Fiesta Nacional con elecciones a la vista

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Fiesta Nacional con elecciones a la vista 13/10/2026 00:05 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Como cada 12 de octubre, ayer se celebró la fiesta nacional de España, que tiene su acto central en el desfile militar por el corazón de Madrid, con­cretamente por el kilómetro y medio que separa la glorieta de Carlos V de la plaza Colón, así como en la posterior recepción que los Reyes ofrecen en el Palacio Real. Y, al igual que ha sucedido en años anteriores, en el desfile se escucharon insultos subidos de tono y abucheos dirigidos al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que, pese a ser ya habituales, no merecen recibir carta de naturaleza.

Aunque el sentido de esta celebración pasa por festejar y estrechar los lazos de España con los países latinoamericanos, y por supuesto, por fortalecer la cohesión nacional, el Doce de Octubre no logra escapar a la polarización que preside la escena política española en los últimos años. Si habitualmente ya es así, la proximidad de las elecciones anticipadas, previstas para el 29 de noviembre, no ha hecho este año sino atizar aún más el fuego.

Todo tiene ahora mismo en España una lectura electoral o preelectoral. Sin ir más lejos, la decisión del Tribunal Supremo, conocida ayer al mediodía, de mantener la suspensión del derecho a voto a parte de los nacionalizados gracias a la llamada ley de nietos , que concedió la ciudadanía española a descendientes de exiliados tras la Guerra Civil. Dicha suspensión se mantuvo desoyendo las peticiones de la Abogacía del Estado y de la Fiscalía. A resultas de lo cual, son más de 160.000 personas las que, pese a ser ya españolas, no podrán votar el 29-N. El Gobierno recibió con disgusto esta decisión del Supremo.

La proximidad del 29-N caldeó los ánimos ante el tradicional desfile del Doce de Octubre

Suele anticiparse que la campaña electoral del 29-N se centrará en dos asuntos. Los socialistas, al socaire de la indignación despertada por el caso Maricarmen, esgrimirán en los debates a modo de ariete el derecho a la vivienda, y probablemente recordarán los dos decretos que la derecha de PP, Vox y Junts les tumbó días atrás. Los conservadores, por su parte, tratarán de seguir hurgando en la herida de la crisis de Ceuta, que el Gobierno gestionó con lentitud. Ayer pudimos comprobarlo ya: el líder de Vox prefirió estar en la ciudad autónoma y no en la tribuna del desfile militar, mientras que jóvenes envueltos en banderas españolas debieron ser contenidos por la policía cuando se acercaban dando voces hostiles a la acampada de plaza del Sol.

La Fiesta Nacional debería ser otra cosa, una plataforma para la defensa de los intereses comunes, en lugar de otra ocasión para el rifirrafe político. Eso ya nos lo sirven habitualmente el Congreso, sesión tras sesión, o el ágora mediática, donde unos y otros cruzan a diario invectivas y descalificaciones en lugar de seducir al electorado con propuestas de futuro interesantes.

Con mayor motivo, la Fiesta Nacional debería ser otra cosa ante el viaje que los Reyes harán hoy y mañana a las ciudades de Ceuta y Melilla, donde la insomne pugna derecha-izquierda quizás no interese menos que en cualquier otra capital española, pero donde sin duda la prioridad ahora mismo, lo que de veras se agradecería en esta coyuntura, sería comprobar que todas las fuerzas políticas priorizan un respaldo solidario al Rey ante una visita que tiene pleno derecho a efectuar, y que es además oportuna, por mucho que Marruecos exprese incomodidad al ­respecto.

El Supremo mantiene la suspensión del derecho a voto a parte de los acogidos a la ‘ley de nietos’

Esa unidad de acción parece ser hoy, por desgracia, una quimera. Y por si dicha carencia no fuera ya lamentable, además de no anunciar nada bueno ni en la escena nacional ni en la internacional, persisten algunas actitudes que insisten en desacreditar nuestro sistema. Dirigentes del PP, entre los que destacó la presidenta de la Comunidad de Madrid, volvieron ayer a sembrar dudas sobre la limpieza y fiabilidad de nuestro sistema electoral. No se da cuenta de que al embarrar este espacio común, con el propósito de desacreditar, sin pruebas, a un político rival, lo único que está consiguiendo es minar la confianza de todos los españoles en la democracia.

Ocho años en la Moncloa –los que lleva Sánchez– son muchos años. Pero cabe recordar que no es el primer presidente que repite mandato: González encadenó tres; y Aznar, Zapatero y Rajoy, dos. Es también necesario recordar que por mucho que alguna fuerza política eleve el tono de sus descalificaciones, y las reitere, solo el veredicto de las urnas puede decidir legítimamente el relevo, o no, de un Gobierno por otro. Ya falta poco: estamos a 50 días escasos del 29-N.

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