Gabriela Sánchez, sobre las denuncias de palizas de militares a personas migrantes en Ceuta: “Se está haciendo la vista gorda”
Por David Vázquez Baciero — eldiario.es – eldiario.es

La periodista de elDiario.es, la primera en publicar informaciones sobre unos abusos recogidos por Amnistía Internacional, reclama al Gobierno una investigación exhaustiva
Un vídeo muestra a militares en Ceuta pegando tortazos a un migrante aparentemente menor: “No entendéis la libertad, solo la humillación”
El pasado 15 de septiembre, elDiario.es publicó una de esas informaciones que debería despertar la indignación ciudadana y provocar unas cuantas llamadas entre las altas esferas. En ella, decenas de personas migrantes denunciaban palizas propinadas por militares en Ceuta. Firmado por Gabriela Sánchez, jefa de Desalambre del periódico y especialista en migraciones y derechos humanos, el artículo daba cuenta de diversos episodios en los que, según una veintena de testimonios, distintos grupos de militares golpeaban y humillaban a personas migrantes llegadas a la ciudad con el único objetivo de buscar un futuro mejor.
Fue, a la vez, la culminación a 15 días de investigación y el pistoletazo de salida a unas denuncias que han encontrado eco en organizaciones como Amnistía Internacional pero que, por el momento, ha recibido por parte del Gobierno una respuesta menos que tibia. El pasado lunes, sin ir más lejos, David de la Encina, delegado del Gobierno en Ceuta, emitió un vídeo en el que agradecía el trabajo a las Fuerzas Armadas y decía estar “muy tranquilo y muy seguro” del mismo. Para ese momento, el Gobierno ya sabía que algunas de estas palizas denunciadas obran ya en poder de los tribunales.
Para repasar cómo fueron los acontecimientos, qué se sabe, qué está en duda y qué no se sabe de unas informaciones que pueden cambiar el punto de vista de más de uno sobre quiénes son los agresores y los agredidos en Ceuta, la propia Sánchez ha hablado este miércoles con las socias y socios de elDiario.es en la redacción del periódico en Madrid. La charla, que ha estado moderada por Javier Biosca, jefe de Internacional del periódico, ha servido, en primer lugar, para que la periodista arroje una conclusión: “Se está haciendo la vista gorda. Ceuta son 18 kilómetros cuadrados. Las informaciones que hemos publicado están ahí, y sigue ocurriendo. Si esto se investigara con las mismas ganas que están investigando la entrada de migrantes, a lo mejor ya habría gente imputada y habrían frenado. De momento, que nosotros sepamos, no ha habido una sanción disciplinaria para que pare. Nos llega que continúa”.
Gabriela Sánchez durante el encuentro con socios en la redacción.
La de Sánchez es algo más que una opinión autorizada. La periodista se trasladó a Ceuta el pasado 1 de septiembre. Ya desde ese primer momento, le llegaron informaciones de que podía haber militares agrediendo a migrantes. Sin embargo, tal y como ha explicado, confirmarlo no era sencillo: podía tratarse de un hecho muy aislado o, simplemente, de acciones más o menos coordinadas de grupos de extrema derecha que visten con ropa militar. Con el paso de los días, sin embargo, la sospecha fue creciendo: “Vi a un niño pequeño diciendo a un militar que, cuando les veía, temblaba, y vi a otro militar contestándole que no, que a los niños no”. No pasó mucho antes de que le llegara la denuncia de migrantes que, según sus propios relatos, fueron obligados a raparse el pelo bajo la amenaza de que, si no lo hacían, serían expulsados de la ciudad: “Era una humillación. Me recordó a métodos del nazismo. Era una tortura. Ahí me di cuenta de que no era cosa de un día”.
Con los días, los episodios se acumularon: un traductor al que hubo que acompañar al hospital con la cara ensangrentada por una paliza y, finalmente, un grupo de legionarios que salieron en coche oficial después de golpear repetidamente en una casa abandonada a otro grupo migrantes: “Ahí mismo nos explicaron cómo había sido. Había menores”.
