Glucksmann: misión imposible
Por Lluís Uría Massana — Portada

Glucksmann: misión imposible 12/10/2026 11:46 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Durante mucho tiempo, el apellido Glucksmann estuvo asociado en Francia a André Glucksmann (1937-2015), uno de los nuevos filósofos que, procedentes de la extrema izquierda, protagonizaron a mediados de los años setenta un movimiento contra el totalitarismo comunista. Hoy es su hijo, Raphaël Glucksmann (Boulogne-Billancourt, 1979), quien ocupa titulares y programas de televisión. A punto de cumplir 47 años, el recién elegido candidato del Partido Socialista (PS) a la presidencia de la República en las elecciones del año que viene se ha convertido en la gran esperanza blanca de la socialdemocracia francesa y en su último cartucho para tratar de evitar, desde la izquierda, la victoria de la ultraderechista Marine Le Pen, líder del Reagrupamiento Nacional (RN)
El envite es de talla. El socialismo francés, que ha dado dos presidentes en la V República -François Miterrand, por dos veces, y François Hollande-, lleva en la UCI desde que en las elecciones del 2017 decidiera presentar como candidato al Elíseo a un outsider del ala izquierda del partido, Benoît Hamon, fruto de unas primarias muy escoradas. Como resultado, una parte sustancial de los dirigentes del PS huyó del barco para enrolarse en el nuevo partido de centro de Emmanuel Macron (un aparente centroizquierda que no tardó en revelarse centroderecha), arrastrando consigo a una parte del electorado socialista. El batacazo histórico de 2017 -Hamon obtuvo un 6,4% de los votos- condujo al PS a una crisis existencial que a punto estuvo de borrarlo del mapa: en las siguientes elecciones presidenciales, del 2022, la hasta entonces alcaldesa de París y candidata al Elíseo Anne Hidalgo se estrelló con un desastroso 1,7% de los votos.
La receta ideada por el primer secretario del PS, Olivier Faure (elegido en 2018), para salir del agujero fue apostar la supervivencia del partido a una asociación estratégica, en tanto que socio menor, con La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélénchon, de izquierda radical, convertido en el partido hegemónico. La solución permitió al PS mantener una mínima representación parlamentaria en las legislativas del 2022, pero a costa de desdibujar completamente su identidad. Contestado internamente, Faure fue reelegido por los pelos en 2023.

El camino de la posible resurrección socialista ha venido de fuera. Eurodiputado asociado al PS desde 2019 y líder de un pequeño partido llamado Plaza Pública, Raphaël Glucksmann volvió a presentarse a las elecciones europeas del 2024 encabezando una candidatura conjunta con el PS y logró un 14% de los votos. Lo que devolvió una cierta esperanza a los votantes socialistas. Desde entonces, su figura no ha parado de crecer, hasta ganar este domingo con una contundencia inesperada -un 66% de los votos, en la primera vuelta- la primaria socialista para elegir a su candidato al Elíseo en 2027 (aplastando, entre otros al propio Olivier Faure y a una antigua presidenciable socialista, Ségolène Royal, que no le escatimó ataques personales en la campaña, llamándole “becario”)
Glucksmann se ha impuesto defendiendo un espacio propio y diferenciado para la izquierda socialdemócrata -rechazando todo pacto con los radicales de LFI- y mostrándose decididamente ecologista y europeísta. Frente a la amenaza rusa, es favorable al rearme de Europa y muy crítico con la falta de una reacción común europea: “Tengo la impresión de que, hasta que los bombarderos rusos no hayan arrasado Varsovia, no comprenderemos que hay una amenaza existencial”, declaró en una entrevista con La Vanguardia hace un año. Frente al auge de la extrema derecha, aboga por que la izquierda se reapropie del debate identitario y responda a la crisis social que afecta a las clases medias. “Limitarse a subir a una barricada y decir ‘¡No pasarán, fascistas!’ no es suficiente”, sostiene.
El sondeo más reciente coloca a Glucksmann en cuarto lugar, con un 10%-11% de los votos
Si Glucksmann parece estar consiguiendo revitalizar el espacio socialista, habrá que ver hasta qué punto es capaz de trasladar este éxito a las presidenciales. Su reto es enorme: lograr el sorpasso sobre La Francia Insumisa de Mélénchon y superar al candidato mejor situado del centroderecha, condiciones necesarias e imprescindibles ambas para poder afrontar a Le Pen en la segunda vuelta.
De partida, no lo tiene fácil. El último sondeo, de ayer mismo, elaborado por Toluna Harris Interactive para las cadenas M6 y RTL da una amplia ventaja a Marine Le Pen en la primera vuelta (35-37%), seguida de Mélénchon (18-19%) -que pasaría también a la segunda vuelta- y los ex primeros ministros macronistas Édouard Philippe y Gabriel Attal (que de haber candidatura única obtendrían entre el 12% y el 17%). La encuesta -elaborada antes de conocerse el resultado de las primarias socialistas- otorga a Gluksmann entre el 10% y el 11% de los votos.
De confirmarse este escenario, la victoria de Marine le Pen sería imparable. El perfil político radical de Mélénchon es imposible de digerir para el electorado de derecha, incluido el más moderado, mientras que Le Pen, en parte debido a su propia apuesta política por moderar los excesos y “desdiabolizar” a su partido, en parte por la asunción por parte de la derecha gaullista de algunos planteamientos de la extrema derecha, se ha convertido en perfectamente metabolizable.
¿Puede ser Glucksmann el antídoto? De entrada, su candidatura va a tensionar fuertemente la campaña en el seno de la izquierda, con los melenchonistas al acecho. Anoche, a la salida del bar La Cantine de Belleville, de París, donde había celebrado su victoria, un presunto insumiso le vació encima un paquete de harina. No va a ser un camino de rosas.

Lluís Uría
Subdirector de La Vanguardia, especializado en política internacional. Excorresponsal en París (2005-14), ha dirigido las secciones de Internacional, Política y Vivir. Autor de “Por qué amamos a los franceses (pese a todo)” (Diëresis, 2024)
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