La ciudad donde caminar es un acto revolucionario
Por Kelu Robles — eldiario.es – eldiario.es

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Pontevedra decidió hacer algo que parece bastante sencillo hasta que lo intentas: quitar coches del centro y devolver la calle a la gente. Empezó en 1999 y funcionó hasta el punto de que su modelo de movilidad ha acabado estudiándose y aplicándose como referencia en medio mundo. Pero Pontevedra no es solo peatonalización y paseos junto a la ría. Es una ciudad de mareantes, mariscadoras, peregrinos, castros, albariño, hórreos frente al mar y luchas vecinales. En este episodio del podcast Kelugares, Kelu Robles recorre Pontevedra y sus alrededores para entender cómo una localidad con una historia profundamente ligada al mar terminó convirtiendo sus calles en uno de los ejemplos más conocidos de recuperación del espacio público. Suscríbete en Spotify, Ivoox, Youtube para que la presentadora de este podcast pueda tomarse un Albariño ¡de ti depende la supervivencia del proyecto! (Esto se nota que lo he escrito yo de puño y letra, Kelu Robles).
Plaza De O Teucro
Una historia anterior a los coches
Para entender Pontevedra hay que remontarse mucho más atrás. En la provincia existen numerosos testimonios arqueológicos de época prehistórica y antigua, especialmente castros y petroglifos. En lugares como Poio o Campo Lameiro pueden encontrarse algunos de los ejemplos más conocidos.
Y aquí conviene desmontar una asociación bastante habitual: Galicia no puede explicarse simplemente diciendo que fue una tierra celta. La identificación entre Galicia y los celtas forma parte de una construcción histórica compleja y sigue siendo objeto de debate entre especialistas.
Los castros, en cambio, son una realidad arqueológica perfectamente documentada. Muchos se levantaron en lugares elevados, desde los que era posible controlar visualmente el territorio y mejorar sus condiciones defensivas. La Pontevedra medieval y moderna crecería después alrededor de otra ventaja: el mar.
Peregrinos, marineros y comerciantes
La iglesia de la Peregrina es probablemente el edificio más reconocible de la ciudad. Su peculiar planta ovalada y su relación con el Camino Portugués la han convertido en uno de los grandes símbolos de Pontevedra.
La ciudad lleva siglos formando parte de las rutas de peregrinación hacia Santiago. Y junto a esa actividad se desarrolló una importante tradición comercial y marítima.
La basílica de Santa María la Mayor, construida en el siglo XVI bajo el impulso del Gremio de Mareantes, es uno de los mejores testimonios de aquella época. Su fachada plateresca refleja el poder económico que llegaron a alcanzar los sectores vinculados al mar. Muy cerca, se encuentra A Moureira, el antiguo barrio de marineros y trabajadores portuarios.
También pertenecen al patrimonio histórico de la ciudad las ruinas de Santo Domingo, restos de un antiguo convento gótico que estuvieron amenazados por las transformaciones urbanísticas del siglo XIX y que hoy forman parte de uno de los conjuntos monumentales más reconocibles de Pontevedra.
Plaza de Leña
Una ciudad de plazas
El centro histórico se articula alrededor de pequeñas plazas que tuvieron funciones muy concretas. En la Plaza de la Leña se vendía menaje de madera y elementos para el ganado. Su mayor exponente gastronómico se encuentra en Eirado da Leña, un restaurante con Estrella Michelín. Para no rascarte tanto el bolsillo vete a O Trasmallo, un pequeño local que está muy cerca de esta plaza y que ofrece los clásicos gallegos. En la Plaza de la Verdura se vendía, evidentemente, teléfonos móviles. Es broma, se vendía verdura. Ahí te recomiendo comer en Los Maristas y tomarte algo en Griffon, una cervecería irlandesa de toda la vida. Mézclate con la juventud en la Plaza de Méndez Núñez y tómate un refrigerio en La Gramola.
Ilha das Esculturas
El Museo de Pontevedra y la Illa das Esculturas
El patrimonio no termina en las calles. El Museo de Pontevedra ocupa seis edificios históricos y reúne fondos arqueológicos, artísticos e históricos que permiten recorrer distintas etapas de Galicia. Entre sus colecciones aparecen piezas de época castreña, pintura, escultura y objetos relacionados con la vida cotidiana y marítima.
En el otro extremo encontramos un proyecto completamente diferente: la Illa das Esculturas. Creado en 1999 junto al Lérez, este museo de arte contemporáneo al aire libre reúne doce obras de doce artistas en un espacio donde el granito y el paisaje forman parte de la propia exposición.
Y, si lo que buscamos es naturaleza, la Xunqueira de Alba está prácticamente pegada a la ciudad. Sus unas 67 hectáreas de humedal forman un espacio de marismas, caminos y pasarelas utilizado también para la observación de aves. Fue el primer Espacio Natural de Interés Local declarado en Galicia.