El silencio del Gobierno
“Ese fue el momento en el que supimos que lo teníamos. Habían pasado 15 días desde las primeras sospechas. Luego, chocamos con el silencio de Defensa hasta que llegaron ayer las palabras del delegado de Gobierno”, ha explicado Biosca. Y eso que no han faltado intentos precisamente por parte del periódico de recoger el punto de vista del Ejecutivo, quien es el responsable último de lo que está pasando en Ceuta: “Hay una falta de transparencia total. No nos han contestado ni una sola vez. Me da pena la conversación con la compañera de prensa porque estoy hablando yo sola. Nos dijeron que no nos iban a responder, aunque yo cumplo con mi obligación y les pregunto siempre antes de publicar. En un principio, Moncloa trasladó la preocupación por los hechos, que iban a investigar. Pero pasaron las semanas y no. Mandamos los vídeos. Volvimos a preguntar y siguen con lo mismo”, ha comentado Sánchez.
Gabriela Sánchez junto a Javier Biosca durante el encuentro con socios en la redacción.
Detrás de un silencio tan atronador, una sospecha: como a mediados de septiembre solo lo había sacado elDiario.es, el Gobierno intentó dejarlo correr, que el tiempo hiciera lo suyo para que se olvidara en el trajín informativo diario. La estrategia, sin embargo, no funcionó. Tirando del hilo que elDiario.es tenía ya bien cogido y aprovechando parte de la investigación de Sánchez, Amnistía Internacional hizo sus propias pesquisas sobre el terreno. Su conclusión, emitida en un informe el pasado 30 de septiembre, fue clara: ha habido tortura y trato degradante contra los migrantes en Ceuta por parte de militares. La información coincidía con la de elDiario.es. Detrás de Amnistía llegaron muchos más medios. Ya no había forma de ocultarlo. Aún así, cuenta Sánchez, el Gobierno por ahora está abordando la cuestión arrastrando los pies: “No están siendo proactivos, simplemente han pasado informes. No nos han pedido todo el material que tenemos que no se puede publicar pero a partir del cual podrían investigar”.
¿Quiénes están detrás de las palizas? Por los relatos de las víctimas, Sánchez ha identificado a diversos grupos, entre los que figuran algunos de los cuerpos más reconocibles: legionarios y regulares: “Son los que tenemos más constatados, pero tiene trampa, porque también son los más identificables. Los regulares, por ejemplo, llevan una gorra roja. Hay víctimas que solo te pueden decir que iban de verde, y entonces es imposible especificar más. Y también es verdad que no son todos. Tenemos testimonios de militares que han llevado personas al hospital y que están en contra. Es muy difícil hablar con ellos, pero ves su cara o te deslizan que saben que es algo ilegal”.
“¿Llamar a una ambulancia? Viva España”
Las denuncias de estas agresiones se están dando en una ciudad, Ceuta, que vive días de ambiente irrespirable. La propia periodista ha sido también víctima de ello: “Tras una manifestación, me acerqué a hablar con personas migrantes a las que habían insultado y empezaron a gritarnos que ojalá nos violen. Lo grabé porque creí que podía evidenciar el odio y el racismo que se está dando, que es el más puro y duro. Hay que decir que la persona con la que estaba hablando, además, era inglés”. Este odio, relata Sánchez, alcanza incluso a los más pequeños: “He notado silencios y miradas. Una señora me acusó de ‘ser de esas que los ayuda’ cuando me vio hablando con un menor cerca de una comisaría. Otro día pedí a un militar que llamara a una ambulancia porque a una persona migrante le estaba dando un ataque de asma y me contestó: ‘Viva España’. La deshumanización es tal que la gente no ve niños donde hay niños. Este es el contexto de esta agresiones”.
Gabriela Sánchez durante el encuentro con socios en la redacción.
La situación se complica cuando se considera que Ceuta es una ciudad militarizada. La labor de las Fuerzas Armadas, ha ahondado Sánchez, está clara. Al menos, ha reflexionado la experta en migraciones, lo está sobre el papel: “La labor de los militares es quedarse parados. Tienen que evitar situaciones de inseguridad. Pero están haciendo eso y están haciendo otras muchas cosas según las denuncias, audios y vídeos que hemos publicado”.
Lejos de detenerse, piensa Sánchez, da la impresión de que los episodios se reproducen: “Pensé que pararía, pero nos han llegado actuaciones de hace apenas unos días. Me tiene muy descolocada, y hay muchas preguntas que habrá que resolver acerca de si hay órdenes genéricas de no hacer cómoda la estancia a los migrantes. Los militares ya deberían saber qué pueden hacer y qué no. No tienen funciones para nada de esto. Lo que hemos documentado es que lo hacen porque sí. Cuando veo que sigue, aumenta más mi preocupación. ¿Nadie les ha dicho que frenen? Hay muchas preguntas que resolver para saber por qué existe esta impunidad”.
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