El libro de Castellet sobre Cela que nunca vio la luz

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Por Adolfo Sotelo VázquezPortada

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Historia de una obra nonata

El crítico catalán quiso escribir “el libro más completo” sobre el futuro Nobel

Camilo José Cela y Josep Maria Castellet, en el centro, con Juan Goytisolo, Víctor Seix, Juan García Hortelano y Gabriel Celaya

Camilo José Cela y Josep Maria Castellet, en el centro, con Juan Goytisolo, Víctor Seix, Juan García Hortelano y Gabriel Celaya

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Adolfo Sotelo Vázquez

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El 23 de julio de 1962, Josep M. Castellet remite a Camilo José Cela una breve carta en la que le indica que el trabajo que el crítico catalán iba a publicar unos meses después está a punto de ultimarse: “Te agradeceré que me indiques, a vuelta de correo, las correcciones que me señalaste en Formentor acerca del trabajo que sobre tu obra hice para la Revista Hispánica Moderna. No te las he pedido antes porque, según me indicó Susana Redondo de Feldman, el original todavía no ha ido a imprenta y hay tiempo sobrado para hacerlas”.

Se trata del estudio Iniciación a la obra narrativa de Camilo José Cela, que abre la monografía biográfico-crítica (con bibliografía y sucinta antología) de la Revista Hispánica Moderna, editada por el Hispanic Institute in the United States (New York, 1962). La monografía se sumaba a la serie que había inaugurado la de Federico García Lorca y que contaba, entre otros, con números dedicados a Giner de los Ríos, Valle-Inclán, Neruda, Salinas, Antonio Machado, Juan Ramón, César Vallejo, Miguel Hernández y Alfonso Reyes. Acompañaban al trabajo de Castellet los ensayos de Guillermo de Torre, Arturo Torres-Rioseco y Leopoldo de Luis, un “relativo curriculum vitae” de la pluma del propio Cela, una bibliografía minuciosa a cargo de Fernando Huarte y una antología preparada por Redondo de Feldman.

Los estudiosos de la narrativa y la crítica literaria del período conocían este punto final de las relaciones que Cela y Castellet mantuvieron con gran intensidad durante la década que va desde la fundación de Laye (marzo de 1950) hasta el último artículo que Castellet publicó en Papeles de Son Armadans (fundada por Cela en abril de 1956) en el número correspondiente a diciembre de 1962. No es conocido, en cambio, el largo trayecto del estudio de Castellet, que quiso ser y no fue un libro –el primero– sobre el narrador que tanto él como Antonio Vilanova (los críticos peninsulares más inteligentes de los años 50) consideraban la personalidad literaria de mayor relieve de la primera posguerra.

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Aunque con anterioridad a la primavera del 52, Laye había contactado con Cela para ver si quería colaborar en la revista (colaboración que nunca se produjo), lo seguro es que su relación con Castellet tiene como pórtico la publicación en Laye del artículo ‘La colmena (Notas con estrambote)’ (marzo-abril, 1952). No era el primer artículo en la inmediata recepción de La colmena: anteriores son los de Fernández Almagro en ABC y La Vanguardia, Vilanova en Destino, Torrente Ballester en Cuadernos Hispanoamericanos y Ricardo Gullón en Ínsula , entre otros. Sin embargo, Cela al recibir el ejemplar de Laye , que le remite Castellet, le escribe (18-V): “Quiero decirle que su ensayo es, a cien codos, lo más importante y sagaz que sobre mi pobre La colmena se ha dicho hasta hoy”. El elogio es mayúsculo y creo que espolea la curiosidad de Castellet por los quehaceres del novelista gallego. No en balde por carta del 20 de noviembre le reitera la invitación a colaborar en la revista, “puntualmente pagada”.