Gastronomía gallega
La ría como agente gastronómico
Pontevedra está en el corazón de las Rías Baixas y eso también se nota en la mesa.
Aquí conviene diferenciar tres conceptos que a menudo se mezclan: Albariño y Godello son variedades de uva; Ribeiro y Valdeorras son denominaciones de origen; y Rías Baixas es otra denominación de origen, especialmente asociada al albariño.
En la gastronomía aparecen productos estrechamente ligados a la ría: mejillones, navajas, pulpo y también volandeiras. Estas últimas no son simplemente vieiras pequeñas, sino una especie diferente. Puedes comerte unas volandeiras fantásticas en
Para terminar el recorrido gastronómico, el Café Moderno, en la Plaza de San José, conserva el ambiente de un establecimiento instalado en un edificio de comienzos del siglo XX, de carácter modernista y ecléctico.
- O Regato Pequeno: se encuentra Fuera de la zona monumental, en el barrio de Donato.
- El Makí y La Estafeta para un buen tapeo. Y Can Tortilla es como un furancho pero urbano.
- Pontetapas y El Pulpeiro.
- Galicia 2000 y Bar el Jamón
- O Cañón de Pau: casa de comidas familiar, abierta desde 1984, con raciones y ambiente de tasca.
- Taberna de Félix: pequeña taberna tradicional en pleno casco histórico.
- Brotes Wine Bar: vinoteca más moderna, centrada en vinos gallegos y pequeñas elaboraciones.
Combarro y la presión turística
Fuera de Pontevedra, la ría ofrece algunos de los paisajes más conocidos de las Rías Baixas.
Combarro es probablemente el ejemplo más popular. Sus hórreos junto al mar, casas de piedra y cruceiros lo han convertido en uno de los pueblos más visitados de la zona.
Pero el éxito turístico también tiene consecuencias. La presión sobre el alojamiento y la transformación de viviendas en usos turísticos forman parte de los debates que afectan a numerosos municipios de las Rías Baixas.
Frente a Combarro aparece la isla de Tambo, situada en la ría de Pontevedra. Durante décadas estuvo vinculada al ámbito militar y tuvo un acceso muy restringido. Actualmente existen visitas organizadas que permiten conocerla.
Feira Franca
Una ciudad que celebra la calle
Pontevedra también ha construido parte de su identidad contemporánea alrededor del espacio público. La Feira Franca, celebrada desde el año 2000, recrea el mercado libre de impuestos concedido por Enrique IV en 1467. La fiesta transforma durante unos días el centro histórico y recupera simbólicamente aquella actividad comercial medieval.
En agosto llegan las Fiestas de la Peregrina, con actos religiosos, gigantes y cabezudos, peñas y actividades en las calles. Y fuera del centro, la senda fluvial del Lérez permite continuar ese recorrido peatonal hasta Monte Porreiro, junto al río.
La memoria de las mariscadoras
Hay otra historia de Pontevedra que no aparece en las guías monumentales. En Lourizán, las mariscadoras se enfrentaron en los años cincuenta a la instalación de la fábrica de celulosa de ENCE. Aquellas mujeres dependían de los bancos marisqueros de la zona para mantener a sus familias y protagonizaron protestas contra unas obras que consideraban una amenaza para su actividad.
En 1958 y 1959 se produjeron distintas acciones contra la construcción. Algunas mariscadoras llegaron a deshacer durante la noche trabajos realizados durante el día. El 10 de febrero de 1959, una de aquellas protestas fue reprimida por la Guardia Civil y efectivos del buque militar Hernán Cortés. Es una parte de la historia reciente de Pontevedra que ayuda a entender la relación entre territorio, actividad económica y movilización social que todavía caracteriza a la ciudad.
La ciudad que quitó los coches
La transformación urbana iniciada a finales de los noventa no puede separarse de todo lo anterior. Pontevedra decidió reducir el espacio destinado al automóvil y devolver protagonismo a las calles, las plazas y los recorridos peatonales. El resultado fue una ciudad en la que caminar dejó de ser simplemente una forma de desplazarse para convertirse en una de las características principales del espacio urbano.
La decisión generó debate, como cualquier transformación de este calibre. Pero convirtió a Pontevedra en uno de los casos españoles más conocidos de recuperación del espacio público. Y quizá esa sea la mejor manera de entender A Boa Vila.
No como una ciudad que haya dejado de tener problemas, ni como un modelo perfecto, sino como una ciudad que lleva décadas discutiendo qué quiere hacer con sus calles, con su patrimonio y con su relación con el territorio.
Entre castros y peregrinos, entre mariscadoras y mareantes, entre el Lérez y la ría, entre el granito y las plazas, Pontevedra ha terminado convirtiendo una decisión urbanística en parte de su propia identidad.
Una ciudad que, para parecer más ciudad, decidió quitarle espacio a los coches.
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Fonte: eldiario.es – eldiario.es