Feijóo y Puigdemont, ante la CDU
Por María Dolores García García — Portada
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El PP considera que está acertando con la tecla para evitar una sangría hacia Vox y no incurrir en los errores del 2023

Alberto Núñez Feijóo, el pasado domingo en Badalona en un acto del PP
M. Gonzalez / Shooting

24/09/2026 06:00 Actualizado 24/09/2026 06:18 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Cuando un referente político como la CDU alemana, artífice en buena parte de la paz y la construcción de la Europa unida, se desmorona, significa que nada está a salvo del vendaval populista que atraviesa las democracias occidentales. Si un partido tan arraigado en Alemania y en Europa como es la CDU está pasándolo tan mal por el acoso de la ultraderecha de la Afd, ¿cómo pueden otras formaciones como el PP en España o Junts en Catalunya evitar ser arrastrados por el mismo fenómeno?
Más adelante comentaremos las interesantes relaciones de los conservadores españoles con la democracia cristiana de Alemania. Pero lo cierto es que, frente a la situación en ese país o en Francia, ahora mismo los populares mantienen en España un respaldo mayoritario y las alertas sobre un crecimiento de Vox hasta el 20% de los votos no se han materializado por el momento, según las encuestas. De hecho, la debacle del centro derecha tradicional en diversos países está dejando al Partido Popular español como el más importante dentro de su familia europea. Alberto Núñez Feijóo lo rentabilizó esta semana al conseguir que el presidente del PPE, Manfred Weber, le acompañara a Ceuta para criticar la gestión migratoria de Pedro Sánchez.
Feijóo sigue debatiéndose entre cauterizar la sangría hacia Vox y retener el voto socialista menos fiel y más descontento con Sánchez. Mantener ese equilibrio no es fácil, pero el PP considera que lo está consiguiendo y, aunque es cierto que no suben, los populares comparan sus resultados de las últimas elecciones y las proyecciones demoscópicas con lo que ocurre en otros países. Pero lo más importante para el PP es desmovilizar a los votantes de Sánchez. Feijóo ha aprendido la lección del 2023.

En aquellas elecciones, las encuestas internas de los populares arrojaban un resultado muy favorable a Feijóo, por lo que se concentraron en los últimos días de campaña en atacar a Vox para obtener el mayor margen posible respecto a la extrema derecha, con la vista puesta en no depender tanto de Santiago Abascal una vez en el gobierno. Eso provocó que una parte de su electorado, que dudaba entre una de las dos opciones, considerara a Feijóo “un blando”, y la decisión resultó contraproducente. A partir de ese análisis, la estrategia es ahora diferente.
A las próximas elecciones el PP y Vox van a llegar con gobiernos ya cerrados en la mayoría de comunidades autónomas y con un acuerdo de no agresión. El relato por parte de la derecha ya está construido: Sánchez es presentado como una amenaza para el funcionamiento del estado democrático. Con Ceuta, además, se ha situado la inmigración en el centro del debate político, que se suma a los casos de corrupción, a los pactos con los independentistas y a la erosión de la mayoría parlamentaria, que ha impedido al Gobierno aprobar unos presupuestos en toda la legislatura. El PP detecta que su electorado potencial alberga tal intensidad de cabreo con Sánchez que Feijóo solo puede mostrarse implacable contra el presidente del Gobierno. No hay margen para mostrarse moderado si la situación es tan insostenible. Aun así, en el PP consideran que marcan la suficiente distancia con Vox, ya que sostienen que podrían ser mucho más duros y, por ejemplo, trasladar la tensión a la calle con movilizaciones constantes.
En la sede de Génova, por tanto, consideran que el partido está aguantando bastante bien las embestidas de la extrema derecha que en otros países se han llevado por delante a fuerzas políticas de larga tradición. El presidente de los populares europeos, Manfred Weber, apoya sin reservas las posiciones del PP español. Weber, que ha propiciado acuerdos en el Parlamento europeo con la extrema derecha, pertenece a la CSU bávara, partido hermano de la CDU. Ambas son formaciones democristianas, aunque la primera acentúa más la identidad, las tradiciones y cuestiones como la familia o la seguridad. Podría decirse que tiene un sesgo algo más conservador que la CDU.

