De 234 escalones, es considerada la chimenea con escalera más alta del mundo y fue construida en 1958 en esta localidad de Barcelona

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Por Alberto Gómezeldiario.es – eldiario.es

De 234 escalones, es considerada la chimenea con escalera más alta del mundo y fue construida en 1958 en esta localidad de Barcelona

Se trata de la chimenea de la Bòbila Almirall, en Terrassa, que posee una altura de 63,25 metros y un peso de 570 toneladas, presentando una forma troncocónica sobre un pedestal de nueve metros

El pequeño pueblo de La Mancha que, rodeado de viñedos, llegó a tener hasta 100 chimeneas vinícolas

Construida en el siglo XIX para proveer de agua a la ciudad de Barcelona, esta torre es hoy un importante archivo municipal

En la localidad barcelonesa de Terrassa se alza un monumento industrial singular que desafía las alturas y conserva la memoria fabril de Catalunya. Construida en 1958 dentro del complejo de la Bòbila Almirall, esta chimenea destaca por su silueta de ladrillo rojo y por albergar una característica que la sitúa en la élite mundial. Con un total de 234 escalones que se enroscan de forma helicoidal en su fuste exterior, es considerada oficialmente la chimenea con escalera más alta del mundo. Este prodigio de la ingeniería popular combina funcionalidad técnica con visión estética, transformándose con los años en un símbolo de orgullo colectivo para la comarca del Vallès Occidental.

El origen de esta estructura se remonta a la época de esplendor fabril de mediados del siglo XX, cuando la actividad constructora exigía un suministro masivo de materiales cerámicos. La tejería Almirall, fundada en 1910 en el barrio de La Maurina, emprendió la ampliación de sus instalaciones para responder a la demanda de cocción. Para garantizar el funcionamiento de sus dos nuevos hornos continuos, resultaba imprescindible levantar una chimenea capaz de evacuar el humo. Fue entonces cuando Francesc Almirall confió el proyecto al maestro de obras Marià Masana i Ribas, quien concibió una obra verdaderamente extraordinaria.

La concepción técnica de la chimenea Almirall deslumbró por sus imponentes dimensiones y la precisión de su ejecución. Con una altura de 63,25 metros y un peso de 570 toneladas, la torre presenta una forma troncocónica sobre un pedestal poligonal de nueve metros. Para erigir semejante coloso fue necesario colocar cerca de 780 hileras de ladrillos vistos de terracota, reduciendo el diámetro de la base desde casi cuatro metros hasta dos metros en la cúspide. Rematada por una estructura metálica, ofrecía una capacidad de extracción diaria de más de diez toneladas de carbón, demostrando la impecable solvencia de sus creadores.

Este prodigio de la ingeniería popular combina funcionalidad técnica con visión estética

Este prodigio de la ingeniería popular combina funcionalidad técnica con visión estética

El elemento revolucionario que consagró a esta chimenea como una joya fue la escalera en espiral que recorre exteriormente su fisonomía hasta la cima. Compuesta por 217 peldaños de piedra artificial y 17 escalones de hierro, la estructura de 234 peldaños permitía acceder arriba para tareas de mantenimiento sin usar andamios. La edificación no requirió de grandes empresas, sino del esfuerzo coordinado de un equipo de cuatro trabajadores liderados por Masana. Al concluir la obra en el verano de 1958, los constructores celebraron el éxito compartiendo un almuerzo en la plataforma superior a sesenta metros de altura.

El reconocimiento internacional de esta maravilla no llegó de forma inmediata, sino tras un riguroso proceso impulsado por la tesón de Rosa María Masana Ribas. Tras recuperar la memoria de su hermano y reunir documentación y planos del Ayuntamiento de Terrassa, se presentó un expediente de 30 páginas ante la delegación del Libro Guinness de los Récords. Tras las verificaciones técnicas e inspecciones sobre el terreno, la entidad confirmó en 1991 que la chimenea Almirall ostentaba el récord mundial como la chimenea con la escalera de caracol más alta del planeta, situando a la ciudad egarense en el mapa internacional.

Bien Cultural de Interés Local

A pesar de que la fábrica cesó su producción y la chimenea dejó de expulsar humo tras doce años de actividad, la estructura sobrevivió gracias a su valor patrimonial. En mayo de 1995, durante la remodelación del sector, el complejo fabril fue demolido para dar paso a un centro cívico y comercial, pero la chimenea se conservó como eje central de la plaza de l’Assemblea de Catalunya. Posteriormente, la Generalitat de Catalunya la incluyó en la lista de los 150 elementos imprescindibles del patrimonio industrial catalán, asegurando su protección como Bien Cultural de Interés Local y garantizando su mantenimiento para el futuro.

En la actualidad, la chimenea Almirall se erige como una joya admirada por la comunidad local y por expertos internacionales, que la comparan con el pozo Chand Baori de la India o monumentos célebres de Florencia o Londres. Su iluminación nocturna resalta la silueta de sus 234 escalones, siendo una estampa que evoca el pasado industrial de Barcelona. Este testimonio de ladrillo demuestra cómo la arquitectura fabril puede alcanzar excelencia artística y perdurar en el tiempo como un icono de identidad.

Fonte: eldiario.es – eldiario.es

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