De ‘Das Kapital’ al gran capital: la sede del Partido Comunista en Londres es hoy un banco
Por Rafael Ramos — Portada
De ‘Das Kapital’ al gran capital: la sede del Partido Comunista en Londres es hoy un banco
Número 16 de King Street
El edificio fue adquirido en 1921 con dinero proporcionado directamente por Lenin y fue la sede del partido durante 55 años

Antigua sede del Partido Comunista Británico en Londres
Rafael Ramos / Propias

Londres. Corresponsal
13/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial
Pocas esquinas en el mundo simbolizan de una manera tan perfecta el cambio ideológico que culminó con la caída del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética como el número 16 de King Street, en pleno corazón del barrio londinense de Covent Garden. El edificio, adquirido en 1921 por el Partido Comunista de Gran Bretaña (CPGB) con dinero proporcionado directamente por Lenin, y que fue su sede durante cincuenta y cinco años, es ahora una sucursal del banco HSBC.
Miles de personas pasan por delante cada día sin tener noción alguna de las intrigas que se cocieron en su interior desde el periodo de entreguerras hasta bien entrados los años setenta, los operativos rusos que se hacían pasar por inocentes miembros del partido, los agentes británicos infiltrados como fontaneros, militantes o secretarias, las redadas de la Rama Especial de Scotland Yard, las luchas intestinas entre las distintas facciones del aparato de seguridad ruso: el NVKD (red estatal de seguridad interna y espionaje en el exterior, precursor del KGB), el Cuarto Directorio (inteligencia militar, que luego se convertiría en el GRU), y el OMS (brazo de la Internacional Comunista que manejaba fondos ilegales, falsificaba pasaportes y otros documentos, realizaba emisiones clandestinas por radio y reclutaba espías).
El edificio se compró con el oro de Moscú, enviado en fajos de billetes por valija diplomática
Durante los años treinta del siglo pasado, Londres –junto con Estambul, Viena, Lisboa o Madrid– fue uno de los grandes campos de batalla del espionaje entre Occidente, la URSS y la Alemania nazi, mientras la paranoia de Stalin y la amenaza global de Adolf Hitler se confabulaban para crear un mundo cada vez más peligroso y que acabaría explotando con la II Guerra Mundial. Las paredes de la inocente sucursal del HSBC en el número 16 de King Street encierran muchos secretos.
Los representantes de Moscú en la sede del Partido Comunista británico, por ejemplo, fueron de los primeros en tener información sobre la intención de Stalin de firmar un acuerdo de no agresión con la Alemania nazi (el llamado pacto Ribbentrop-Molotov, los respectivos ministros de Asuntos Exteriores) en 1939, nueve días antes del inicio de la guerra, y que contenía un acuerdo oculto para repartirse la Europa Oriental en esferas de influencia al fin de la conflagración, delimitando los territorios de Finlandia, Polonia y los países bálticos. La entente, en teoría a diez años vista, terminó en 1941 con la invasión germana de territorio ruso en la operación Barbarroja.
Del 16 de King Street, en el epicentro del Londres turístico, entre las estaciones de metro de Leicester Square y Covent Garden, entraban y salían los espías de un bando y otro, y los agentes dobles, como Pedro por su casa, para comidas con sus contactos en el Café Daquise (un restaurante polaco de South Kensington que todavía existe, cerca de la embajada rusa), encuentros furtivos en las estaciones de metro de Belsize Park y Mornington Crescent, o para dejar documentos y filmaciones debajo de los bancos del parque de Saint James o entre los ladrillos de la fachada del Oratorio de Brompton, la principal iglesia católica de la capital. Un mundo que John Le Carré retrató en sus novelas.
Mientras los servicios de inteligencia del Reino Unido buscaban agentes rusos entre los mineros, las clases obreras y los lectores del Daily Worker y el Morning Star (órganos oficiales del Partido a lo largo de los años), el académico Arnold Deutsch se dedicaba en los años treinta a reclutar en las universidades de élite a jóvenes antifascistas y a hacer que simpatizaran con el comunismo como la mejor opción para parar los pies a Hitler. Académico nacido en Viena, operaba bajo la cobertura de estudiante en Psicología y era visitante frecuente en King Street. Para el establishment británico era impensable que los retoños de los gentlemen de los clubes de Mayfair, futuros líderes del país, pudieran convertirse en traidores. Pocos espías han hecho tanto daño como “los cinco de Cambridge” (Philby, Maclean, Burgess, Blunt y Cairncross).
Otro habitual de los mítines organizados por el Partido Comunista, aunque fuera como observador, era Percy Glading, inglés reclutado por el NVKD y que tenía un contacto en la fábrica de municiones de Woolwich que le proporcionaba documentos secretos de defensa y sistemas de armamento que fotografiaba en un piso secreto de Holland Park y enviaba a Moscú. Eventualmente fue desenmascarado por Miss X (Olga Gray), a la que el MI5 había logrado infiltrar como su secretaria personal y persona de confianza. La apreciaba tanto que, tras ser juzgado y condenado a seis años de cárcel, aseguró que no le guardaba ningún rencor.
El CPGB fue establecido en 1920 y un año después compró la sede de King Street con dinero enviado desde Moscú en fajos de billetes por valija diplomática. Llegó a tener dos diputados en la Cámara de los Comunes, el 14,5% de los votos y al final la II Guerra Mundial, su momento de máxima influencia, alcanzó los 60.000 afiliados. Jugó un papel fundamental en las huelgas de los mineros, pero su estrella decayó con las invasiones soviéticas de Hungría y Checoslovaquia, y el relato de las purgas, asesinatos en masa y barbaridades cometidas por Stalin. Al contrario que sus camaradas españoles o italianos, nunca abrazó el eurocomunismo.
EL CPGB estaba ya de capa caída en la década de los setenta, y en 1976 el edificio fue vendido por entre tres y seis millones de euros a un banco. La cifra exacta no se sabe, y tampoco dónde acabó el dinero, parte del cual se utilizó para establecer una agencia de viajes, un puesto de bocadillos y una tienda de camisetas (una estructura lo más opaca posible para evitar que sus bienes fueran requisados por el Estado). El Partido Comunista se disolvió, reciclándose en un grupo llamado Izquierda Democrática, dedicado a cambiar el sistema electoral mayoritario del Reino Unido por uno de representación proporcional.
Cuando era el cuartel general de los comunistas británicos, la clásica fachada georgiana fue reemplazada por una de ladrillo y cristal, en la planta baja había una tienda donde se vendían las publicaciones, libros y panfletos, y en las superiores estaban las oficinas y las salas para reuniones top secret . Hoy los clientes del HSBC van a sacar dinero y pedir préstamos e hipotecas. Del Das Kapital de Marx al gran capital.

Rafael Ramos
Corresponsal de 'La Vanguardia' en Londres
Abogado y periodista. Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.
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