¿Aliado o enemigo?, todo lo que debes saber sobre el consumo de café
Por Antonio Ortí — Portada
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Antonio Ortí
28/09/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Mucha gente no puede imaginarse empezar el día sin una taza de café. Sin embargo, a pesar de su popularidad, beber café es un tema controvertido. De hecho, la opinión sobre sus efectos ha oscilado en las dos direcciones: en los años sesenta, se consideraba un factor de riesgo, aunque investigaciones posteriores parecen sugerir que solo un consumo excesivo de café podía causar problemas.
Pues bien, la American Heart Association (AHA), la sociedad cardiológica más prestigiosa del planeta, ha tomado cartas en el asunto al publicar en Circulation el 20 de julio de 2026 la primera declaración científica dedicada por entero a la cafeína. Su veredicto no ha dejado de sorprender: para la inmensa mayoría de los adultos, el café no solo no es un enemigo del corazón, sino que incluso podría ser un aliado.
El límite que fija la AHA es claro: hasta 400 miligramos de cafeína al día, esto es, el equivalente a unas 3-5 tazas de 230 ml, la medida del vaso americano de café de filtro (ver recuadro anexo). Hasta esa cantidad, el consumo de café es seguro para la mayoría de los adultos sanos. Es más, dentro de ese margen, el consumo habitual de café se asocia a un menor riesgo de infarto, ictus, insuficiencia cardíaca, fibrilación auricular, diabetes tipo 2 e incluso de muerte por cualquier causa. El punto óptimo, según varios de los estudios revisados, se sitúa entre dos y cuatro tazas diarias.
El límite de cafeína que fija la sociedad cardiológica más prestigiosa del planeta es de unas 3-5 tazas de 230 ml
¿Significa esto que hay que empezar a beber café por prescripción médica? No. Los propios autores insisten en que gran parte de la evidencia es observacional, en lugar de experimental, por lo que resulta casi imposible separar lo que hace la cafeína por la salud de lo que hacen los múltiples compuestos bioactivos que hay presentes en los granos de café (vitaminas del grupo B, minerales como magnesio y potasio, polifenoles como el ácido clorogénico, etc. ) Estos posibles beneficios para la salud se mantienen si el café es descafeinado, lo que respalda la contribución de estos componentes bioactivos no cafeinados.

Cuando se le solicita al dietista-nutricionista Julio Basulto que resuma lo que sugiere el nuevo consenso científico de la AHA sobre el café, señala: “existen pruebas de que el consumo de café es seguro pero no de que beber café proporcione una buena salud”. Un poco después Basulto procede a “filtrar” la letra pequeña del estudio publicado por la AHA, como si estuviera destilando un café, una bebida que admite tomar. “Los propios autores reconocen no saber si hay causalidad en los beneficios observados. ¿Por qué? Pues porque no se han realizado estudios en los que se haya obligado a un grupo de gente a tomar café y al cabo de cinco años se haya comprobado si han tenido más infartos, sino que se trata de estudios observacionales”, puntualiza. “Para empezar, la gente que tiene por costumbre tomar café deja de tomar otra cosa. Es decir, cuando vas a un bar y pides una cerveza, un carajillo o una bebida azucarada, no te estás pidiendo un café, sino algo peor”, pone a modo de ejemplo.
A lo anterior conviene sumarle un segundo factor: quienes toman café con 80 años, por poner un caso, tienen la suficiente salud como para poder hacerlo. Es decir, “no es que estén sanos gracias a haber tomado a lo largo de su vida café, sino que, precisamente por estar sanos, pueden seguir tomándolo. Si estuvieran enfermos, seguramente no podrían, pero eso no significa que el café les esté dando la salud a quienes lo toman ni que se la esté quitando a quienes no”, resuelve.
Sobre este particular, Marion Nestle, la bióloga molecular estadounidense reconvertida en nutricionista, ha publicado en su blog que cuando leemos en un estudio científico la palabra “podría” (es decir, el verbo inglés “may”) también puede significar “podría no”, porque no hay pruebas sólidas como para poder afirmar ni un cosa ni la otra.
Según el estudio de la AHA no todo el café es igual de cardiosaludable, estando gran parte de la diferencia en el filtro. El café sin filtrar (cafetera de émbolo o prensa francesa, turco, o hervido) conserva cafestol, una sustancia que eleva el colesterol LDL o “malo”. El café filtrado, en cambio, retiene este compuesto casi por completo. La recomendación práctica es de cajón: si le preocupa su colesterol, cambie de método de preparación antes que de bebida.
