Joan Manuel Serrat: “Piensas que un día fallarás, entonces ¿por qué seguir arriesgando?”
Por Sergio Lozano Torres — Portada
Joan Manuel Serrat: “Piensas que un día fallarás, entonces ¿por qué seguir arriesgando?”
Diálogos
El ‘Noi del Poble Sec’ protagonizó junto a Sílvia Pérez Cruz el ‘Diálogo Vanguardista’ auspiciado por el festival de Peralada y ‘La Vanguardia’

Joan Manuel Serrat y Sílvia Pérez Cruz en un momento del Diálogo Vanguardista que tuvo lugar ayer en el Recinte Modernista de Sant Pau
Àlex Garcia

Barcelona
22/09/2026 00:05 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Para muchas generaciones poner música al Mediterráneo es sinónimo de Joan Manuel Serrat, padre de la melodía convertida ya en cantinela, tonada de mar y costa que es cantada, silbada y tarareada con solo mencionarla. Una magia que hechizó a Sílvia Pérez Cruz, personificación de la música y el mar, hija de Palafrugell criada en las habaneras y continuadora del legado del Noi del Poble Sec. Una y otra se encontraron este lunes en el Recinte Modernista de Sant Pau durante los Diálogos vanguardistas auspiciados por el festival de Peralada y La Vanguardia.
La plaza de Port Bo, en Calella de Palafrugell, une de forma involuntaria las vidas de Sílvia y Joan Manuel. Fue en el hotel Can Batlle donde el del Poble Sec compuso Mediterráneo en 1971, en una de sus estancias en la localidad en las que “estaba más en la taberna que en el hotel”, recordó. Años después, la misma plaza era el campo de juegos de la pequeña Pérez Cruz, mientras esperaba que su padre acabara las actuaciones en la taberna La Bella Lola, o que la llamara con solo seis años para subirla a una mesa y ponerla a cantar. “Mi padre encontró en La Habana una habanera que se llamaba La huerfanita y, claro, me la hacía cantar a mí”, recordaba este domingo con una sonrisa.

Lee también
Serrat, Sílvia y el Mediterráneo de Calella
Maricel Chavarría
El encuentro entre los dos artistas deparó momentos de mutua admiración, respeto por el oficio y reflexiones que miraron al presente y al futuro, aunque comenzaron en el pasado. Las preguntas guiadas por Oriol Aguilà, director del festival Castell de Peralada, y Esteban Linés, periodista musical de esta casa, propiciaron este camino mediterráneo orlado de arena de playa y conchas que Pérez Cruz reconoció como parte de ella: “Soy de un paisaje, de aquellos pinos y aquel mar de donde viene la melancolía”. Y de allí su música, la que aprendió para comunicarse con un padre apasionado por unas canciones tan marineras como las habaneras –“demasiado”, añadió la hija– con el que le resultaba difícil conversar. “Aprendí a cantar para expresarle mis sentimientos a mi padre, y eso lo aprendí en la taberna”, añadió, recordando las lágrimas de su padre al oírla cantar.
Serrat coincidía en que “todos somos de un paisaje”, aunque con la distancia que da la edad puntuaba que “cada cual es del suyo, el espacio, el refugio, la infancia, el amor, todo aquello que siempre lleva allí donde vayas”. Y el Mediterráneo por sí solo ya es este paisaje, “de Grecia a Andalucía hay algo que acoge, es el lugar donde han nacido las generaciones que nos han influido hasta hoy: Egipto, Roma, Fenicia, un lenguaje común aunque se escriba de forma diferente”, apuntó con guasa el cantautor.
¿Pero es Serrat un cantautor? La cuestión se puso sobre la mesa y Serrat aprovechó para enfriar el concepto al rechazar que respondiera a un modelo determinado. “Durante una época, de los años sesenta a final de siglo, definió a la persona que escribía y cantaba las canciones, sobre todo si lo hacía con guitarra”, afirmó, y reconoció que todavía hay quien se reivindica en este papel. “Pero esto es un cliché de un periodo determinado, siempre hubo quien compuso y cantó, desde los juglares hasta que arrancó la canción popular”.

