Gerda Taro, el nombre que quedó bajo la sombra de Robert Capa

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Gerda Taro, el nombre que quedó bajo la sombra de Robert Capa

En la memoria​

La obra de Janeczek y Marazzi rescata la figura de la pionera del fotoperiodismo eclipsada durante décadas por el mito de Capa

'Muerte de un miliciano' de Robert Capa

‘Muerte de un miliciano’ de Robert Capa

hoto by Roberto Serra – Iguana Press/Getty Images

Cesar Alcalá

26/09/2026 06:50 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

París, 14 de julio de 1937. Mientras la ciudad celebra la toma de la Bastilla, Gerda Taro vive su último día en la capital francesa, antes de partir hacia el frente de la Guerra Civil española, viaje del que nunca regresará. Durante ese día las conversaciones y miradas de los personajes disparan la memoria del pasado, haciendo fluir los recuerdos de quienes la amaron. Willy Chardack, el médico enamorado de su etapa en Leipzig; Ruth Cerf, la amiga inseparable con quien huyó del nazismo y compartió un modesto piso en París; y Georg Kuritzkes, ex amante y miembro de las Brigadas Internacionales. Rodeada de ellos y de su compañero Endre Ernö Friedmann, esa jornada de despedida se convierte en la trama de La ragazza con la Leica de Helena Janeczek.

La novela de Helena Janeczek y su adaptación cinematográfica por Alina Marazzi sacan de la sombra a Gerda Taro, la primera fotoperiodista que murió en combate, eclipsada durante décadas por el mito de Robert Capa.

Gerda Taro, la primera fotoperiodista que murió en combate, eclipsada durante décadas por el mito de Robert Capa

Esta aclamada novela biográfica fue galardonada en 2018 con los premios Bagutta, Selezione Campiello y Strega. Su trasfondo ha inspirado una adaptación cinematográfica dirigida por Alina Marazzi, estrenada en la sección Orizzonti de la 83ª edición de la Mostra de Venecia, que ganó el premio Airone della Laguna. Entre el presente y los flashbacks, la narrativa reconstruye la militancia política de Taro, la pasión compartida con Friedmann, y su revelación tras el objetivo de la cámara Leica, adoptada como una poderosa herramienta de libertad, justicia y resistencia frente al fascismo. El título describe cómo era conocida, aunque también podría ser la ragazza con la Rolleiflex, la cámara que más la identificó a lo largo de su carrera como fotoperiodista.

Detrás de la heroína herida de muerte en Brunete latía una mente perspicaz. Nacida como Gerta Pohorylle el 1 de agosto de 1910 en Stuttgart, en el seno de una familia judía de clase media, se educó en prestigiosos internados de Suiza y Leipzig. Multilingüe, refinada y poseedora de una simpatía arrolladora, Taro combinaba su elegancia estética con una férrea voluntad revolucionaria. Su activa vinculación con la resistencia antifascista provocó su detención por el régimen nazi en marzo de 1933, obligándola a exiliarse a París para salvar la vida.

Gera fue una de las pioneras de la fotografía de guerra.
Gera fue una de las pioneras de la fotografía de guerra. Gerda Taro ICP

En la capital francesa, en septiembre de 1934, conoció a un joven fotógrafo húngaro-judío llamado Endre Ernö Friedmann. Él poseía una desbordante fuerza visual y maestría técnica con la luz y la cámara Leica, pero carecía por completo de habilidades comerciales para desenvolverse en el competitivo y exigente mercado editorial galo. Taro, conocedora de los mecanismos del sector, gracias a su labor como editora de la agencia Alliance Photo, se puso al frente del futuro de ambos. Le enseñó a desenvolverse en sociedad, refinó su imagen pública y diseñó una estrategia comercial para combatir las precarias tarifas que la prensa pagaba a los fotógrafos exiliados.

Taro no solo fue la fotógrafa conmovida y empática que retrató la Guerra Civil española; también fue la estratega comercial que ideó el seudónimo de Robert Capa junto a su pareja Endre Friedmann.

Fue la estratega comercial que ideó el seudónimo de Robert Capa

Así nació Robert Capa, un mítico, rico y escurridizo fotógrafo estadounidense, de visita en Europa, que cobraba tarifas exorbitantes por sus imágenes. Taro ejercía como su representante, negociando contratos y vendiendo reportajes sin que los editores sospecharan la estratagema. Para dotar a su nombre de sonoridad e inspirándose en el pintor vanguardista japonés Taro Okamoto y en la actriz Greta Garbo, pasó a llamarse Gerda Taro. Dejó de ser la gestora de Friedmann, cogió la cámara y empezó a contar historias aportando su propia identidad.

