La ciudad que sobrevivió al asedio más largo de Europa y aún conserva sus cicatrices
Por Kelu Robles — eldiario.es – eldiario.es

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En este nuevo episodio del podcast de viajes Kelugares, Kelu Robles viaja a Sarajevo. La capital bosnia sobrevivió a casi cuatro años de asedio y a una guerra que dejó sus calles llenas de cicatrices. Hoy, las huellas del conflicto conviven con mezquitas, iglesias y sinagogas, restos de la Yugoslavia de Tito, arquitectura austrohúngara y uno de los bazares otomanos mejor conservados de los Balcanes. Recorrerla es atravesar en pocos kilómetros buena parte de la historia europea del último siglo: desde el atentado que desencadenó la Primera Guerra Mundial hasta los Juegos Olímpicos de 1984 y la guerra de Bosnia. En este podcast Kelugares, te contamos su historia y todo lo que no te puedes perder en un viaje a Sarajevo. Suscríbete para que te llegue automáticamente el siguiente episodio: Spotify, Ivoox, Youtube
Corazón del Mercado Otomano de Sarajevo.
El Túnel de la Esperanza: 800 metros para sobrevivir
El Túnel de la Esperanza es uno de los lugares fundamentales para entender el asedio. Fue excavado en 1993 bajo el aeropuerto de Sarajevo para conectar la ciudad con el territorio controlado por las fuerzas bosnias.
Tenía unos 800 metros y por él entraban alimentos, medicamentos, combustible y otros suministros. También permitió evacuar heridos y mantener una vía de comunicación con el exterior cuando las carreteras estaban bloqueadas.
Hoy se conserva un tramo del túnel que puede visitarse. Es una visita corta pero fundamental para comprender las condiciones en las que vivieron los habitantes de Sarajevo durante casi cuatro años.
Pilones de madera en el Túnel de la Esperanza. Este pasadizo se convirtió en el único nexo de Sarajevo con el exterior durante el sitio de la Guerra de Yugoslavia.
La Avenida de los Francotiradores
El asedio comenzó el 5 de abril de 1992 y terminó el 29 de febrero de 1996. Las fuerzas serbobosnias rodearon la ciudad y ocuparon las montañas que la rodean, desde donde bombardearon y dispararon contra la población.
La actual Zmaja od Bosne, conocida como Avenida de los Francotiradores, fue uno de los principales escenarios de aquellos ataques. Cruzarla podía significar exponerse al fuego de los francotiradores.
El conflicto dejó miles de muertos en Sarajevo y más de 100.000 víctimas mortales en el conjunto de la guerra de Bosnia y Herzegovina. Hoy por la avenida circulan tranvías y coches, aunque todavía pueden encontrarse edificios que conservan las huellas de los bombardeos.
Baščaršija: el barrio que conserva la Sarajevo otomana
El centro histórico de Sarajevo tiene un aspecto completamente diferente. Baščaršija conserva el antiguo bazar otomano, con calles estrechas, talleres, tiendas, restaurantes y cafés.
Uno de sus edificios más importantes es la mezquita Gazi Husrev-beg, construida en el siglo XVI.
Esta zona es también el mejor lugar para probar algunos de los clásicos de la cocina bosnia: cevapi, pequeñas piezas de carne picada servidas normalmente con pan y cebolla, y burek, una masa fina rellena tradicionalmente de carne: Buregdžinica Saraj Bosna y Buregdžinica Sač son un clásico donde puedes probarlo.
Para disfrutar de unos cevapis por el barrio otomano: ASDŽ Aščinica, Dženita
Y hay otra institución local: el café. El café bosnio se prepara en una pequeña cafetera de cobre llamada džezva y se toma con calma. Aquí sentarse a tomar un café puede convertirse fácilmente en una actividad de varias horas.
Cevapi típico
Sarajevo, la Jerusalén de Europa
Sarajevo recibe el sobrenombre de Jerusalén de Europa por la convivencia histórica de diferentes comunidades religiosas.
En el centro pueden encontrarse mezquitas, una catedral católica, una iglesia ortodoxa y una sinagoga a poca distancia unas de otras.
La explicación está en la propia historia de la ciudad. Sarajevo fue durante siglos parte del Imperio otomano y posteriormente pasó a estar bajo administración austrohúngara. Cada periodo dejó su arquitectura, sus edificios religiosos y sus costumbres.
El resultado es una ciudad en la que se puede pasar de un bazar otomano a una calle de aspecto centroeuropeo en cuestión de minutos.