Al regreso de su viaje, a finales del otoño del 52, a la Argentina y Chile, Cela se confiesa asiduo lector de Laye y le ofrece los capítulos primero y tercero de Nuevas andanzas y desventuras de Lazarillo de Tormes (1944, 1948, 1952) con el texto completo, “dolorosamente muerto a manos de la censura, esa institución que aunque Franco no lo crea, está saboteando su propio régimen con el peor y más doloroso sabotaje: el de la estupidez” (3/I/1953).

La primavera de 1953 es clave para las relaciones de Cela con Barcelona, con Vilanova y con Castellet. Ambos habían reseñado Del Miño al Bidasoa (Notas de un vagabundaje) (1952) en Destino y Laye , y ambos van a conocer personalmente al escritor gallego a finales de marzo, cuando viaja a Barcelona para clausurar (26/III) el curso sobre novela americana en la Universidad de Barcelona. Quien formalmente había mediado para su invitación al curso era Castellet, que le había comunicado el 23 de febrero: “Los conferenciantes seremos Antonio Vilanova -el crítico de Destino-, Agustín de Sanz y yo. Nosotros [se refiere a él y Ramón Carnicer] sugerimos a Castro y Calvo [decano de la Facultad de Filosofía y Letras] que nadie como usted para clausurar el curso”. La vinculación de Castellet con Cela tendría esa primavera un apéndice de notable interés: durante la exposición de Antoni Tàpies en la Galería Biosca de Madrid (abril-mayo), Cela conoció personalmente a Tàpies, quien en su Memòria personal. Fragments per una autobiografia (1977) da noticia de que Barral, Costafreda y Castellet le presentaron al autor de La colmena. 

Para Cela, Castellet escribió “lo más importante y sagaz que sobre mi pobre La colmena se ha dicho”

En julio de 1954, siendo ya director del Seminario Boscán del Instituto de Estudios Hispánicos, le pide a Cela información porque está “a punto de preparar mis conferencias sobre el conocido novelista CJC”, que dictaría en el otoño. Cela se alegra del éxito de las conferencias, le explica la génesis de La catira (1955) y le anima a adelantar en “tu proyectado –y ansiado– folleto celiano. ¡Ánimo y al toro, que es una mona!” (24/X). Es el núcleo seminal del libro nonato. Castellet sigue con minuciosidad los caminos celianos. Su reseña de La catira   (Revista , 7/IV/1955) así lo atestigua: “Es la definitiva consagración de su genio literario, o sea, de su fecunda imaginación y de su prodigioso poder verbal”. Por otra parte, en el mes de mayo del 55 ve la luz Notas sobre literatura española contemporánea, que agavilla la reseña de La colmena y un artículo procedente de la revista Alcalá (20/XI/1952), ‘Noticia y elogio de Salvador Espríu’, en el que se puede leer: “Son tal vez los únicos escritores españoles actuales que han logrado la fusión de la tradición cultural de su pueblo con el más amplio universalismo”.

Los elogios son mutuos cuando Cela está poniendo en marcha su espléndida revista mensual Papeles de Son Armadans. Castellet colaborará en el primer número con un artículo sobre Italo Svevo. Cela publica Judíos, moros y cristianos (1956) en Destino y solicita a Castellet que analice el libro en Papeles, reseña que aparece en el número de agosto: “Filología, geografía e historia por Ávila, Segovia y sus tierras”. Texto en el que se puede advertir que el crítico barcelonés se ha interesado por los libros de viaje celianos (las menciones a las ‘Notas’ de Cela a la segunda y tercera edición de Viaje a la Alcarria dan fe de ello), y aún más, en carta del 18 de junio, justificando el pequeño retraso del artículo, le escribe: “He estado releyendo tus libros de viajes y he tomado una montaña de notas en vista del ensayo que sobre tu obra conjunta quiero escribir. He variado un poco el plan anterior y pronto podré anunciarte el esquema de la cosa”, que hasta entonces se apoyaba tan solo en el novelista.