En agosto de 1936, tras estallido de la Guerra Civil española, Taro y Friedmann cruzaron la frontera. Ella, con su Rolleiflex, tomó fotografías en Barcelona, el frente de Aragón, Espejo, Málaga y Almería. Aquellas fotografías fueron publicadas en la revista Vu. En el barro de la contienda se hizo evidente la diferencia entre la concepción de estilos de ambos. Mientras Friedmann buscaba el impacto dinámico y el espectáculo dramático del combate, Taro aportaba una mirada conmovida, empática y de un profundo compromiso humano.

“Soldado republicana en Barcelona” fue tomada por la fotoperiodista Gerda Taro en agosto de 1936 
“Soldado republicana en Barcelona” fue tomada por la fotoperiodista Gerda Taro en agosto de 1936  Wikimedia Commons

Sus fotografías captaron el rostro combativo de las milicianas republicanas, la dignidad serena de los campesinos, la infancia quebrada por el conflicto y el desamparo desgarrador de los refugiados. Entre las imágenes más icónicas tomadas por Taro destacan Miliciana recibiendo instrucción en la playa, realizada a principios de agosto de 1936 en la playa del Somorrostro de Barcelona, que rompió los roles tradicionales al elevar a la mujer antifascista a símbolo visual universal; y Muerte de un miliciano, tomada en Espejo el 5 de septiembre de 1936.

Conforme iba ganando confianza en su trabajo, comprendió que ya no necesitaba apoyarse en el seudónimo compartido de Capa y pasó a firmar como Taro Photo. Con su firma, a partir de mayo de 1937, publicó en Ce Soir, Regards, Vu, Life o Picture Post. En el frente su valentía temeraria asombraba a soldados y reporteros. No dudaba en arrojarse al suelo de las trincheras, bajo intensos fuegos de mortero, o correr entre ráfagas de ametralladora para captar el ángulo preciso. Su figura menuda y su cabello claro hicieron que las tropas republicanas la apodaran con cariño y admiración el pequeño rubio.

Gerda Taro compartiendo una comida de campaña junto a un aviador republicano durante la batalla de Brunete
Gerda Taro compartiendo una comida de campaña junto a un aviador republicano durante la batalla de Brunete Gerda Taro ICP

En julio de 1937 marchó al frente de Brunete para documentar el desarrollo de la batalla y el contraataque de las tropas franquistas. El 25 de julio, tras agotar todos sus carretes en medio del repliegue republicano, subió al estribo lateral del automóvil del comandante Karol Świerczewski de la 35ª División. En el caótico descontrol de la retirada un tanque soviético T-26, al mando de Anibal González, colisionó con el vehículo. El impacto la arrojó al suelo y la oruga le aplastó el vientre. La trasladaron al hospital número II en San Lorenzo de El Escorial. Las lesiones internas eran irreversibles y murió la madrugada del 26 de julio de 1937.

Su funeral en el cementerio parisino de Père Lachaise, el 1 de agosto de 1937, fecha en la que habría cumplido veintisiete años, se convirtió en una masiva manifestación antifascista, con decenas de miles de personas encabezadas por Pablo Neruda, Louis Aragon y Tristan Tzara. Deshecho por el dolor Endre Friedmann acudió al entierro incapaz de mantenerse en pie, murmurando entre sollozos “yo la he perdido, pero hay algo peor; el mundo la ha perdido”. El periódico Ce Soir la despidió recordando que ella encarnaba “la juventud y la alegría de nuestro periódico. Se la quería, y se respetaba en ella al mismo tiempo el talento y la valentía”.

La última foto de Gerda Tardo atendida por el doctor Kizsley
La última foto de Gerda Tardo atendida por el doctor Kizsley Kiszely

El hallazgo de la Maleta Mexicana, con miles de negativos, permitió separar sus obras de las de Friedmann y devolverle su lugar legítimo en la historia del periodismo.

Durante décadas el nombre Robert Capa terminó por absorber e invisibilizar la coautoría de Gerda Taro, relegándola injustamente al papel de sombra o musa. El hallazgo de la Maleta Mexicana, tres cajas con 4.500 negativos de Taro, Friedmann y David “Chum” Seymour, analizadas por el International Centre of Photography de Nueva York, permitió catalogar 800 negativos de Taro y devolverle su lugar legítimo en la historia del fotoperiodismo.

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Gerda Taro no fue una simple acompañante ni la musa de nadie, sino una revolucionaria del lenguaje visual, la primera fotoperiodista fallecida en combate y un icono del periodismo comprometido y de la lucha por la libertad. Gracias a obras como las de Helena Janeczek y Alina Marazzi, el gran público ha podido redescubrir a esta pionera del reportaje gráfico.

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