De la paz total de Gustavo Petro a la efectista “guerra total” de Abelardo de la Espriella
Por Andy Robinson — Portada
De la paz total de Gustavo Petro a la efectista “guerra total” de Abelardo de la Espriella
Mano dura en Colombia
Campesinos en el Valle del Cauca temen los efectos del regreso de los bombardeos y la fumigación de la coca

Abelardo de la Espriella (c), habla durante uen Riohacha (Colombia). con cuatro cuerpos cubiertos con lonas blancas,
Presidencia de Colombia / EFE

24/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Todo va sobre ruedas en la ofensiva de comunicación del flamante presidente colombiano Abelardo de la Espriella, una estrategia diseñada para demostrar la eficacia de la “mano dura” contra el narcotráfico y la veintena de grupos de delincuentes armados activos en el campo colombiano.
Pero, según entrevistas mantenidas durante una reciente visita con campesinos en el eje cafetero y el Valle del Cauca, y expertos en seguridad en Bogotá, los golpes de efecto presidenciales ocultan un probable fracaso.
El presidente colombiano, parte de la nueva ola latinoamericana de populismo ultraconservador, quiere sustituir la vieja política llamada paz total del expresidente Gustavo Petro, por una estrategia basada exclusivamente en ataques militares y la erradicación de los cultivos ilícitos. Pero estas medidas no funcionaron en el pasado. “Bombardeo y fumigación será un fracaso anunciado”, dijo un experto en seguridad en Bogotá.
La política de paz total de Petro compaginaba —sin demasiado éxito— estrategias militares con mesas de negociación para las disidencias de las FARC, el Ejército de Liberación Nacional y otros grupos armados narcotraficantes que no se sumaron al acuerdo de paz hace diez años. Petro impulsó un plan de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos, aunque no fue bien gestionado. “Abelardo aprovecha el rechazo a una de las políticas más débiles de Petro, que fue la paz total, para crear un imaginario de un presidente fuerte que jamás hará concesiones”, añade el experto. “Pero no tiene en cuenta todo lo que hemos aprendido sobre políticas de seguridad en el pasado”.
El espectáculo más impactante hasta la fecha fue un vídeo macabro en el que se ve a De la Espriella pasear con absoluta indiferencia en medio de 23 cadáveres envueltos en sábanas, Eran los combatientes —algunos menores de edad— de un grupo armado vinculado al narcotráfico asesinados hace dos semanas por el ejército en el departamento de Guaviare al sur de Bogotá. “Con esas imágenes buscan transmitir un mensaje de autoridad, de respaldo a la fuerza pública, de ruptura total con el tema de la paz total”, dijo el periodista Álvaro García.
De La Espreilla paseó entre 23 cadáveres “para dar un mensaje de autoridad”
El mensaje va dirigido a Washington también. El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, visitó Bogotá a principios de mes y anunció la colaboración militar en el “combate al narcoterrorismo” con el envío de 100 millones de dólares de ayuda a los militares colombianos.
Estados Unidos -que consideraba que Colombia durante el gobierno de Petro no cumplía con los compromisos de lucha contra el narcotráfico y retiró cientos de millones de dólares de ayuda— ya participa activamente en operaciones militares. Un video publicado por el Pentágono la semana pasada, en el cual se ven tres helicópteros estadounidenses que transportan soldados norteamericanos despegando en Colombia, ha desatado una polémica en Bogotá, ya que toda actividad de fuerzas de seguridad extranjeras debe ser aprobada por el Senado.
De la Espriella quiere abandonar el proceso de paz, que logró el desarme de las FARC a finales de la década pasada bajo la tutela de Juan Manuel Santos, premio Nobel de la Paz, pero cuyos resultados posteriores han sido decepcionantes. En su lugar, el apodado El Tigre pretende matar, detener o extraditar a los cabecillas de los grupos narcos, así como destruir los cultivos de coca que se extendían por 261.000 hectáreas en 2024, un máximo histórico tras una subida fuerte en los últimos años del gobierno conservador de Iván Duque que Petro no logró revertir.
Con este fin, el nuevo presidente ha anunciado la vuelta a la controvertida práctica de fumigación aérea con el herbicida glufosinato de amonio.
“Nuestro objetivo es hacer frente a toda la cadena del narcotráfico, desde los cultivos ilícitos, los laboratorios y los precursores químicos hasta las rutas de tráfico, las finanzas del crimen, las estructuras de mando y las redes internacionales”, afirmó la embajadora de De la Espriella en Washington, Consuelo Araújo. Trump ya ha respondido. “Me plantearé levantar la calificación de ‘país fracasado’”, dijo, lo que allanaría el camino para reconocer la tarea del gobierno colombiano y reanudar la política de ayudas
Pero, para quienes intentan crear una alternativa a la violencia y la producción de cocaína sobre el terreno, los planes de De la Espriella generan pavor. La fumigación en el pasado no dio resultados. Eliminar a los cabecillas de los grupos armados o extraditarlos a EE. UU. tampoco ha servido para reducir la violencia en el pasado. El proceso de paz pactado por Santos se basa en negociación, sustitución de cultivos voluntaria con planes de desarrollo alternativo, la entrada de las instituciones del Estado en todos los territorios y una reforma agraria en un país en el que el 80% de la tierra pertenecía hasta la redistribución de Petro al 1% de la población.
En la carretera entre Pereira, en la región cafetera, y la ciudad de Cali, 400 agricultores en el pueblo de Naranjal, en el departamento del Valle del Cauca, participan en un proyecto del gobierno de Petro de sustitución de cultivos ilícitos. Las mujeres arrancan a mano los arbustos de coca que existían en la zona y siembran frutas y café. La cadena colombiana de supermercados Éxito les garantiza una salida a la venta de los nuevos productos
“Tenemos banano, plátano, lulo, cúrcuma, café, caña panelera, y una familia está haciendo la transformación del café y el chocolate”, dice Diana Cano, de la Asociación de Cultivadores del Cañón del San Quinini, integrada por un grupo de agricultores que se sumaron al plan de Gustavo Petro de sustituir los cultivos de coca.
El proyecto —parte del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS), creado en los acuerdos de paz— ha logrado “sacar a jóvenes de la ilegalidad”, dice Cano, porque “hasta hace un par de años no había alternativa a la coca”, que ofrecía precios mucho más elevados que el café -en plena crisis- o frutas de huerta.
La sustitución voluntaria de cultivos ha logrado “sacar a jóvenes de la ilegalidad”,
Pero las políticas del nuevo presidente lo van a poner todo en entredicho, se teme. “La vuelta de las fumigaciones es un problema grande para la continuidad del proyecto. La fumigación afectaría al 100% al Valle del Cauca. Aquí hubo fumigación hace unos años en tierras ricas en palma de chontaduro y frambuesa. Era un comercio rentable y la fumigación lo mató lentamente”.
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