China, EE.UU. e IA, el mundo en juego
Por Ramon Rovira — Portada

China, EE.UU. e IA, el mundo en juego 04/10/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Donald Trump se pirra por la pompa y la circunstancia. Además de emperifollar la Casa Blanca con horrendos repujados dorados, no pierde la oportunidad de refrendar su mal gusto en cada acto público que organiza. La reciente visita del presidente de China a Washington la convirtió en una muestra de adulación extrema, que incluso el hierático Xi Jinping parecía incómodo ante tanto peloteo. Pero un trato tan deferente proyectó ante los ojos del mundo que Estados Unidos ya asume a China como el otro líder del siglo XXI.

La trampa de Tucídides: cuando una potencia emerge, necesariamente desafía a la potencia dominante, lo que aumenta el riesgo de conflicto. En versión de Trump se traduce en todo por el negocio, aunque implique abrazarse a una dictadura que ha demostrado sus intenciones de arrebatarle la primacía mundial, si bien las cifras demuestran que, pese al espectacular carrerón chino, todavía no le alcanza para tratar de tú a los achacosos Estados Unidos.
Quien gane tendrá un control fundamental incluso para establecer medidas sobre la destrucción de la humanidad
En términos económicos, el producto interior bruto americano supera en un 58% al de China, y la renta por habitante es de 90.000 dólares frente a 13.900, respectivamente. El ritmo de crecimiento chino, aunque se ha ralentizado, es el doble que el norteamericano, pero el 57% de las reservas de divisas mundiales son en dólares, y las del renminbi no llegan al dos por ciento. Estados Unidos casi triplica la inversión militar china, 954.000 millones frente a 336.000, unas cifras que garantizan, de momento, el dominio global que ejerce. Pero la lucha decisiva acaba de empezar y se dirime en el control de la inteligencia artificial.

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La competición es un desafío geopolítico que pasa por establecer un ecosistema que adopte como marco de referencia el resto de los países. Quien gane tendrá un control fundamental sobre los datos de la población mundial, los sistemas militares, los de producción o incluso para establecer medidas sobre la destrucción de la humanidad. China apuesta por ser el modelo más abierto y, por tanto, hacerse con la mayoría de la cuota del mercado compitiendo en precio. EE.UU. opta, en cambio, por la tecnología punta con sistemas más potentes, lo que encarece el producto y les resta competitividad, aunque en los últimos tiempos han revisado su estrategia.
En cualquier caso, estamos ante la madre de todas las batallas, lo que explica las multimillonarias inversiones que tanto la industria norteamericana desde el sector privado como la china, apoyada en el público, están haciendo para imponerse en la gran carrera. El premio: quién nos mandará en el mundo del futuro.
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