De un burdel a la RAE: Madrid organiza el primer festival internacional de microteatro
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De un burdel a la RAE: Madrid organiza el primer festival internacional de microteatro
Artes escénicas
‘Microteatro Por Dinero’ celebra la expansión del formato con MÍNIMA; las obras se representan en un espacio de quince metros cuadrados, ante quince espectadores y tienen quince minutos de duración

Las actrices Paula García Lara y Begoña Álvarez, en una obra de microteatro celebrada en Madrid
Propias
Ana Márquez / EFE
26/09/2026 09:56 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Lo que comenzó en noviembre de 2009 como un experimento en un antiguo prostíbulo abandonado del madrileño barrio de Malasaña se ha convertido en un concepto teatral que ha traspasado fronteras y ha llegado incluso al Diccionario de la RAE. Microteatro Por Dinero celebra esa expansión con MÍNIMA, el primer festival internacional del formato.
La historia comenzó cuando un colectivo de cincuenta creadores liderados por el director Miguel Alcantud ocupó las habitaciones, baños y cocina de un viejo prostíbulo del centro de Madrid. La premisa era sencilla pero estricta: representar obras de menos de diez minutos para menos de diez espectadores y con un único tema, la prostitución. La experiencia, concebida inicialmente como algo efímero, generó colas de más de 200 personas sin apenas publicidad y desembocó en la apertura de una sede permanente en el barrio de Malasaña.
Cantera para Los Javis, María Hervás, Álvaro Morte o Belén Cuesta
Quince metros cuadrados, quince espectadores y quince minutos de duración. Desde entonces, la sala madrileña ha producido más de 3.500 obras y ha servido de cantera para nombres como Los Javis, María Hervás, Álvaro Morte o Belén Cuesta.
Pero el fenómeno no se quedó en Madrid. El formato se ha trasladado a otros países y ha dado lugar a salas estables y experiencias puntuales en América Latina, Estados Unidos o Egipto..
“Es un formato que acerca mucho al público al teatro”, explica la actriz y socia fundadora de Microteatro, Verónica Larios. A su juicio, para quienes no son espectadores habituales del teatro convencional, la brevedad y la cercanía pueden convertirse en una puerta de entrada: “Es algo breve, algo cercano y que supone prácticamente una experiencia inmersiva”.
Un movimiento que vuelve a Madrid
Esa expansión es precisamente la que está detrás de la recuperación de MÍNIMA en su versión internacional. Microteatro ya organizó una primera edición nacional en 2019, pero la pandemia interrumpió la continuidad del proyecto.
Tras recuperar la actividad de la sala y coincidiendo con la incorporación del término “microteatro” al Diccionario de la Lengua Española este año, sus responsables decidieron relanzar el festival con vocación internacional, que acogerá en Madrid 18 obras breves del 9 de octubre al 1 de noviembre.
“Dijimos: ‘Es el momento de recuperar el festival y hacerlo internacional, como un homenaje también al formato que tuvo origen en nuestra sala y que se ha expandido internacionalmente’”, señala Larios.
Esta vez, la convocatoria no busca únicamente descubrir nuevas obras, sino reunir propuestas que ya hayan sido estrenadas en otros lugares y llevarlas a Madrid. Así, parte de la programación procede de Microteatro Rosario (Argentina), cuyas producciones protagonizarán un ciclo específico dentro del festival.
La expansión, explica Larios, no ha sido uniforme ni responde a un único modelo. “En Argentina se han llegado a abrir cinco salas”, recuerda, aunque actualmente continúan funcionando principalmente las de Buenos Aires y Rosario.
Quince minutos y una experiencia inmersiva
“Personajes, conflicto, inicio, nudo y desenlace: tiene que mantener la estructura del guion clásico, solo que reducida”, explica Larios, quien pone el acento en la cercanía entre actor y espectador, un elemento que, a su juicio, cambia las reglas de la experiencia: “Estás a dos metros o menos de los actores, puedes verlos interactuar con elementos, sentir la propuesta de cerca e incluso formar parte de la atmósfera”.
La interacción no tiene por qué implicar que el espectador participe directamente en la trama, pero sí rompe con la experiencia tradicional de permanecer sentado frente al escenario. Una misma visita permite además escoger entre distintas piezas y encadenar historias de formatos y géneros diferentes. .
Para MÍNIMA, esa diversidad será una de las señas de identidad. Las cuatro obras que se representan simultáneamente buscan diferenciarse entre sí y combinar géneros y lenguajes.
El programa incluye, por ejemplo, “Última llamada”, una propuesta coreografiada llegada desde Canarias que ya pasó por la sala madrileña, y “Manual para no perder el acento”, procedente de Portugal, en la que un actor y bailarín comparte escena con un saxofonista.
Durante quince días, las representaciones se estructurarán en sesión continua con hasta ocho pases diarios por obra y funciones simultáneas: de martes a viernes, el horario abarcará de 19:00 a 00:00 horas, mientras que los sábados y domingos la actividad arrancará a las 18:00 horas y se prolongará hasta la medianoche.
Mismas preocupaciones en lugares distintos
La diversidad geográfica no implica, sin embargo, que cambien tanto las historias. Entre las obras seleccionadas aparecen cuestiones como el acceso a la vivienda, la burocracia, la soledad o la relación con la tecnología.
“Al recibir las obras comprobamos que las preocupaciones sobre las que se escribe en otros países son exactamente las mismas que las nuestras”, asegura Larios.
Ese cruce entre lo local y lo internacional es, precisamente, lo que busca celebrar MÍNIMA: el recorrido de un experimento nacido en unas habitaciones de un antiguo prostíbulo madrileño hasta convertirse en un formato reconocible y reproducible en otros lugares.
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