“Algospeak”: el lenguaje secreto de los jóvenes para evitar la censura de las redes sociales
Por Paula García — Portada
“Algospeak”: el lenguaje secreto de los jóvenes para evitar la censura de las redes sociales
Sociedad Neo
Hay palabras que son tabú en redes sociales, y hablar de ciertos temas hace que Instagram o TikTok censuren el contenido de los usuarios que las usan; sin embargo, los usuarios han encontrado nuevas maneras de evitarlo

Los más jóvenes tienen un lenguaje en código para saltarse los filtros de las redes sociales.
Getty Images/iStockphoto

Zaragoza
01/10/2026 06:00 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Cuando Internet y las redes sociales llegaron a nuestras vidas, uno de sus principales alicientes era el hecho de que, en ellas, se podía hablar libremente de cualquier cosa: de deportes, películas, política… Sin embargo, esta libertad se ha ido reduciendo, cada vez más, conforme las empresas han ido asentándose en estos espacios digitales. Pronto, los usuarios han descubierto que plataformas como TikTok o Instagram silencian los mensajes de temas que consideran controvertidos: determinadas ideologías, el sexo, la violencia o los sucesos no gustan al algoritmo y, por tanto, limitan su alcance a los usuarios.
Ante esta tesitura, muchos usuarios —en especial, los más jóvenes— han encontrado una solución: el “algospeak”. Un lenguaje en clave pensado para esquivar las políticas de moderación de las plataformas y poder hablar de aquello que no quieren que se hable.

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Hablar de “hacer el delicioso” en vez de “tener relaciones sexuales”; de “desvivir” en vez de “morir”. Escribir 4s3s1n4t0 o v10l4c10n, sustituyendo las vocales de “asesinato” y “violación” por números. Son algunos de los trucos que los usuarios usan para tratar de esquivar esa censura.
A pesar de que utilizar eufemismos o lenguaje en código siempre ha sido un aspecto relativamente común tanto de la juventud como de las comunidades online, esta nueva oleada de “autocensura” tiene unos matices algo diferentes. “A pesar de que la innovación lingüística es normal, es razonable alarmarse por la manera en la que las normas de las plataformas están dando forma a algunas conversaciones, especialmente en un momento en el que cada vez más público utiliza las aplicaciones de vídeo breve como manera de informarse”, explica el lingüista Adam Aleksic.
En muchas ocasiones, las reglas que gobiernan en las redes sociales son arbitrarias o, directamente, discriminatorias
Adam Aleksic
Lingüista
Algunos creadores nos explican que los vídeos “se eliminan sin previo aviso y sin explicar bien los motivos” y se da la posibilidad de “eliminarlos o revisarlos, pero de nuevo, no sabes bajo qué criterios los revisan”. Así, muchos usuarios de estas plataformas actúan “con paranoia, evitando decir cualquier cosa que pueda molestar”.
Aunque las principales plataformas tienden a mantener un gran secretismo alrededor de sus criterios de selección (o eliminación) de contenido, suele especularse que este “puritanismo” al respecto de ciertos temas tiene que ver con la cada vez mayor presencia de publicidad en redes sociales. Los usuarios más populares de las plataformas tienden a monetizar su contenido a través de anuncios o campañas promocionales pagadas por las empresas, de las que las aplicaciones también se benefician… y las marcas, generalmente, no querrán ser asociadas con temas polémicos o controvertidos en el espacio en el que se anuncian.

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Otro de los grandes problemas es que la moderación automática no lee el contexto: morirse de ganas no es lo mismo que decir que alguien debería morirse; hablar de un asesinato en ficcion, o en un videojuego, no es lo mismo que hablar de un asesinato real. El comentario sobre sexo que pueda hacer, por ejemplo, un sexólogo no es el mismo que el de un usuario que busca compartir pornografía.
Uno de los casos más sonados, a este respecto, fue el del Museo Charles Dickens, en Londres: los responsables de su presencia en Internet se quejaron de que las aplicaciones estaban censurando sus publicaciones —no ofensivas o controvertidas en ningún frente— porque el nombre del museo incluye la palabra “dick”, una forma coloquial de llamar al pene, en inglés.

El problema es que, con las redes sociales ocupando una parte tan grande de nuestro día a día, el lenguaje utilizado en Internet permea directamente en la vida real. En su obra Algospeak: Cómo las redes sociales están moldeando el futuro del lenguaje, el lingüista Adam Aleksic argumenta que este tipo de dialectos online ha generado una aceleración en la manera en la que el lenguaje evoluciona, y eso permea particularmente en los más jóvenes, para quienes estas plataformas conforman una gran parte de su perspectiva sobre el mundo.
El resultado, sobre todo, es una pérdida de claridad general a la hora de hablar, tanto dentro como fuera de las pantallas. Si las plataformas consideran que el sexo, la muerte, la orientación sexual o la política son tabú, este estigma se traslada, consciente o inconscientemente, a nuestra forma de pensar. En un estudio realizado en el año 2023, donde se analizaban más de 900 instancias de “algospeak”, los investigadores señalan que el uso de estos eufemismos “dificulta aún más las necesidades comunicativas de los usuarios y su libertad de expresión para abordar cuestiones sociales, culturales y políticas relevantes en la plataforma.”

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Las palabras dejan de servir para comunicar de manera específica lo que queremos decir y, en lugar de eso, sirven para evitar un hipotético juicio o censura. Hablamos como si el algoritmo nos estuviese escuchando, incluso cuando no lo hace. Y las repercusiones de esto, probablemente, no las veremos ahora, sino especialmente en los próximos años.

Paula García
Periodista graduada en la Universidad de Zaragoza y especializada en videojuegos, tecnología retro, y tener demasiadas plumas estilográficas. También me podéis ver en Eurogamer.
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