Corina Machado sigue en el exilio sin apoyos pese al regalo del Nobel de la Paz a Trump
Por David Dusster Sánchez — Portada
Corina Machado sigue en el exilio sin apoyos pese al regalo del Nobel de la Paz a Trump
Transición en Venezuela
La líder opositora, que en enero entregó al presidente de EE.UU. la medalla del premio recogido en Oslo, observa impotente desde Panamá el avance del diálogo con el chavismo que EE.UU. ha impulsado en Caracas
Dinorah Figuera, la presidenta de la asamblea nacional del 2015, la última reconocida como legítima por Washington, encabeza las conversaciones para trazar una hoja de ruta hacia las elecciones libres

Machado en su intervencion en un encuentro con la comunidad venezolana en Madrid el pasado mes de abril.
Javier Lizon / EFE

18/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
“Muchas gracias, si aplaudís un poco más, puede que comparta este premio con Trump”. Así ironizó la jueza Navi Pillay ante la prensa al saberse ganadora del Nobel de la Paz la semana pasada. La magistrada hacía referencia al gesto de su predecesora, la venezolana María Corina Machado, cuando decidió regalarle la medalla comnmemorativa del galardón al presidente de Estados Unidos.
Diez meses después de esta adulación al inquilino de la Casa Blanca que causó indignacion al comité noruego que la distinguió y estupor en la comunidad internacional, la líder disidente venezolana sigue en el exilio sin apoyos y asiste impotente al progreso de las conversaciones entre el régimen chavista post-Maduro y la oposición, que esta semana ha iniciado su tercera ronda desde que comenzó el pasado mes de agosto.
Trump está convencido, y así lo ha expresado, de que la opositora venezolana hizo justicia porque el premio Nobel se lo merecía él y ha repetido más de una vez que está encantado con la medalla bañada en oro que pesa casi 200 gramos y que cuelga ahora en uno de sus despachos. Pero la jugada de seducir a Trump a través de su vanidad ha sido poco fructífera para Machado ahora. Lo único que ha arrancado del presidente es que diga que es una mujer “excelente” y que “todo saldrá bien”, sin definir más, en referencia al proceso de restauración democrática. Nada relevante, teniendo en cuenta que Trump, tras reunirse con ella, definió Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, como una “persona fantástica”.

De hecho, la operación Nobel de la Paz le ha salido mal a Machado desde el primer momento. Para recoger el premio en Oslo abandonó Venezuela, donde vívía en la clandestinidad. Estados Unidos orquestó su salida. Llegó tarde a la capital noruega, pero a tiempo de que le entregaran en mano ese reconocimiento internacional de prestigio. Desde entonces Washington ha impedido su regreso.
Hasta en siete ocasiones la administración Trump ha abortado sus planes de volver a Caracas, algunas veces incluso cuando su avión ya estaba a la altura de crucero y se prohibió el aterrizaje a los pilotos. Se lo impidió a finales de junio, tras el doble terremoto que sacudió al país caribeño y que provocó más de 6.500 muertes, según el balance oficial. Y el mes pasado, hasta tres veces, cuando intentaba volar desde Panamá, con escala en las islas antillanas de Aruba, Bonaire y Curaçao.
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Corina Machado ha fijado su residencia provisional en Panamá, aprovechando la cercanía geográfica con Venezuela y la buena relación que tenía con el presidente, José Rafael Mulino. Pero su estancia en el país centroamericano está siendo discreta, sin apenas apariciones públicas. Panamá, aliado fiel de Trump, que fijó el control del canal interoceánico como una de sus prioridades al acceder a su segundo mandato, no quiere incomodar a Estados Unidos.
La ingeniera industrial de 59 años proclama que en Panamá están guardadas las actas de votación de las elecciones del 28 de julio de 2024, la prueba de la victoria de la oposición venezolana que Nicolás Maduro ignoró. Pero la opción de investir a Edmundo González Urrutia, el candidato propuesto por Machado porque ella estaba inhabilitada por el régimen chavista y que ahora vive en el exilio en Madrid, parece ya descartada. Incluso Corina Machado ha aparecido en la prensa estadounidense pidiendo nuevas elecciones en el 2027.
Dinorah Figuera pertenece al equipo de Juan Guaidó, al que Trump reconocía como legítimo presidente de Venezuelaen su primer mandato
Desde Panamá Machado observa las conversaciones entre la oposición y el Gobierno venezolano chavista bendecido por Trump. El diálogo lo encabezan Jorge Rodríguez, actual presidente de la Asamblea Nacional y hermano de Delcy, y Dinorah Figuera, a la que se ha permitido poner fin a su exilio en Madrid.
Figuera, de 65 años, licenciada en medicina, exdiputada y presidenta de la Asamblea Nacional 2015, la última que Estados Unidos reconoce como legítima, forma parte del equipo de Juan Guaidó, que fue admitido por Washington como presidente genuino en el 2019 y que tuvo buena sintonía con Trump durante su primer mandato en la Casa Blanca.
Figuera pactó con la administración Trump su regreso en abril pasado y ha sido bendecida tras ser recibida este mes por el secretario de Estado, Marco Rubio, en Washington. Su rol es, en teoría, institucional, de garantizar la continuidad de la legitimidad democrática quebrada en el 2015, pero si las conversaciones con el gobierno prosperan, dispondría de un gran capital político para plantar cara a la supuesta popularidad de María Corina Machado, algo que Trump puso en duda cuando secuestró a Nicolás Maduro el 3 de enero de este 2026.

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La mesa de diálogo tiene como objetivo, entre otras medidas para eliminar la represión y devolver la libertad de expresión, renovar la totalidad de jueces del Tribunal Supremo, que en 2024 otorgó la victoria a Maduro, y la reforma del Consejo Nacional Electoral (CNE), instituciones que deberían brindar garantías políticas y civiles en un eventual proceso electoral.
Antes de empezar esta tercera ronda, Estados Unidos decidió levantar las sanciones que pesaban sobre Jorge Rodríguez. Trump ya ha conseguido, además, acceso a la quinta parte de las reservas de petróleo de Venezuela. Y Rubio ha insistido en que Estados Unidos no está impidiendo el regreso de Machado a Venezuela y que es libre de participar en esas negociaciones que “deben culminar en unas elecciones libres y democráticas”. Pero la líder opositora, pese a sus apoyos en el exilio en Madrid, ni siquiera ha logrado una tarjeta de embarque para empezar una nueva etapa en Caracas.

David Dusster
Periodista, reportero y viajero. Redactor jefe de Narrativas Visuales de ‘La Vanguardia’. Profesor asociado del máster de periodismo BCN-NY de la UB. Premio Unicef (2001), Premi del Consell de Benestar Social (2002) y Premio Tiflos (2010)
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