Irene Escolar: “Las actrices somos todas bastante prescindibles”
Por Philipp Engel — Portada
Irene Escolar: “Las actrices somos todas bastante prescindibles”
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Por genética y pasión, está enganchada a la interpretación. Ahora regresa al teatro con ‘Personas, lugares y cosas’, sobre las adicciones y la angustia moderna

Bolsos Express beige de piel de becerro con detalle en Monogram (bajo el codo), Multipass rosa con cadena dorada (al hombro) y Express marrón de piel de becerro con detalle en Monogram (en la cadera), todo de Louis Vuitton. Luminous Silk Foundation, Luminous Silk Concealer y máscara Eyes to Kill, de Armani Beauty
Jesús Isnard

13/09/2026 06:40 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
No le pesa ser la última representante de una larga estirpe de actores que se remonta a mediados de siglo XIX y pasa por su abuela Irene Gutiérrez Caba y sus tíos abuelos Julia y Emilio. Con más de 25 años de carrera en cine, teatro y televisión, Irene Escolar ha escrito su propia historia y todavía le queda mucho camino que recorrer.
Por aclamación crítica y popular vuelve a las tablas con uno de sus proyectos personales, la obra Personas, lugares y cosas (a partir del 19 de septiembre en el Teatro Español de Madrid, y el 29 de noviembre en el Temporada Alta de Girona). Si en la obra da vida a una actriz en desintoxicación, se confiesa adicta a la interpretación. En octubre la veremos en Cenizas en la boca, de Diego Luna .
Irene Escolar ha escrito su propia historia y todavía le queda mucho camino que recorrer
Como diría Paquita Salas, usted es “una actriz 360”. Si tuviera que quedarse con un título en cada uno de los tres ámbitos —teatro, cine y series— en los que se ha prodigado, ¿cuáles serían?
Es muy difícil responderle, porque todo pasa en épocas muy distintas de la vida y en cada momento eres una actriz muy diferente. No soy la misma actriz que hace cinco años, y entonces hubo muchos proyectos importantes para mí. En teatro, tendría que escoger Personas, lugares y cosas, porque he aprendido mucho al estar desde el principio armándola creativamente, junto a Pablo Messiez, que la dirige, y con Alicia Calôt, que está conmigo como productora. En televisión me cuesta más, porque está Dime quién soy, con la que estuve ocho meses rodando casi todos los días, pero también La ruta. Me encantó la primera temporada, y estar con dos personajes en la segunda fue otro reto muy bonito. En cine, te diría la película para la que me estoy preparando aprendiendo catalán… Creo que puede ser otra de esas experiencias que me llevaré para siempre. Però no puc dir res…

¿Cree que, como actriz, ya lleva las riendas de su carrera?
Eso es muy complicado porque siempre hay miradas externas que deciden, y las actrices somos todas bastante prescindibles, es una como puede ser la otra, salvo cuando han escrito el proyecto pensando en ti. Cuando ocurre, te da mucha esperanza, porque no es lo habitual.
Pero ya le ha pasado varias veces.
Por suerte, sí. Pascal Lambert escribió Hermanas pensando en mí y Bárbara Lennie. Lo mismo con Finlandia. He tenido la suerte de que me hayan tenido en cuenta imaginando proyectos y también que hayan querido repetir conmigo, eso también te hace sentir bien.
He aprendido a entender esos momentos de pausa, a aprovecharlos como puedo, a ahorrar y a organizar mi vida”
Sesión de fotos para el ‘Magazine’
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Viniendo de seis generaciones de actores, ¿alguna vez ha intentado escapar a su destino?
No, la verdad es que no. Es una profesión que, si la conoces de niña, tiene que ver con el juego… ¿y a quién no le apetece jugar? Es muy mágica y te atrapa mucho, porque hay una adrenalina constante de descubrirte cosas nuevas todo el rato, de ponerte en riesgo y retarte, porque siempre estás empezando de cero. Siempre voy muy entusiasmada a trabajar. Es un lugar en el que me apetece estar las horas que haga falta, y eso no creo que le ocurra a todo el mundo. Luego también está la incertidumbre constante: solo un 8% de los actores vive de su profesión en España.
¿Ha tenido algún momento de vértigo, de esperar que la llamen?
He tenido mucha suerte, pero claro que he pasado por momentos en los que sientes que no te están llegando las cosas que te apetecían. En 25 años he pasado por muchas fases y aprendizajes. Al principio, mi profesión lo era todo. Pero he aprendido a entender esos momentos de pausa, a aprovecharlos como puedo, a ahorrar y a organizar mi vida en función de eso.