Pero si hay un villano en este relato, no es el café, sino las bebidas energéticas. Sus dosis concentradas de cafeína sí se han vinculado a arritmias, subidas de tensión y, en casos extremos documentados, a muerte súbita. La AHA es tajante: los datos favorables sobre el café no pueden extrapolarse a las bebidas energéticas.

El nuevo consenso científico sobre el café también atempera el entusiasmo en algunos casos concretos. En personas con hipertensión ya controlada, cada taza de café puede provocar un repunte puntual y transitorio de la tensión arterial, sobre todo en quienes no tienen el hábito de tomarlo a diario. Los bebedores habituales, en cambio, desarrollan cierta tolerancia a este efecto agudo de la cafeína, por lo que sus picos de tensión suelen ser menores. Eso sí, a pesar de esos repuntes ocasionales, el consumo moderado y habitual de café no se ha asociado a un empeoramiento de la hipertensión a largo plazo, e incluso aparece vinculado a un menor riesgo cardiovascular global. La recomendación de la AHA, en todo caso, es tener prudencia: quienes tengan la tensión mal controlada deberían consultar con su médico antes de mantener un consumo regular.
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En cuanto a las embarazadas, en periodo de lactancia o que buscan quedar embarazadas, deberían limitar la ingesta a unos 200 mg diarios, el equivalente a una taza grande. Anteriormente al estudio de la AHA, las doctoras Shayesteh Jahanfar y Sharifah H. Jaafar publicaron una extensa revisión en Cochrane Database of Systematic Reviews. Aunque dicho informe constató que tomar tres tazas de café al día no ocasionó ningún efecto adverso para el feto, las investigadoras concluyeron que hacen falta más datos antes de poder ofrecer una recomendación más concluyente a las gestantes en relación a la cafeína.
Con todo, y a tenor del conocimiento científico existente a día de hoy, las dosis diarias de cafeína iguales o inferiores a los 200 miligramos son seguras en el embarazo, en consonancia con lo que acaba de publicar la AHA. Ello obliga a revisar la cantidad de cafeína presente en otras bebidas.
En resumidas cuentas, beber café es seguro mientras el consumo no sea desmedido, pudiendo, incluso, beneficiar a la salud en determinados casos. Pero, ¿cuál es el peligro de promover el consumo de café por sus supuestos beneficios? Pues que puede haber personas a las que no les guste su sabor pero que, para mejorar su salud, tengan la tentación de subirse al carro y añadirle mucho azúcar o una cápsula de crema o nata, en cuyo caso el remedio podría llegar a ser peor que la enfermedad.
¿Cómo es de grande un café de 230 ml?
Cuando la AHA se refiere a una “taza de café”, no alude al café expreso que se sirve en España en la barra del bar, sino al vaso alto de café de filtro (drip coffee) de 230-240 ml con el que se pasean muchos nómadas digitales por las calles españolas. Esta diferencia de formato puede llevar a una lectura errónea del límite de seguridad marcado por la AHA. La paradoja es que el expreso, pese a ser mucho más pequeño, es también muchísimo más concentrado: contiene más cafeína por mililitro que el café de filtro muy diluido que toman los estadounidenses. Lo que ocurre es que, al servirse en una cantidad tan reducida, su carga total de cafeína acaba siendo menor. En la práctica, el límite de 400 mg/día que marca la American Heart Association (AHA) equivale, aproximadamente, a entre 6 y 7 cafés solos de máquina expreso, o a 3-4 dobles/cortados grandes al día, y no a 3-5 solos como podría interpretarse a partir de la cifra original. Como pequeña nota a pie de página, las cápsulas tipo “lungo” se acercan más al formato americano, por lo que ahí sí conviene contar las tazas de forma más meticulosa.
Equivalencias aproximadas de cafeína
(Formato Volumen Cafeína aproximada)
Café de filtro (EE.UU.) 230 ml ~95 mg
Café solo / expreso 30 ml ~63 mg
Café cortado o con leche (1 dosis) 60-100 ml ~63-75 mg
Café doble 60 ml ~125 mg
Café lungo de cápsula 110 ml ~80-100 mg
Café de cafetera italiana (moka) 60 ml ~80-100 mg
Nota: las cifras son medias de referencia (fuentes: USDA FoodData Central, Mayo Clinic); el contenido real varía según la variedad del grano, el tueste, la molienda y la dosis de cada cafetería o cafetera.
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