Por Glòria Serra Ramos — Portada

Glòria Serra Ramos

Glòria Serra

Casas y buitres 27/09/2026 00:30 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR

He vivido muchos años en la calle Doce de Octubre de Madrid, justo debajo de Sainz de Baranda, en el lado este del Retiro. Un lado del parque muy distinto del opuesto, donde he podido visitar pisos que no desmerecerían de la avenida Pedralbes. Mi barrio de Madrid era bastante más ­humilde: pisos pequeños con muchas habitaciones, de cuando las familias, por fuerza, tenían muchos hijos. Una zona envejecida, con droguerías y tiendas de frutos secos y patatas fritas donde todos peinaban canas. Yo era la más joven de la escalera. Normal, ya que me alquilaba el piso una amiga que lo había heredado de su abuela. Hace más de 25 años, cuando me instalé, seguro que me crucé por la calle o en el ya decadente mercado de Ibiza con Mari­carmen Abascal.

   
    Raquel Manzanares / Efe

Han pasado muchas cosas en estos años. La primera, que ya no podría encontrar en Madrid ninguno de los pisos donde he vivido, con alquileres perfectamente asumibles. Ni siquiera en el extrarradio, donde han crecido miles de bloques levantados a toda velocidad (aún hoy en día siguen), conformando barrios dormitorio sin alma. Como los que hizo el franquismo en Badia o Bellvitge, pero con piscinas comunitarias.

A Maricarmen no solo la han echado sin miramientos, también sin opciones de futuro

Las viviendas en Madrid, como en todas partes, son ahora objeto de codicia y especulación. Grandes capitales compran edificios enteros y proceden metódicamente a echar a los inquilinos para fijar precios imposibles que pagan extranjeros, a los que les parecen baratos respecto a los de sus países o, simplemente, una buena inversión. A Maricarmen no solo la han echado sin miramientos, sin tener en cuenta su fragilidad y dependencia, merecedora de protección en los países vecinos. La han echado sin opciones de futuro, como a los jóvenes, los trabajadores, las parejas o los jubilados.

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El mismo día, un buen amigo me contaba que le tocó acompañar a uno de estos despachos que buscan oportunidades en cada portal. Este estaba especializado en inversores turcos e ingleses de Belfast. Cuando les echó en cara la frialdad con la que hablaban de echar a los inquilinos la respuesta fue descarnada: “Sí, pero es que pagan muy bien”. Primero desahuciaron a familias sin recursos, ahora a jubiladas sin opciones. ¿Adivinan quiénes serán los si­guientes?

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Fonte: Portada

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