“Había listas de espera de cazadores para ir a matar civiles a Sarajevo”

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Por Inmaculada Sanchís Jost — Portada

Tengo 67 años. Soy milanés. Casado y tengo un hijo y un gato llamado Blu. Estoy licenciado en Ciencias de Servicio Social. En mi país los políticos se quieren meter en la ropa interior de la ciudadanía, nos dicen cómo debemos sentir, qué opciones sexuales tenemos, a quién...

Ezio Gavazzeni,

escritor y periodista de investigación política y criminal, autor de ‘Safaris humanos’

“Había listas de espera de cazadores para ir a matar civiles a Sarajevo”

Tengo 67 años. Soy milanés. Casado y tengo un hijo y un gato llamado Blu. Estoy licenciado en Ciencias de Servicio Social. En mi país los políticos se quieren meter en la ropa interior de la ciudadanía, nos dicen cómo debemos sentir, qué opciones sexuales tenemos, a quién debemos querer y a quién no. Soy ateo. (Foto: Marta PÉrez / EFE)

Inmaculada Sanchís Jost

Ima Sanchís

22/10/2026 00:05 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

La caza de los cazadores

En 1995, La Nazione publicó que había italianos que viajaban a Bosnia para disparar contra civiles. La noticia era tan monstruosa que ni la dirección del periódico la creyó y el asunto cayó en saco roto. Treinta años después, Gavazzeni ha localizado a participantes de aquellos safaris humanos y reconstruido el negocio. En enero del 2025 acudió al exjuez Guido Salvini: “Tengo todo esto, ¿qué hago?”. “Ve directamente a la Fiscalía”. Y fue. Antes de publicar, entregó sus hallazgos a la justicia. Ambos han remitido seis declaraciones a la Fiscalía de Milán y hay investi­gaciones en varios países europeos. En Safaris humanos (Península) relata sus descubrimientos y los testimonios inéditos que ha reunido. Sigue investigando: ha visto informes militares españoles sobre la llegada de mercenarios a Mostar y busca indicios del paso de aquellos cazadores.

¿Cuánto costaba matar a un niño en Sarajevo?

Según mis fuentes, era la presa más cara. Actualizado a hoy, son unos 100.000 euros. Durante la guerra de Bosnia, extranjeros adinerados pagaban para ir a disparar contra civiles.

¿Un safari de caza humana?

Sí. Pagaban muchísimo dinero y había distintas tarifas: a los niños, les seguían las jóvenes, las mujeres, los hombres y, por último, los ancianos.

¿Quién paga por matar?

Hombres de distintos países occidentales: Italia, España, Francia, Alemania… Empresarios, profesionales, gente con dinero. Todos tenían un denominador común: eran cazadores y les encantaban las armas.

¿Cómo se organizaba un safari?

Había reclutadores que frecuentaban polígonos de tiro y clubs de caza. Todo funcionaba por el boca a oreja. Te explicaban el viaje: salida el viernes y regreso el domingo. Si aceptabas, entrabas en una lista de espera.

¿Y adónde los llevaban?

A posiciones del ejército serbobosnio. El acompañante los guiaba por los controles militares hasta el lugar desde el que iban a disparar: un punto elevado y seguro, con los civiles de Sarajevo a 400 o 500 metros.

¿Hay pruebas de todo lo que afirma?

Sí. Hace un mes, el exjuez Guido Salvini y yo estuvimos cerca de Trieste con una mujer que en los años 90 regentaba un hotel donde se alojaban estos grupos. Me corroboró cosas que una de mis fuentes me había contado.

¿Qué les contó?

Que aquellos hombres hablaban de “ciervos”. Ella pensaba: “Pero si no es temporada de caza de ciervos”. Y repetían: strelci, que en serbocroata significa tiradores.

¿Qué más confirmó?

El guía se mantenía apartado de los grupos, incluso comía en el coche y apenas hablaba con los clientes. Es exactamente lo que me había contado mi fuente, que acompañaba a grupos: “Nosotros lo sabíamos todo de ellos; ellos no podían saber nada de nosotros”.

¿Quién es su principal fuente?

En realidad son dos personas, un francés y un italiano. Los llamo el Francés. El Francés acompañó a muchos de esos grupos.

¿Por qué han hablado?

Porque el Francés tenía una espina clavada: los organizadores no le pagaron los últimos servicios.

¿Cómo llegó usted hasta él?

A través de otra de mis fuentes, a la que llamo el Sin Nombre. Trabajó para los servicios secretos italianos y estuvo sobre el terreno durante toda la guerra de Yugoslavia.

¿Y usted se cree al Francés?

No se trata de creerle. Una fuente por sí sola no basta. Nuestra tarea es buscar confirmaciones de cada cosa que cuenta.

¿Solo disparaban en Sarajevo?

No. También hubo francotiradores de fin de semana en Mostar y en otros lugares de Bosnia, aunque los clientes preferían Sarajevo.

¿Cuántos italianos participaron?

El Francés cifra en 230 los italianos que participaron, aparte de los de otros países. Le pregunté si era una cifra exacta y respondió: “Quizá me equivoque en uno o dos”. Ahora tendrá que comprobarlo la Fiscalía.

¿Se llevaban algún trofeo?

Sí. Una bala marcada con un color según a quién habían matado: azul para los niños, rosa para las niñas, rojo para los hombres, amarillo para las mujeres; el verde identificaba a los militares, y el negro para los ancianos.

Hablamos de matar por diversión.

Sí. Para el cliente era diversión y adrenalina; para los organizadores, una máquina de hacer dinero. El cliente pagaba a la organización y esta hacía llegar parte del dinero al ejército serbobosnio.

¿De cuántos asesinatos hablamos?

Según mis fuentes, de al menos mil víctimas en Bosnia entre 1992 y 1995. Pero será la justicia quien tenga que comprobarlo.

¿Alguno ha sido juzgado?

No, pero ya hay investigados que han declarado ante la Fiscalía. E investigaciones en Milán, Sarajevo, Berna, Viena y Bruselas.

¿Qué sabe de ellos?

Uno es un noble milanés que a principios de los 2000 fue juzgado porque tenía en casa unas 170 armas de guerra. En Austria, uno de los investigados también es noble y cazador.

Bélgica está centrada en investigar la organización. ¿Qué saben de ella?

Parece ser que la sede principal estaba en México y que dentro de grandes empresas de seguridad hubo personas que vieron en estos safaris un negocio.

¿Todo esto ya se había contado en 1995?

 La Nazione de Florencia publicó una investigación. Aquello parecía tan monstruoso que muchos lo tomaron por una leyenda urbana.

¿Había españoles entre los cazadores?

En aquellos años viajaban desde España grupos numerosos de cazadores a Croacia, Eslovenia o Hungría. Ese era el ambiente del que pudieron salir algunos de estos hombres.

Inmaculada Sanchís Jost

Ima Sanchís

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Tengo el vicio de contemplar y la necesidad de preguntar; ambas cosas me llevaron al periodismo, que ejerzo desde los 17 años. He recorrido trozos de mundo cámara en ristre y ahora, sin apenas moverme, viajo al interior del ser humano realizando desde hace 18 años la Contra, y sigo teniendo más preguntas que respuestas. Quiero dar esperanza, apuntar soluciones. Tengo la sensación de estar en permanente transformación, aunque intuyo que algún día comprobaré que no me he movido de sitio. Tras oír muchas respuestas, de una cosa me he convencido: todos somos múltiples y todos somos uno. Me encanta esta vida, es muy curiosa.

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Fonte: Portada

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