El río que pone a prueba una de las mayores migraciones animales del planeta
Por Carles Rusiñol — Portada
El río que pone a prueba una de las mayores migraciones animales del planeta
Naturaleza
Más de un millón de ñus siguen cada año las lluvias del Serengeti-Mara y afrontan uno de sus mayores obstáculos al llegar al río.

Un grupo de ñus se lanza al río Mara durante la Gran Migración.
Charles J. Sharp / Wikimedia Commons — (CC BY-SA 4.0.)
Carles Rusiñol
02/10/2026 06:30 Síguenos en Google
En la orilla del río Mara pueden pasar horas sin que ocurra absolutamente nada. A veces, incluso días. Los ñus se van acumulando junto al agua hasta formar una enorme masa oscura que avanza, retrocede y vuelve a acercarse al borde. A cierta distancia, decenas de vehículos todoterreno esperan con turistas, cámaras y guías pendientes del menor movimiento. Nadie sabe exactamente dónde cruzarán. Tampoco cuándo.
Los animales pueden permanecer durante días frente al río y, de repente, cambiar de dirección o desaparecer en busca de otro paso. Pero cuando uno de ellos finalmente se decide y los primeros cuerpos se lanzan al Mara, todo cambia en cuestión de segundos.
En muchos puntos, la orilla cae de forma abrupta hacia el río. Los ñus no entran tranquilamente en el agua: bajan atropelladamente por el terraplén y algunos prácticamente tienen que saltar. Detrás llegan cientos de animales siguiendo el mismo punto de entrada. Miles de pezuñas levantan el polvo, el agua se agita y durante unos minutos el ruido lo ocupa todo.
Quien firma estas líneas tuvo la fortuna de presenciar uno de esos grandes cruces en 2006. Cuando la manada empezó a lanzarse al río comenzó también otra carrera. Los todoterrenos arrancaron a toda velocidad por la sabana intentando alcanzar una buena posición en la otra orilla para que los viajeros pudieran seguir fotografiando el espectáculo. Después de una espera que parecía interminable, todo ocurrió muy deprisa.
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Bajo el agua aguardaban los cocodrilos del Mara. El paso masivo de ñus era también una oportunidad para conseguir una presa. Visto desde un vehículo podía resultar una escena cruel, pero allí no había nada excepcional: depredadores y presas formaban parte de una migración que se repite cada año desde mucho antes de la llegada de los safaris.
El ciclo
Un viaje dictado por la lluvia
La Gran Migración no empieza ni termina en el río Mara. Es un movimiento continuo a través del ecosistema Serengeti-Mara, entre Tanzania y Kenia, marcado sobre todo por la disponibilidad de agua y pastos.

Las cifras dan una idea de su magnitud. Mara Conservancy sitúa la población migratoria en alrededor de 1,25 millones de ñus, acompañados por unos 200.000 ejemplares de cebra y cientos de miles de gacelas y otros herbívoros. No avanzan como una única manada. Los grupos se separan, vuelven a juntarse y modifican su recorrido siguiendo las lluvias y buscando alimento.
Durante buena parte del año, las mayores concentraciones permanecen en el Serengeti. A medida que avanza la estación seca, las manadas progresan hacia el norte y una parte alcanza el Masái Mara keniano. Habitualmente, los primeros grupos llegan entre junio y julio y el movimiento puede prolongarse hasta octubre o noviembre. Pero las fechas cambian cada año.

Alrededor de 1,25 millones de ñus y 200.000 cebras participan en una migración cuyo recorrido cambia al ritmo de las lluvias y los pastos”.
En ese recorrido aparece uno de los grandes obstáculos: el río Mara.
La espera
El cruce que nadie puede reservar
Es la imagen más conocida de la Gran Migración: cientos o miles de animales concentrados frente al río mientras los cocodrilos del Nilo esperan en el agua.
Estar en el Masái Mara durante la migración, sin embargo, no garantiza presenciar uno de esos cruces. Una enorme concentración de ñus junto a la orilla puede parecer el anuncio de que algo está a punto de ocurrir y, unas horas después, la manada puede haberse marchado.
Los animales se acercan al agua y retroceden. Repiten el movimiento varias veces o recorren unos kilómetros buscando otro lugar. Los guías conocen los pasos habituales y saben leer muchas de esas señales, pero tampoco ellos pueden asegurar a qué hora, en qué punto o siquiera qué día comenzará un gran cruce.
La suerte cuenta. Julio, agosto y septiembre suelen concentrar buena parte de estos movimientos, aunque las lluvias pueden adelantar o retrasar el viaje de las manadas. El Mara no funciona con un calendario.
Cuando llega el momento, el terreno también condiciona lo que sucede. Los animales tienden a concentrarse en determinados pasos hasta formar un embudo. Los primeros encuentran una bajada y cientos siguen la misma trayectoria. Si la orilla es demasiado escarpada, salir del agua puede convertirse en otro problema y producirse amontonamientos, animales pisoteados y ahogamientos.

Turismo
De las carreras de todoterrenos a intentar poner orden
Veinte años después, también ha cambiado la manera de contemplar la Gran Migración. Los cruces del Mara atraen a tantos visitantes que la concentración de vehículos se ha convertido en un problema que las autoridades intentan controlar.

El plan de gestión de la Reserva Nacional Masái Mara recoge concentraciones de más de 150 vehículos en un solo cruce. Basta imaginar esa cantidad de todoterrenos alrededor de una manada que intenta llegar al río para entender el conflicto.
En algunos cruces del Mara se han llegado a concentrar más de 150 vehículos, una presión que ha obligado a endurecer las reglas”.
Las reglas actuales buscan evitar algunas de las escenas que todavía podían verse hace dos décadas. Los vehículos deben guardar distancia, no bloquear las rutas de los animales ni colocarse de manera que alteren sus movimientos. También se intenta limitar el ruido y las maniobras alrededor de las manadas.
Hay una razón para ello. Mara Conservancy ha documentado episodios en los que la presión de los vehículos ha empujado a los animales hacia puntos poco adecuados para atravesar el río, aumentando el riesgo durante el cruce.

Conservación
Un equilibrio cada vez más delicado
La presión turística va más allá de lo que sucede junto al agua. El crecimiento de campamentos, alojamientos y otras infraestructuras alrededor del ecosistema ha abierto otro frente en la conservación de las rutas migratorias.
Mara Conservancy advertía a comienzos de 2026 de que los ñus pasan ahora alrededor de 24 días menos al año en el Mara que hace dos décadas. En ese mismo periodo ha aumentado considerablemente el número de instalaciones turísticas en el ecosistema Serengeti-Mara. La organización señala que algunas construcciones próximas a los corredores tradicionales pueden condicionar el movimiento de las manadas.

Ahí aparece una contradicción difícil de resolver. La migración atrae a viajeros de todo el mundo y genera una actividad económica estrechamente ligada a su conservación. Pero para que continúe necesita algo tan básico como espacio para que los animales puedan moverse.
Presenciar un gran cruce sigue dependiendo, en buena medida, de la paciencia y de la suerte. Se pueden escoger las fechas, contratar un vehículo, buscar un buen guía y recorrer durante días las pistas del Masái Mara. Lo único que no puede reservarse es el instante en que los primeros ñus se acercan al borde del terraplén, dudan durante unos segundos y finalmente se lanzan al agua.
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Entonces desaparece la espera. Quedan el polvo, el estruendo de miles de pezuñas y el agua agitada. Una escena que ya se repetía mucho antes de que hubiera un solo todoterreno esperando en la orilla.
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