El libro está gestionándose. El 8 de mayo, Cela le indicaba: “Lo de buscar –y encontrar– editor, no creo que resultase difícil y, en principio, te propondría Noguer; antes de decirle algo, avísame. También podríamos darlo en las ediciones de Papeles, que no tardarán en nacer”. A comienzos del verano, Castellet le reitera en varias ocasiones “si has hecho alguna gestión respecto al asunto de mi libro sobre tu obra cerca de Noguer, en cuya colección de ensayo podría salir”. Aprovechando un viaje a Barcelona, Cela se entrevista con Pepiño Pardo (director de Noguer) y no lo convence: Pardo no quiere publicar el libro. Cela se lo comunica malhumorado el 15 de julio a Castellet.

MIGUEL DELIBES, J.Mª. CASTELLET, JOAN FUSTER, CAMILO JOSÉ CELA Y LUIS GOYTISOLO EN EL HOTEL FORMENTOR DE MALLORCA A FINALES DE LOS AÑOS 40
MIGUEL DELIBES, J.Mª. CASTELLET, JOAN FUSTER, CAMILO JOSÉ CELA Y LUIS GOYTISOLO EN EL HOTEL FORMENTOR DE MALLORCA A FINALES DE LOS AÑOS 40 Otras Fuentes

No obstante, Castellet sigue empeñado en escribir un libro “ameno e interesante”. Consulta series francesas como ‘L’écrivain pour lui même’, solicita ayuda a Charo Conde y Caballero Bonald, porque –le escribe a Cela el 4 de setiembre– “creo que sería conveniente que mi libro fuera lo más completo posible y que sería conveniente, en consecuencia, que al final del mismo se diera un apéndice bibliográfico, limitado no solo a los libros, sino que cupieran en él las traducciones y los principales artículos que se han escrito sobre tus obras, así como las interviús serias que traten de temas literarios o de tu teoría literaria”. En efecto, hubiese sido un libro de referencia.

Durante los años 57 al 59, las noticias sobre el libro son escasas. Diversos quehaceres, que son muchos, les tienen a ambos ocupados. En cambio, el otoño del año 58 conoce dos publicaciones relevantes casi simultáneas. La versión francesa de La colmena, La Ruche, con prólogo de Castellet, a propuesta de Juan Goytisolo, y en que se advierte la huella de La hora del lector (1957). Y la publicación, como prólogo a la conferencia que Cela dictó sobre Pío Baroja en la Asociación Española de Mujeres Universitarias de Madrid el 15 de noviembre de 1956, del vetusto artículo de Castellet sobre La colmena. Se trataba del librito Don Pío Baroja (México, Los Presentes, Ediciones de Andrea, 1958).

En el verano del 60 revive el libro de Castellet sobre Cela, quien viaja a Palma “para dar un vistazo que puede ser definitivo o el primero de otros que daré una vez estructurada la obra”. Y revive porque el profesor Ángel del Río, en nombre de la Revista Hispánica Moderna se había puesto en contacto con Cela acerca del monográfico en el que acabará viendo la luz ensayo de Castellet. El 28 de diciembre de 1961 el crítico barcelonés escribe a Cela: “Por primera vez después de más de un año, veo que esto va en serio y voy a cumplir”. En efecto, cumplirá y será la prestigiosa revista neoyorquina la que ampare la excelente síntesis –merecedora de una reedición– del libro que no nació.

Para Castellet, Cela y Espriu “son los únicos que hoy logran la fusión de la tradición cultural con el universalismo”

El esquema del ensayo parte de los libros de viaje, circula por las novelas de ilusión realista o de la objetividad, atraviesa los apuntes carpetovetónicos y desemboca en las novelas de intención lírica o de la subjetividad. Explicitando sus frecuentes acuerdos con los análisis críticos de Vilanova en Destino, Castellet define ese tiempo de lectura, relectura y minuciosa revisión de las obras de Cela con “la intención de relacionar sus libros y la realidad que intentan describir”. Veía la luz el primer gran estudio sobre la obra de Cela.

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