por medidas dirigidas a reducir las emisiones procedentes de la circulación. Entre ellas, Pérez Vizcaíno señala la necesidad de implantar zonas de bajas emisiones eficaces y fomentar alternativas al vehículo privado, como el transporte público o la bicicleta. En las zonas donde predomina la combustión, las actuaciones deberían dirigirse a regular y limitar determinados procesos de quema, distribuirlos en el tiempo o utilizar maquinaria y sistemas más eficientes.

Y en los territorios donde la industria tiene una mayor contribución, el investigador señala la necesidad de introducir tecnologías para reducir emisiones más eficaces en los procesos industriales. “Nosotros básicamente lo que planteamos es reducir lo mínimo posible de cada fuente para estar ya por debajo de los 20 microgramos”, resume. La elección de las medidas, en cualquier caso, no corresponde únicamente al ámbito científico. “Es una cuestión que escapa a lo que es la propia ciencia”, reconoce Pérez Vizcaíno, que apunta a la necesidad de que las administraciones analicen cada caso y estudien la viabilidad de las medidas necesarias para reducir las emisiones.

El aire ha mejorado, pero el margen se estrecha

Los resultados del estudio deben interpretarse además teniendo en cuenta que las muestras analizadas corresponden al periodo 2021-2023. Los investigadores no consideran que los niveles registrados entonces puedan trasladarse automáticamente a 2026, ya que las emisiones fluctúan dependiendo de la actividad industrial, el tráfico o las condiciones meteorológicas.

Sin embargo, Pérez Vizcaíno tampoco espera que se hayan producido cambios radicales en ausencia de medidas eficaces de reducción de emisiones. “Fluctuaciones van a haber, por supuesto, eso es seguro, pero no es esperable que sean cambios muy grandes y muy significativos, a no ser que simplemente medidas eficaces que lo reduzcan”, explica. El investigador introduce, no obstante, un matiz importante: la situación actual no debe compararse únicamente con el nuevo límite europeo, sino también con la evolución histórica de la contaminación. “Si vas comparando con series temporales antiguas, la cosa está bastante mejor en comparación con otros años”, señala.

La mejora, por lo tanto, no significa que el problema esté resuelto. La nueva normativa europea eleva las exigencias y deja poco más de tres años para alcanzar los nuevos valores. “Tenemos que seguir haciendo cosas, tenemos que seguir intentando reducir las emisiones, pero en este momento no podemos relajarnos tampoco, porque el 2030 está ya casi en la vuelta de la esquina”, advierte.

La meteorología también decide qué respiramos

El estudio muestra además que la concentración de partículas no depende únicamente de la cantidad de emisiones que se producen. Las condiciones meteorológicas pueden determinar que los contaminantes se acumulen sobre una población o sean desplazados por el viento. “El régimen de vientos es clave para ver si esos vientos dirigen todo lo que es la contaminación hacia el núcleo de población o lo aleja”, explica Pérez Vizcaíno.

También existen diferencias estacionales. En invierno aumenta el peso del factor de combustión, entre otras razones porque las temperaturas son más bajas y se utilizan más sistemas de calefacción y se producen más procesos de quema. Para estudiar mejor estas variaciones, la investigación que forma parte de la tesis doctoral de Pérez Vizcaíno está incorporando además instrumentos capaces de realizar mediciones con una resolución temporal mucho mayor. Frente a los sistemas que proporcionan un dato cada 24 horas, estos equipos permiten obtener información cada hora y observar cómo cambia la contaminación a lo largo del día.

“Eso sí que nos permite ver un poco cómo varía cada contaminante a lo largo del día y saber cuáles son los periodos o las horas del día donde tiene lugar un mayor impacto de estos contaminantes en la salud de las personas”, explica. La relevancia del problema, señala el investigador, está también en que se trata de una contaminación que no siempre resulta perceptible para la población. Las partículas analizadas son demasiado pequeñas para ser observadas a simple vista, pero existen numerosos estudios que han relacionado la exposición a material particulado con efectos perjudiciales para la salud.

“Todos nos preocupamos un poco de la calidad de los alimentos que comemos, de la calidad de la bebida que tomamos, pero muy pocas veces nos preocupamos un poco sobre la calidad del aire que respiramos”, señala Pérez Vizcaíno. La experiencia del confinamiento de 2020 ofrece, de hecho, un ejemplo de hasta qué punto la actividad humana puede modificar rápidamente las concentraciones de contaminantes. El investigador explica que su grupo de la Universidad de Huelva observó entonces un descenso muy acusado de numerosos contaminantes. El reto ahora es conseguir una reducción sin necesidad de repetir un episodio de esas características. La diferencia es que, esta vez, el objetivo tiene fecha: 2030.

Fonte: eldiario.es – eldiario.es

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