Ahora sí, el último concierto de Oques Grasses
Por Francesc Bombí Vilaseca — Portada
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Un adiós de récord
La banda de Josep Montero se despide en un baile de masas lleno de épica emocional en el Estadi Olímpic
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Oques Grassesensu último concierto, en elEstadiOlímpicLluís Companys
Llibert Teixidó

FrancescBombí-Vilaseca
Barcelona
10/10/2026 22:59 Síguenos en Google 0:00 Audio generado por IA 0:00 0.5x 0.8x 1x 1.2x 1.5x SUSCRÍBETE PARA ESCUCHAR
Ahora sí, ya podemos decir que Oques Grasses son historia, no solo por los récords de audiencia masiva sino porque, efectivamente, ya han dado su último concierto. ¿Fue una noche como las tres anteriores? Sí y no, porque si el repertorio fue el mismo, las emociones fueron más fuertes. Lo repetimos: fue el último, y también fue el primero que se puso a la venta, el que agotaron antes los fans más fieles.
Cuando Josep Montero, cantante, compositor y alma del grupo, cantó entre el público la última canción, Sort de tu, ya lo decía, que “empieza un día nuevo sobre los tejados”, pues “pasa el tiempo y todo sigue”. A partir de ahora podrá Córrer pels camps, la primera canción que sonó en esta noche de despedida, inicio y final íntimos, primero solo y al final acompañado, todo un viaje. Solo había 55.000 personas mirando (sin contar la emisión en directo por televisión).
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Más allá de los récords, sus millares de seguidores tendrán un recuerdo de esta noche, estas noches, en que la comunión fue posible en un gran estadio y no se echó de menos la intimidad gracias a la épica emocional de unas canciones con trajes tan distintos como sus canciones, un poco de aquí y un poco de allí, sea con guitarras, ahora vientos y cuerdas y venga teclados y dale que dale y las dos horas pasan volando y si hace falta decimos que vuelan como una bandada de aves, sean ocas o no, como cuando cantaron justamente en Serem ocells : “ Alza el vuelo, marcha lejos, ¿y qué importa si nadie lo entiende?”. No es fácil entender que uno abandone una empresa de éxito, y no sabemos si se irán marcharán lejos o cerca, pero Josep Montero, Guillem Realp, Arnau Altimir, Miquel Biarnés, Joan Borràs, Josep Valldeneu, Miquel Rojo y Guillem Bover –a la mesa de sonido– dejarán de ser una entidad indisoluble y encontrarán nuevos horizontes: “No habrá jaulas para tantos pájaros”. Y hablando de pájaros, la noche fue pródiga con el mundo animal, llena de mariposas – butterflies –, elefantes, caracoles, gusanos, caballos, ballenas, jirafas, ciervos – Bambi – o palomas, para hacer aflorar emociones humanas de estar por casa, en el buen sentido de la comodidad y la pertenencia colectiva.

Oques Grasses son de casa, son como todos aunque hagan cosas que no están al alcance de cualquiera. Han sido cuatro noches seguidas a toda mecha, sin el descanso previsto –la lluvia obligó a cancelar el concierto del lunes, que pasó al jueves–, y con la parafernalia que corresponde a las grandes ocasiones: cuarteto de cuerdas –Ana Fernández, Apel·les Carod, Irma Bau y Marina Prat–, un coro –Geo Blanch, Ignasi Melús, Sandra Rodríguez y Yasmina Azlor– y hasta un cuerpo de baile –Clàudia Bosch, Elisabet Romagosa, Glòria Garcia y Maties Schulz– además de las grandes pantallas de vídeo, pirotecnia y una escenografía digna de las grandes estrellas.
Con unas letras que conectan y unas músicas que han evolucionado con el grupo y con su público, han ido más allá de la clave generacional, Oques Grasses han hecho felices a 220.000 almas con sus mensajes para que todo el mundo identifique, un “maravilloso desastre”, cantan en Cara de cul, porque “hace buen día y no hace falta ser tan guay”, dicen en Bancals, pues “crecerá la paz, lejos del hormigón, y a la mierda todo, a la mierda todo”.

Con hits contagiosos como Petar-ho o In the night, los grandes himnos de Elefants o La gent que estimo convirtieron el estadio, como escribió en estas páginas Donat Putx, en un karaoke XXL. ¡Pero qué karaoke! “Que sea épico”, pedían en Molta tralla. Lo consiguieron cuatro noches seguidas y los catorce años anteriores.
“Hoy es el último concierto de Oques Grasses”, decía al principio, entre la gente que le quiere, Josep Montero, que se despide, sin bises pero con algunas lágrimas, con Sort de tu : “Que parece un sueño pero está pasando. / La angustia se marcha y mira de lejos, / pero no me asusta si estoy contigo”. Con nosotros.

Francesc Bombí-Vilaseca
Redactor de Cultura. Autor de ‘Febre amb gel (Fonoll, 2023) y ‘Roger Mas. La pell i l’os’ (Satélite K, 2011). Licenciado en Periodismo (UAB) y en Filologia Catalana (UB)
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