Fat Freddy’s Drop, groove austral (★★★★✩)

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Por Ramón Súrio Ribera — Portada

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CRÍTICA DE REGGAE/SOUL/JAZZ/HIP HOP

El primer álbum de los neozelandeses fue el nexo de un trabajado concierto que superó las dos horas

Los Fat Freddy's Drop durante su actuación en la sala Razzmatazz

Los Fat Freddy’s Drop durante su actuación en la sala Razzmatazz

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Ramón Súrio Ribera

Ramon Súrio

28/09/2026 12:16 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

Fat Freddy’s Drop

★★★★✩

Lugar y fecha: Razzmatazz (27/IX/2026)

El grupo neozelandés Fat Freddy’s Drop es muy apreciado en Barcelona. Han servido de reclamo para Sónar o Cruïlla y ahora su infalible mezcla de estilos ha vuelto a triunfar en los dos conciertos ofrecidos en Razzmatazz en la gira Celebration of the 21th anniversary of Based on a true story. Así, su primer álbum se convirtió en el nexo de un trabajado concierto que superó las dos horas.

Se presentaron en formación de octeto, con la indispensable sección de tres vientos, brillando en un sonido que si bien tiene el punto troncal en el reggae y el dub nunca cae en el revisionismo estéril, ni en buscar los tópicos del género. Desde la inicial Ernie demuestran que su groove austral es personal e intransferible, comandados por el cantante y guitarra rítmica Dallas Tamaira, cuya voz de tenor pronto lo convierte en un soulman de muchos quilates.

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Todos los músicos hacen aportaciones substanciales. El teclista Iain Gordon lo mismo se pone en modo acid-jazz que airea borbotones sintéticos en el segmento que unió Cays crays y Coffee black. El guitarra solista Conway Jeune es capaz de pasar de los destellos rockeros llenos de efectos wah wah a la sincopa reggae sin inmutarse. Por no hablar de una sección rítmica con gomosas líneas de bajo y un batería que tanto se acerca a la espiritualidad rastafari de los ritmos nyabinghi como deja las baquetas por la electrónica.

La combinación de metales afilados y el hipnótico burbujeo del dub produce temas rotundos como This room. La corpulencia funk de Ray Ray y el soul progresivo de Flashback los convierte en dignos émulos de los Parliament de George Clinton. Y no podía faltar una buena dosis de toasting con el rapeo del DJ telonero en una celebrada Bush telegraph, en una fiesta a lo sound system que culminó con el ardiente clímax de Roady.

Bajaron las revoluciones, para tomar aire, con el medio tiempo soul-jazz Avengers que, sin embargo, también termina por arriba con solos desbocados de trompeta y saxo. De ahí a la semi-acústica Wandering eye, en clave reggae-soul, y a un Out to sea en el que volvieron a demostrar que son unos maestros de la técnica del dub. Ya relajados fue el momento de entrar a matar con la descarga de Shiverman, espoleada por una armónica blues y a medio camino de una rave techno y un desfile de Nueva Orleans, con el trombonista embutido en una tuba para hacer un paseíllo entre el respetable. Fue una locura llena de swing marciano que colmó por completo a sus fans, que aún recibieron de propina el himno Midnight marauders, a modo de remate melódico de la rotunda faena de estos suculentos kiwis.

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