Por Xavier RiberaPortada

El retablo que cautivó a Gaudí

Arquitectura religiosa

El célebre arquitecto consideró esta obra de Igualada como “uno de los mejores altares barrocos de nuestra patria”

Corona el conjunto San Bartolomé, patrón de Igualada Ampliar

Corona el conjunto San Bartolomé, patrón de Igualada

Josep Balcells

XAVIER RIBERA

Igualada

13/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial

A ntoni Gaudí se detenía largamente frente al retablo mayor de la basílica de Santa Maria de Igualada. Lo observaba con detenimiento y, según dejó escrito la prensa igualadina de la época, no escondía su admiración por aquella monumental obra barroca que se levanta al fondo del templo. El arquitecto que acabaría revolucionando la arquitectura mundial encontraba también motivos para admirar una creación iniciada casi dos siglos antes que la Sagrada Família.

El 26 de junio de 1926, solo dieciséis días después de la muerte de Gaudí, el periódico tradicionalista igualadino Llibertat publicó un artículo necrológico dedicado al arquitecto en el que recordaba sus visitas a la ciudad. Según aquella crónica, estuvo en Igualada en distintas ocasiones, aunque destacaba especialmente su presencia durante las celebraciones del centenario de la Batalla del Bruc, en 1908. Cuando venía, explicaba el periódico, no dejaba de visitar Santa Maria. Allí contemplaba largamente el retablo mayor y lo consideraba “de los mejores altares barrocos de nuestra patria”.

“Es uno de los mejores referentes del barroco en Catalunya, pero es poco conocido”, dice el párroco Xavier Bisbal

La frase adquiere una dimensión especial un siglo después. No procede de una reconstrucción reciente, sino de una publicación contemporánea a Gaudí, cuando todavía vivían quienes podían haber coincidido con él durante aquellas visitas. No sabemos quién escuchó exactamente el elogio ni cuántas veces entró el arquitecto en Santa Maria, pero sí que apenas dos semanas después de su muerte la prensa igualadina ya recordaba su admiración por el retablo.

Había motivos. El proyecto del retablo data de 1704, aunque la Guerra de Sucesión paralizó su ejecución. Las obras se retomaron en 1718 y finalizaron en 1747, con la arquitectura de Jacint Morató i Soler y la imaginería de Josep Sunyer i Raurell, dos nombres fundamentales del barroco catalán. El dorado y la decoración no se completarían hasta finales del siglo XVIII.

El arquitecto estuvo en Igualada varias veces, sobre todo en 1908 durante el centenario de la batalla del Bruc

La Inmaculada preside el centro del retablo, flanqueada por las figuras de San Joaquín y Santa Ana, mientras en los cuerpos superiores aparecen, entre otros, San Fausto y San Roque. Corona el conjunto San Bartolomé, patrón de Igualada. Entre sus particularidades figura incluso un ángel músico tocando una guitarra, una representación insólita en la iconografía religiosa de la época.

El conjunto que contempló Gaudí, sin embargo, no es exactamente el que ha llegado hasta nuestros días. La Guerra Civil volvió a cruzarse en su historia. En 1936 fue desmontado para intentar preservarlo, una operación que comportó la pérdida de su estructura arquitectónica y de algunas imágenes, aunque pudieron salvarse esculturas, relieves y otros elementos. Acabada la contienda, se emprendió su reconstrucción bajo la dirección del arquitecto Cèsar Martinell, discípulo de Gaudí.

La Inmaculada preside el centro del retablo, flanqueada por las figuras de San Joaquín y Santa Ana

A pesar de esas heridas, conserva todavía la capacidad de imponerse al visitante cuando entra a Santa Maria. “El retablo mayor de la basílica de Santa Maria es una de las grandes joyas patrimoniales de Igualada y uno de los mejores referentes del barroco en Catalunya, aunque todavía es una obra demasiado poco conocida en nuestro país”, reivindica Xavier Bisbal, rector moderador de Santa Maria. Para Bisbal, pese a los avatares sufridos a lo largo de la historia, hoy puede contemplarse “con un gran esplendor” y aporta al templo “una categoría excepcional, con su majestuosidad, que se impone nada más cruzar el umbral de la puerta”.

Quizás esa sensación no sea muy distinta de la que experimentó Antoni Gaudí hace más de un siglo. Igualada no dispone de ningún edificio atribuido al autor de la Sagrada Família. Pero conserva un vínculo más discreto y, quizá por ello, también singular: un retablo que logró que el arquitecto se detuviera a mirarlo.

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Fonte: Portada

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