Como decíamos, es llamativo conocer la relación de la democracia cristiana de Alemania con los conservadores españoles. La Alianza Popular de Manuel Fraga fraguó unos estrechos lazos con la CSU bávara, que le prestó asesoramiento organizativo en aquellos inicios de la transición, incluso financiación, mientras que la CDU se vinculó más con la UCD. José María Aznar, en plena operación para ensanchar los límites de su partido, trató de dar un giro a esa situación y pidió el ingreso en el PPE de Wilfried Martens.
No le fue fácil a Aznar ganarse el favor de la CDU. Felipe González le había tomado la delantera. La amistad del presidente socialista con el canciller Helmut Kohl era muy sólida en los años 80 y parte de los 90. Ambos compartían un fuerte europeísmo, además de la sintonía personal. Gracias a Kohl consiguió González los famosos fondos de cohesión europeos que modernizaron España. Aznar trató de acercarse al canciller y, tras una cena mano a mano en Bonn, el líder popular regresó con la promesa de Kohl de participar en el congreso de los populares de 1995, en el que Aznar buscaba rodearse de líderes internacionales para ganar pedigrí como candidato. Pero al final Kohl no acudió. Alegó una inoportuna gripe. Después, Aznar, ya presidente, empezó a alinearse con el flanco atlantista, pero ésa ya es otra historia…
Por tanto, es incluso coherente con la historia que el PP, en su actual momento, en el que sabe que solo de la mano de Vox logrará la Moncloa, se entienda mejor con Weber y no, por ejemplo, con Ursula von der Leyen, que pertenece a la CDU de Angela Merkel, aunque esas relaciones han mejorado en los últimos tiempos. El pragmatismo de la gobernabilidad europea ha llevado a Von der Leyen hacia posiciones más alejadas de aquellas que mantenía cuando mantenía un excelente entendimiento con Sánchez. También al PP de Feijóo le irritaba entonces esa cercanía entre la presidenta de la Comisión y el líder del PSOE, teniendo en cuenta que no pertenecen a la misma familia política.

Sin embargo, la CDU del actual canciller, Friedrich Merz, se ha mostrado más conservadora que la de Angela Merkel, que tuvo problemas con la CSU a raíz de la crisis de los refugiados. Pero Merz gobierna con los socialdemócratas. El PP interpreta que ése es el motivo por el que la actual CDU se asoma hoy en día al abismo ante el avance de la Afd. La conclusión de Génova es clara: hay que contener la fuga hacia la extrema derecha, pero no criticándola, sino mostrándose muy duros con los socialistas como responsables de los malestares que hoy percibe una buena parte de la sociedad española.
El caso de Junts es más complejo, puesto que interviene el factor nacionalista y las consecuencias del proceso independentista vivido en Catalunya. Pero Carles Puigdemont también se ha sentido interpelado por el resultado de la CDU en varios estados federados de Alemania. El ex president lanzaba ayer un tuit en el que el catalanismo debe tomar partido ante el auge de la ultraderecha. “En el momento que vive ahora Europa, que es nuestra casa desde Carlomagno, no podemos ser neutrales. Hay que elegir entre la espardenya (alpargata) y la esvástica”. Lo hizo para reivindicar también el cartel antifascista de la espardenya pisando la esvástica de Pere Català i Pic, una iniciativa suscrita por Junts, ERC, los Comunes y la CUP. Hace pocos días, Aliança Catalana celebraba el rotundo resultado de la Afd en Sajonia-Anhalt.

Lola García
Directora adjunta
Licenciada en Periodismo y Políticas. Directora adjunta de La Vanguardia. Autora de la newsletter ‘Política’, que se publica cada jueves, y de los libros ‘El naufragio’ y ‘El muro’, sobre el conflicto catalán
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