En el caso del autor de Esos locos bajitos los referentes fueron Brassens, Brel o la canción italiana, “pero no veo una exigencia reivindicativa”, destacó. “Lo único que se puede exigir es hacer las cosas lo mejor que puedas y sepas”, aunque reconoce que el suyo es “un territorio minado, muy sensible”, porque “quieres que provoque un sentimiento aunque no esté ligado a una reivindicación social o política determinada”.
De las ideas se pasó a hablar de la libertad, y ahí Serrat volvió a templar gaitas recordando que, históricamente, los músicos han trabajado por encargo. “Cuantos más hijos, más sinfonías tenían que hacer”, afirmó arrancando las sonrisas del auditorio. “Gestionar la libertad es difícil, pero a veces trabajando por encargo te permites hablar de cosas que de otra forma no habrían salido”, apuntó Pérez Cruz, y recordó que “el arte ha de ser libertad”, una frase que le ha ayudado especialmente al enfrentarse a las redes sociales, “si haces lo que te gusta, céntrate en ello, no en lo que digan”.
Distintos fueron los trazos empleados para definir la música que se hace en la actualidad, en particular los grandes conciertos que beben tanto de la imagen y el espectáculo. “La música tiene entidad suficiente para emocionar sin compañeros de viaje”, apuntó Serrat con la mira en aquellos grandes shows donde no se ve actuando, porque “no tendría tiempo de cambiarme de ropa tantas veces”.
“Pero eso no es música, sino otra cosa”, alertó Serrat con tono grave, como para dejar las cosas claras. “Un espectáculo que exige una realización muy bien hecha, que todo vaya a la hora. Lo respeto mucho, otra cosa es que muchas veces no me divierta y generalmente no me emocione, pero no niego su existencia ni mucho menos la combato”, advirtió. “El propio paso del tiempo nos trae unas músicas y una manera de hacerlas”, y añadió que “si los locos tecnocapitalistas que tenemos en el mundo desaparecen pronto, habrá otra gente haciendo cosas”, de lo contrario, “solo habrá insectos”.

Lee también
Sílvia Pérez Cruz es muchas Sílvias en una
Àlex Tort
“Vengo del canto de taberna, mesa de madera y gente que ríe o llora”
Sílvia Pérez Cruz
La experiencia de Serrat bajaba al suelo las ideas, y Sílvia Pérez, siempre con la poesía en la boca, las elevaba al recordar que la música “es el mejor invento, lo cuenta todo, lo innombrable, te transporta imágenes, a mí me ha salvado la vida”. Desde su perspectiva, el protagonismo de lo visual en la música ha alcanzado una cierta saturación, “y solo han resistido quienes tenían mucho ingenio”. En su caso, la influencia de tener una madre artista siempre la empuja a investigar cómo diferentes disciplinas explican la misma emoción, pero en última instancia “no necesito nada, vuelvo a la taberna”.
En sus conciertos Pérez Cruz busca otra cosa, “busco una verdad, la gente busca un arte con el que identificarse y sentirse acompañado. Vivimos en un mundo muy individualista, donde esta necesidad de vivir una experiencia en común me parece revolucionaria”, afirmó.

En aquel momento, la artista, que comenzó el encuentro con un elogio a Serrat, no se pudo contener de preguntarle qué se sentía al ver tanta gente cantando sus canciones. ¿Uno se acostumbra? “No, me perdería muchas cosas de la vida si lo hiciera”, respondió el maestro, recordando que “hay momentos en los que disfrutas, otros en los que sufres porque te cuesta tirarlo adelante”, reflexionó.
“Pero ahora ya estoy jubilado”, sentenció con una sonrisa de satisfacción que se tornó en comprensiva cuando su compañera de oficio le preguntó por qué no actuaba en escenarios más pequeños: “Porque una vez pones en marcha la maquinaria no puedes hacerlo a medias, debes proseguir. En cuanto me detengo me cuesta mucho avanzar, y si ahora tuviera que volver a arrancar… ¡Madre de Dios!”, afirmó con un bufido. “El problema no es tocar en un lugar pequeño o grande, sino que me hago viejo”, acabó por reconocer.
Esa y no otra fue la razón de la retirada de Serrat cuatro años atrás, consciente de que las cuerdas vocales, como todo músculo, llegan hasta donde llegan. “Un día me puse a pensar en lo que había pasado, cómo estaba yo en mi vida, cómo estaba la industria, y cada vez lo veía todo más lejos y difícil, me reclamaba más esfuerzo”, rememoró. “Ves el mundo más hostil, piensas que un día u otro fallarás y, si no has fallado todavía, ¿por qué seguirte arriesgando si sabes que acabará pasando?”. Nadie, ni siquiera Pérez Cruz a su lado (a la que llamaba “niña” desde sus cuarenta años de distancia) se atrevieron a contradecirle, ni siquiera cuando reconoció que, muchas veces, piensa que se ha precipitado, “pero cuando hablo con el tipo que tengo delante en el espejo, él hace una mueca, se ríe por lo bajo, y a mí se me pasa todo”, concluye.

Sergio Lozano
Periodista
Ver más artículos
Mostrar comentarios
Fonte: Portada