El río que cruzará Puigdemont
Por Josep Martí Blanch — Portada

El río que cruzará Puigdemont
Mar de fondo
24/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Fue Heráclito de Éfeso quien afirmó que un hombre no puede cruzar dos veces el mismo río, pues el caudal fluye sin cesar y el individuo también cambia continuamente. La frase viene a cuento una vez el Tribunal Constitucional ha puesto finalmente en pie el puente jurídico que facilita el regreso de Carles Puigdemont a casa. Después de nueve años, quien retorne ha de ser forzosamente otro hombre. Y lo hace a otro lugar.
Que el río es otro lo sabe el expresident. Así lo acreditó recientemente afirmando que su prioridad será respirar, tocar y oler la Catalunya actual. Descontada la poesía de su formulación, es este un ejercicio imprescindible para quien lidera el principal partido de la oposición en la Cámara catalana, y sostiene, aunque sea entre maldiciones, a Pedro Sánchez como presidente de España.

Finalizado el exilio, habrá que navegar con la brújula del autonomismo ambicioso
Su primer trabajo será pues contestarse a través de sus propios sentidos y sin intermediarios a esta pregunta: ¿a qué lugar he vuelto? Quedará para los demás la otra cuestión: ¿quién es y qué quiere el hombre que ha regresado? De las respuestas dependerá su papel en el futuro tablero político y, muy especialmente, el devenir de su partido.
La experiencia de los líderes del proceso independentista que fueron encarcelados permite aventurar una primera hipótesis. Tras los indultos, descontados los homenajes, las emociones y el anecdotario, el reingreso de los presos en la vida política se desarrolló sin alteraciones en el guión posprocés . No será diferente ahora. Espuma tras el descorche de la botella y después a una página del calendario le seguirá de nuevo la siguiente.

Ni siquiera puede darse por cierto que el Madrid político vaya a convertir el regreso de Puigdemont en un hit durante muchos días. A la izquierda gobernante le interesa lo justo. Y a la derecha opositora, en diferente grado según las siglas, le renta ahora más Ceuta y el calendario judicial de la corrupción que cebarse de nuevo en algo que amortizó cuando la aprobación de la ley de Amnistía. Naturalmente se acusará a Pedro Sánchez de cómplice del “prófugo que se ha ido de rositas”. Pero más pronto que tarde se impondrá la lógica de un día más en la oficina. Esto es, corrupción y Ceuta, y como derivada de ésta la inmigración.
El regreso se concretará con demasiada cercanía a las elecciones generales. Eso hace prever una difícil reconciliación plena de Junts con Sánchez ante la opinión pública. La reunión hasta ahora imposible entre ellos quizás se produzca al desaparecer todos los inconvenientes, pero en realidad no conviene a ninguno. El líder del PSOE es a estas alturas material tóxico para muchos votantes de Junts y, a su vez, Puigdemont lo seguirá siendo para no pocos socialistas. La gatera que utilizan los junteros desde hace meses –sí a otro presidente socialista, no a Pedro Sánchez– tiene todos los números para mantenerse como santo y seña juntera.
Dentro de su propia familia política el regreso de Puigdemont sí será disruptivo. Se cerrará la anomalía de ser un partido dirigido a distancia y con aires de permanente provisionalidad. Una provisionalidad obligada en quien con una mano se aferraba al presente mientras la otra seguía atada al 2017 y al exilio. En Catalunya Puigdemont se las habrá con la competencia creciente en el flanco derecho con Aliança Catalana. Y ante la presión de las municipales deberá decidir si actúa como lo ha hecho el PP con Vox o lo hace como el canciller Merz en Alemania. Ambas fórmulas suponen costes, hay que elegir cuáles se quieren pagar.
Aunque lo más importante, una vez finalizado el exilio que mantenía en cierta forma el simbolismo del 2017, será la obligación de navegar únicamente con la brújula del catalanismo, o si lo prefieren, del autonomismo ambicioso. Ahí es donde Puigdemont ha de pasar su examen de vuelta. Decidir si quiere ser con todas las consecuencias el Oriol Junqueras de Junts o si, por el contrario, prefiere mantener intacta su coherencia con el pasado y actuar en política con otras herramientas diferentes a las que ofrece un partido. Eso dependerá de cuánta rectificación quiera añadir a la ya practicada cuando decidió investir a Pedro Sánchez. O lo que es lo mismo, depende de cuál sea el hombre que regrese y cuán afinados estén sus sentidos para oler, sentir y tocar la realidad del 2026.
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