Ahora que vuelve con ‘Personas, lugares y cosas’, ¿qué ha aprendido sobre las adicciones?
Mucho, porque, aunque en la obra soy una actriz que entra en un centro de rehabilitación, la verdad, sabía muy poco. Leí algunos libros como ¿Una rayita?, el ensayo de David López Canales, y sobre todo asistí, durante cuatro meses, a varios grupos de terapia. Ahí me di cuenta de que hay tantos casos como personas. No se puede generalizar. Como escribe Leslie Jamison al final de La huella de los días, si vemos a las personas como personas, empezaremos a tratarlas como personas. La función habla de la experiencia vital de una mujer que ha llegado ahí por circunstancias que el espectador va descubriendo. Es bonito experimentarlo, ver qué le ha pasado, qué proceso hace para intentar salir de ahí. Aunque yo no consuma, puedo identificarme con ella o con gente del grupo de terapia. Cómo se sienten en la soledad, sus circunstancias familiares o cómo habitan esta sociedad compulsiva, etcétera. Por eso no hay que separar el mundo entre adictos y no adictos.
¿Vivimos en una sociedad adictiva?
Una sociedad compulsiva. Es lo que más salía en los ensayos, a lo que más vueltas le di, porque esa compulsión también tiene que ver con la aceleración, con la prisa en la que estamos… Nos lleva a comportamientos muy dañinos y dolorosos, donde hay mucho vacío. Si intentas llenarlo consumiendo cualquier cosa, droga, ropa o productos para la cara, da igual, no tiene fin. Lo mismo con el teléfono. ¿Quién puede decir que no tiene un problema con ellos? Están diseñados para atraparnos. A veces me veo ahí y me digo: “¿Qué estoy haciendo? Llevo una hora con el teléfono en la mano… ¡Qué pérdida de tiempo!”.

Esa hiperestimulación constante genera miedo a parar.
A parar y a escucharse, incluso a pensar. Hay un miedo profundo a pensar. Por eso es importante ir al cine o al teatro y estar dos horas en silencio, escuchando, recibiendo cosas. Es una manera de ampliar la visión del mundo, porque el arte ve cosas que nosotros no vemos y te las pone ahí. Me encanta el final de Hamnet, tanto el libro como la película. Ella puede hacer un duelo gracias a lo que ve sobre el escenario. Esa capacidad sanadora a través de la identificación con el otro solo la tiene el arte. Ahora mismo, salir al cine o al teatro me parece revolucionario. Son espacios seguros donde vas a ver cosas que te pueden cambiar. Lo colectivo nos va a salvar, esa es otra idea de la que se habla mucho en la función y en los grupos de terapia. Es la otra persona la que te salva, la que te sostiene la mirada, la que te escucha y a la que le importa lo que le estás contando.
Me da mucha curiosidad el Manoir de la Moissie, en Dordoña (Francia), una zona muy bonita donde estuvo para preparar el papel. ¿Cómo se vive en una residencia de artistas?
También estuve para preparar Finlandia. En un espacio como ese, en la naturaleza, alejado del ruido, bajas mucho la frecuencia, y todo te entra de otra manera. No tiene nada que ver con memorizar en la ciudad. Te encuentras con gente de otras disciplinas que te retroalimenta en tu proceso. A mi lado tenía una pintora, la veía trabajando tantas horas, eligiendo los colores con tanta dedicación y esmero… Eso te lleva a construir de otra manera. Ahí he hecho grandes amigas, como Ariadna Chez, una artista plástica maravillosa; Cris Lizárraga, cantante del grupo Belako, y Julia Llerena, una pintora fantástica. Esos encuentros me han inspirado mucho y han sido importantes en mi vida. Me encantaría llegar a hacer algo con ellas.

My favourite things
Un libro: Un destino común, de Lucrecia Martel. Sería un sueño: hacer una película con ella
Una película: Viva, de Aina Clotet. Tiene un tono muy genuino y es muy valiente. Ella está extraordinaria en todos los registros, y encontrar a una mujer que ha producido, dirigido y protagonizado es algo que destaca
Un lugar de vacaciones: Cantabria, para huir del calor y comer bien
Un accesorio que no la abandone: Anillos. Alguno es de mi abuela y otros me los ha regalado una amiga joyera que hace cosas muy bonitas
Fotógrafo: Jesús Isnard / Asistente de fotografía: Alejandro Vaquero / Estilista: Isabel Ottino / Maquillaje y peluquería: Lucas Margarit @lucas.margarit para Armani Beauty / Producción: Agnes&Co
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