Biblioteca Nacional de Sarajevo. Esta preciosa construcción neomudéjar de principios del siglo XX es uno de los símbolos de la Guerra de Yugoslavia.
El barrio austrohúngaro y el Puente Latino
A finales del siglo XIX llegó otra transformación. Austria-Hungría ocupó y administró Bosnia desde 1878 y la anexó formalmente en 1908.
La arquitectura cambió radicalmente y aparecieron edificios inspirados en los modelos centroeuropeos. El contraste con Baščaršija se aprecia especialmente alrededor del río Miljacka.
Y junto al río está uno de los lugares más famosos de Sarajevo: el Puente Latino.
En sus inmediaciones, el 28 de junio de 1914, Gavrilo Princip asesinó al archiduque Francisco Fernando de Austria y a su esposa, Sofía. El atentado desencadenó la crisis que acabaría llevando a Europa a la Primera Guerra Mundial.
Las Rosas de Sarajevo
Otra forma de encontrar la guerra es mirar al suelo.
Las llamadas Rosas de Sarajevo son marcas provocadas por impactos de proyectiles de mortero que posteriormente fueron rellenadas con resina roja. Señalan algunos de los lugares donde murieron personas durante los bombardeos.
No están en museos ni detrás de vitrinas. Forman parte de las calles por las que hoy pasan peatones, coches y tranvías.
Es una de las características de Sarajevo: el pasado no está separado de la vida cotidiana, sino mezclado con ella.
El cementerio Kovači, en Sarajevo.
Cementerios y miradores
Los cementerios musulmanes ocupan buena parte de las colinas que rodean el centro. Sus características lápidas blancas forman parte del paisaje de Sarajevo y recuerdan a las víctimas de la guerra.
Uno de los más conocidos es el cementerio de Kovači. Desde allí se puede subir hasta el Bastión Amarillo, una antigua fortificación otomana que ofrece una de las mejores vistas de la ciudad.
Es también una buena manera de entender por qué las montañas tuvieron tanta importancia durante el asedio.
Sarajevo también fue olímpica
Antes de la guerra, Sarajevo fue escenario de uno de los grandes acontecimientos deportivos de la Yugoslavia socialista: los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984.
Todavía pueden visitarse algunas de sus antiguas instalaciones en el monte Trebević. Entre ellas está la pista de bobsleigh, actualmente cubierta de grafitis y marcada por los daños sufridos durante la guerra.
El teleférico permite subir hasta la montaña y disfrutar de las vistas sobre la ciudad.
La Sarajevo de Tito
La arquitectura socialista también forma parte del paisaje. Grandes bloques de viviendas y barrios como Ciglane recuerdan la época de Josip Broz Tito, que gobernó Yugoslavia desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta su muerte en 1980.
Para entender Sarajevo hay que tener en cuenta esas tres grandes capas: la ciudad otomana, la transformación austrohúngara y la Yugoslavia socialista. La guerra de los años noventa es la última y más traumática de ellas, pero no la única.
No te pierdas el surrealista Café Tito
¿Dónde salir por la noche?
La Sarajevo actual tiene una vida nocturna bastante más animada de lo que podría imaginar alguien que solo conoce la ciudad por las imágenes de la guerra.
La zona de Ferhadija y sus alrededores concentra bares, pubs y terrazas. También es interesante recorrerla de noche porque se encuentra precisamente en la transición entre la Sarajevo otomana y la austrohúngara.
Y una cuestión práctica: que Bosnia sea un país de mayoría musulmana no significa que toda la población sea practicante. La sociedad es diversa y la vida cotidiana, bastante más laica y compleja de lo que sugieren las etiquetas religiosas.
¿Merece la pena visitar Sarajevo?
Sí, pero conviene ir preparado para una ciudad en la que el pasado está muy presente.
El Túnel de la Esperanza, las Rosas de Sarajevo, los cementerios y los edificios dañados permiten entender la guerra sin convertirla en un espectáculo. Al mismo tiempo, los cafés, los mercados, la gastronomía, la arquitectura otomana y austrohúngara, los tranvías y las montañas muestran una ciudad que ha seguido adelante.
A día de hoy, el único vuelo que existe directo desde España es desde el aeropuerto de Girona, pero consulta otras opciones como hacer transbordo breve en Belgrano, en Italia. Es otra ciudad que merece muchísimo la pena visitar.
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Fonte: eldiario.es – eldiario.es