Escribíamos con un boli Bic
Por Maria de la Pau Janer Mulet — Portada

Escritora
Escribíamos con un boli Bic 14/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
En mi pupitre había cuadernos de diferentes colores. Un color distinto para cada asignatura. Me gustaba el papel, como un camino abierto o la posibilidad de vivir una aventura. Escribíamos con bolígrafos Bic e intentábamos no tachar demasiado porque cada hoja era un lienzo. Durante años conservé esos cuadernos, que fueron envejeciendo con el paso del tiempo. Fueron una buena compañía, un lugar seguro al que volver.

Desde que leí las conclusiones del informe PISA he vuelto a recordar aquellos escritos, los apuntes que exigían concentración, las lecturas, las redacciones que nos ayudaban a explicarnos. Nos convencimos de que modernizar la educación significaba llenar las aulas de pantallas. Ordenadores y tabletas fueron sustituyendo a libros y cuadernos con rapidez. La tecnología era el futuro y cuestionarla parecía casi una forma de resistencia al progreso.
Aprender requiere una atención que se ha convertido en uno de los bienes más escasos
Algunos países europeos que hemos mirado como referentes educativos empiezan a revisar el rumbo. Recuperan libros impresos y escritura a mano, restringen determinados dispositivos o buscan un equilibrio diferente entre herramientas digitales y métodos tradicionales. Se hacen una pregunta que parecía innecesaria: ¿Y si digitalizar la educación no significaba mejorarla? Quizá el error estuvo en pensar que la herramienta era en sí misma una mejora.

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Maria de la Pau Janer
Aprender requiere una atención que se ha convertido en uno de los bienes más escasos de nuestro tiempo. Un libro propone una relación distinta con el conocimiento. Hay que quedarse en la página, avanzar línea a línea, volver atrás cuando no se ha entendido algo. Un cuaderno exige todavía más: escuchar, seleccionar, ordenar y transformar lo escuchado en palabras propias. La mano no puede seguir la velocidad de una descarga ni copiarlo todo con un clic. Tiene que elegir, y en esa aparente lentitud sucede una parte esencial del aprendizaje.
Pienso de nuevo en aquellos cuadernos, las páginas escritas despacio, los tachones, las palabras subrayadas, aquella letra que iba cambiando mientras nosotros también cambiábamos. Quizá no se trate de elegir entre pasado y futuro, sino de descubrir qué merece la pena llevar con nosotros. Puede que nuestros hijos necesiten algo tan sencillo como un libro, un bolígrafo y una hoja en blanco.
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